Ni una lesbiana menos: lo que no se nombra no existe

🏳️‍🌈 En un nuevo Ni Una Menos, la voz del colectivo de lesbianas se hizo presente recordando a las víctimas fatales del lesbicidio de Barracas. Crisis habitacional, discursos de odio y el impacto del recorte en políticas públicas.

Foto: Rocío Prim

El sol iluminó la calle en un nuevo aniversario de Ni Una Menos. En la novena jornada de conmemoración del 3J, fecha que los feminismos instituyeron como una efeméride indispensable en el calendario, el cielo se despejó y el frío se hizo algo más llevadero debajo de las camperas.

Si bien mucha agua pasó bajo el puente desde que el femicidio de Chiara Páez despertó la indignación de toda una sociedad, movilizando a miles de mujeres y diversidades, se trata de la primera vez que el 3 de junio sucede bajo un contexto tan adverso. Luego de haber sobrevivido los embates del macrismo, esta vez las políticas de recorte hacia los feminismos son mucho más agudas: según informó ELA, con datos del primer trimestre del 2024, en este tiempo se disminuyó un 33% el presupuesto en políticas de género. El programa Acompañar, que daba ayuda económica a las personas en situación de violencia de género, se encuentra paralizado y con una subejecución del presupuesto del 80% y la línea 144, que atiende los pedidos de ayuda en estas situaciones, está en peligro con un 25% de ajuste en su presupuesto de acuerdo con datos de ACIJ.  

Una de las principales consignas que tuvo la marcha fue en referencia al triple lesbicidio de Barracas, donde Roxana, Andrea y Pamela fueron asesinadas y cuya cuarta víctima, Sofía, fue dada de alta recientemente luego de que sufriera heridas graves. En un contexto de precariedad imperante y a pesar de todas las adversidades, la comunidad LGBTIQ+ se organizó para visibilizar la crueldad del hecho y denunciar que se trataba de un crimen de odio. Hubo marchas, gritos y carteles por las tres fallecidas y las lesbianas, como sujetas políticas, se hicieron más visibles que nunca. La deuda que tiene el feminismo blanco y de clase media con las disidencias se hizo notar e intentó cicatrizarse a través de pequeños gestos, como el préstamo del alias de Ni Una Menos para recaudar las donaciones que le llegaron a Sofía.

Para conocer cómo continúa el caso y cuál será la deriva legal del acontecimiento, El Grito del Sur entrevistó a Jesi Hernández, lesbiana, militante y activista LGBT+, y a Eli Trimarchi, comediante y activista por los derechos LGBTIQ+. Ambas son integrantes del colectivo de Lesbianes autoconvocades por Barracas.

Foto: Rocío Prim

¿Cómo está actualmente la causa?

Jesi: La causa está actualmente bajo la órbita del juez Edmundo Rabbione. Interviene el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Nro. 14 y el acusado es Justo Fernando Barrientos. La causa la está llevando “La chiqui”, la misma abogada que estuvo defendiendo en el caso de Higui. Queremos que Amnistía Internacional y otras organizaciones salgan como querellantes, pero lo más importante es el cambio de carátula. Ahora Barrientos está privado de su libertad bajo la carátula de un crimen con alevosía pero lo que estamos pidiendo es que se nombre como “lesbicidio”, es decir como crimen de odio. Esto lo decimos porque sabemos que ya habían recibido amenazas previas, lo que da a entender que había algo premeditado.

¿Por qué se dice que el crimen es un lesbicidio?

Jesi: Así como la figura de “femicidio” fue importante para que se entienda por qué los hombres mataban a las mujeres por su identidad y como con el crimen de Diana Sacayan se pudo reconocer la figura del “travesticidio”, queremos que éste sea un caso bisagra. Es importante que se llegue a reconocer que a las lesbianas las matan por lesbianas. Eran cuatro personas que tenían una identidad lésbica visible y por eso Barrientos venía hostigándolas. Esos pronunciamientos que se van dando y que desembocan en una masacre están intrínsecamente relacionados con la identidad de las chicas. 

Eli: Pamela, Andrea, Roxana y Sofía fueron atacadas por ser lesbianas y es necesario llamar a la causa como corresponde. Es un lesbicidio motivado por el homoodio. Ellas venían siendo amenazadas de muerte por ser lesbianas, de hecho los vecinos cuentan que antes había un chico gay viviendo en el hotel que se tuvo que ir por el hostigamiento que recibía de Barrientos, que después sería el asesino de nuestras compañeras. Así como se logró en su momento la carátula de femicidio y travesticidio, es momento de llamar a las cosas como corresponde. 

Foto: Rocío Prim

¿Por qué es importante que el pedido de justicia haya sido una de las consignas principales de la marcha de hoy y que las lesbianas hayan estado sobre el escenario?

Jesi: El feminismo mainstream se debe una interseccionalidad porque -como muchos movimientos- tiene una arista blanca de clase media. Hay que abrir el paradigma de derechos. Me parece fundamental que esta consigna esté presente porque el crimen de Barracas nos conmovió a nivel social. Los lesbicidios siempre ocurrieron, pero este caso los consolida más. No se puede hablar de lesbianas sin que nosotras estemos presentes, igual que no se puede hablar de afros sin afros o de personas en situación de calle sin personas en situación de calle. Era necesario que estemos porque merecemos que nuestra voces sean escuchadas.

Eli: Es un momento histórico ya que, tras estos nueve años de historia en los que siempre ha participado la comunidad LGBTQI+, las compañeras cedieron el espacio a las lesbianas para hablar. La lucha del colectivo LGBTQI+ y los feminismos argentinos siempre fueron grupos que costó unir, pero es necesario y urgente esa unión. 

¿Qué pasa con el acceso a la vivienda del colectivo de lesbianas?

Jesi: Históricamente, las personas LGBTIQ fuimos despojadas de nuestro hogar por nuestra identidad de género. En este caso fue resonante porque eran cuatro mujeres adultas viviendo juntas en una habitación, hacinadas. Esto nos da la idea de cómo la comunidad siempre busca hacer trinchera para sobrevivir. Ellas no tenían la posibilidad de volver al hogar porque ahí también recibían violencias y por eso decidieron unirse. Es una situación más normal de lo que parece en la comunidad LGBTQ+.

Eli: La realidad respecto a lo habitacional era que dos de ellas ya vivían en la habitación donde sucedió el crimen y las otras dos se habían quedado en la calle, por eso estaban conviviendo. De hecho, sabemos que habían hecho un amparo para conseguir una vivienda. Las personas LGBTQI+ son personas que suelen ser desplazadas de sus hogares y familias. Andrea falleció y su familia no quiso reclamar el cuerpo. Este desplazamiento social nos lleva a tener una desventaja económica y desemboca en una crisis habitacional. 

¿Creés que al feminismo le cuesta todavía reconocer las problemáticas políticas de las lesbianas?

Jesi: Creo que el mundo está en deconstrucción y que el camino es por acá: escuchando a las personas que forman parte de un colectivo y dándoles lugar. Eso nos hace más humanos y más empáticos.

Eli: Si, considero que al colectivo feminista todavía le cuesta reconocer las problemáticas de las lesbianas. Si bien hay puntos en común, es difícil que se tome dimensión de las violencias que sufrimos nosotras porque hay una diferencia de privilegios que tienen las mujeres hetero cis por sobre las personas de la comunidad LGBTQI+. A veces es complejo que las personas que tienen privilegios se acerquen mental y sentimentalmente a otras más vulneradas.

Foto: Rocío Prim

¿Cuáles son las consecuencias de las políticas de odio del gobierno de Milei en el cuerpo de las lesbianas?

Jesi: A falta de INADI y Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, necesitamos políticas que nos amparen. No tenemos ningún respaldo ni leyes que nos contemplen. Es fundamental que se cumpla y se aplique la ESI, que se permita el lenguaje inclusivo, que se legisle sobre la discriminación y muchas otros factores más. Nos encontramos en un contexto político muy precario donde no hay un Estado presente; al contrario, es un Estado que genera discursos de odio que permiten justamente este tipo de crímenes atroces. 


Eli: Es alarmante que los discursos de odio provengan directamente de los que gobiernan el país, porque son los que tienen la posibilidad de tirar abajo una ley. Que se recorte en políticas públicas está afectando a un montón de gente, por eso creo que este crimen no le corresponde solo a la comunidad LGBTQI+ sino a toda la sociedad. Estamos hablando de que tiraron una bomba contra cuatro lesbianas y tardamos una semana y tres marchas en que los medios de comunicación lo abordaran. La gente hetero cis que yo conozco no está al tanto del tema. Es alarmante que haya un silenciamiento por parte de los medios y del Gobierno. Los discursos de La Libertad Avanza y sus funcionarios permiten que cada vez haya más violencia. Estamos en riesgo porque está habilitado que nos violenten. Es una bola que va a ir creciendo y eso es preocupante.

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Dalia Cybel

Historiadora del arte y periodista feminista. Fanática de los libros y la siesta. En Instagram es @orquidiarios