Lunes, 15 de julio de 2024
Día 1
Nos apostamos desde temprano en los tribunales de 8 y 57. Sabíamos que la sala era pequeña, que mucha gente iba a querer acompañar, que el juicio —por más olvidado que el nombre de Tehuel estuviera para los medios masivos— podía ser ocasión para reanimar un abrazo postergado y también algún oportunismo. Pese a las dificultades para acceder a una instancia judicial que era, en su naturaleza, pública, no dejó de llamar la atención que la sala, finalmente, no estuviera llena.
El recinto es estrecho y alargado. Se llega por un pasillo angosto. En el medio hay una silla. Sola. De paño verde. La cercan dos mesas alargadas en cada flanco unos pasos más allá. Varios asientos indican que detrás de estas mesas habrá muchas más personas que la que cabe en esa silla central. Al fondo, coronando la escena y de frente a la sala, se alza una tarima. Tres sillones altos y robustos, con sus escudos impresos en la cara delantera del respaldo y una cruz ancha y visible colgada detrás, tutelan las acciones de la jornada. En todos estos asientos, hombres y mujeres de traje.
Por último, en el extremo más cercano a la entrada, tres hileras de asientos –y una cuarta más corta, que jamás se ocupará— ofician de tribuna pública para el auditorio. Allí varios servidores y servidoras públicas se dieron cita para la jornada que comienza.
En el medio, siempre, se alza la silla de paño verde. No se notará su soledad ni su desamparo hasta que a lo largo de la jornada varios cuerpos pasen por ella habitándola por turnos. Son lxs testigxs. Norma, madre de Tehuel. M, pareja de Tehuel con quien criaban un hijo y se complementaban para hacer changas y buscar el mango. C, ex pareja del imputado, violentada a golpes por éste. J, un pibe de la canchita del barrio imputado por otras causas. R, amiga de una ex pareja del imputado. S, remisero, quien alquilaba un cuarto en el terreno donde vivía Ramos.
Por esta silla verde, flanqueada en tres lados por trajes y micrófonos profesionales, pasarán personas a las que jamás las rodeó tanta gente para escuchar lo que tienen para decir. Sin embargo, hay un tajo entre aquella tarima en el fondo coronado de la sala y los cuerpos que se depositan en el centro mismo de esa sala, en la silla verde que ahora parece más solitaria y desamparada que nunca. Los registros discursivos no se tocan. Los trajes quieren escuchar un modo de narrar experiencias pero ni esas narraciones ni esas experiencias parecen nacer de los cuerpos de la silla verde.
El tribunal pide que se alce la voz, que se haga un esfuerzo, el tribunal interrumpe una y otra vez una respuesta porque no consigue entenderla, y en lugar de manifestar esta falencia, increpa a los cuerpos para que respondan, porque “tiene mejor dicción el fiscal”, porque “no ofrece directamente un testimonio, sino que hay que sacárselo a usted”, porque “usted no escucha lo que le digo”, porque “no está entendiendo, ¿entiende?”, “¿no lo puede decir de vuelta?”. Los trajes se recuestan sobrados sobre el respaldo alto, mullido, generoso, imponente, “bueno, al fin lo dijo, se lo habíamos preguntado hacía un montón”, alzan la voz, interrumpen, retrucan, parecen enojarse, perder la paciencia.
Entre todo ello, se manifiestan dos objetivos recurrentes en el discurso de trajes: que se evidencie que Ramos trataba a Tehuel de “ella” y que se consolide como última persona –quizás, junto con Montes (pero de esto tal vez nos enteraremos más adelante en el juicio)- en verlo con vida. Mientras tanto, lxs testigxs de la silla verde no entraron nunca al circuito de diálogo de esta sala. Finalmente, uno de ellxs, que no se mueve de su verdad, logra zanjar para algún oído atento, en medio de tantas voces superpuestas, que “cada uno se expresa como quiere”.
Al fondo, mientras tantos, muchos y muchas miran impertérritos cómo el poder se materializa ante un micrófono y sobre una tarima.

Martes, 16 de julio de 2024
Día 2
Sucedió algo. Hay una ausencia. Hay que reconstruir una historia que pueda contar lo que pasó, que pueda explicar este vacío: se lo denomina “juicio”. Hay personas que vieron, oyeron, estuvieron; partes sueltas de una trama que desconocemos: se los denomina “testigxs”. Tienen nombre, pero no tienen edad, profesión, estado civil ni domicilio, no se les pregunta: no tienen historia, no tienen rostro. Sin embargo, son partes de una historia. Son partes de la historia de Tehuel. Pero ¿cuál es la historia de Tehuel?
Los testigos vieron, oyeron, estuvieron. Lo contaron. Se tomó nota. Esos fragmentos tienen que narrarse acá, en el juicio, para que puedan ser parte de la historia. Si esto no sucede, si no se enuncia, si no se pregunta, si se desiste de que comparezcan, esos pedazos de la historia se pierden, es como si nunca hubieran existido. Pedazos de la historia de Tehuel que se dejan naufragar.
Hay testigxs que escucharon que alguien dijo que otro vio. Los que vieron no están, no lxs llamaron aún. A otrxs lxs interrumpieron, lxs desacreditaron, les redujeron el campo de juego hasta callar. Hay una persona que declara haber sido abusada por Ramos. Ramos está ahí. En esa sala ella no quiere, no puede, no recuerda, aquello que contó una vez. Se la llevan del recinto esposada. Un pedazo de la historia de Tehuel perdido, quizás, para siempre.
Al fondo, alguien aplaude.
La jornada termina.

Miércoles 17 de julio de 2024
Día 3
Hoy la sala se dedica a la reconstrucción de un mapa. Hoy hay voces que pueden hablar, que no son interrumpidas, que vienen a dar testimonio corto y concreto. Funcionarios policiales que, junto con abogados, abogadas, fiscales y jueces, dibujan un mapa. El centro del mapa son dos casitas en un mismo terreno. En el dibujo también entran una campera, un celular, una mancha de sangre, un pedazo de tela de un colchón y también un colchón, tierra removida, restos de una hoguera. De pronto, «una lluvia tremenda» desdibuja algunas líneas, el mapa queda detenido allí.
Algunos de los caminos que parecen aparecer en esta cartografía se borran enseguida con la parte de atrás del lápiz: «en el barrio se decía que había partes de cuerpos tirados por todos lados y se fue certificando que no». «¿Faltó colaboración de los civiles en la búsqueda?», sugiere el tribunal ya convencido de la respuesta de su propia pregunta retórica. El funcionario policial hace algo así como asentir. Se nos informa también que el celular de Tehuel deambuló por ese mapa. A las 00.24 se apaga para siempre.
«Corto y contundente, excelente», se escucha. Las sonrisas entre el equipo de la querella se multiplican adentro y afuera.
¿Qué es lo que estamos reconstruyendo? Los mapas que se dibujan parecen estar tan desiertos como la sala del juicio hoy.
Jueves, 18 de julio de 2024

Día 4
Muchas imágenes. Videos. El día de hoy se trata de zanjar un relato con recursos visuales. Campera, carcaza de celular, colchón, manchas de sangre. Ligustrina, cama, pared, salamandra. La foto en la que no parece que Tehuel haya querido salir.
En el barrio de Tehuel había una canchita de fútbol donde Tehuel jugaba. Quería meter goles en la selección argentina. Ahí tenía amigxs, pasaba tardes, se reía. Pero al juicio no acude nadie que nos pueda contar esto, ni a nadie en el recinto parece resultarle relevante esa sonrisa. Estamos lejos de la sonrisa de Tehuel y de la historia de su rostro. Estas imágenes nos faltan y no hay nadie acá adentro que las reconstruya.
Hoy no puedo escribir. ¿Cómo se busca a una persona cuando no se busca a una persona?

Viernes, 19 de julio de 2024
Dia 5 por Timoteo van Benthem
Hoy la Sala en la que se desarrolla el juicio a Luis A. Ramos, imputado por la desaparición de Tehuel, tiene más restricciones; unx por cada organización, medios que ya casi ni están, o ser de lxs “que están en la lista” para ocupar la audiencia.
Afuera, lxs que nos vamos juntando para “hacer el aguante”, buscando, reclamando verdad para que haya justicia, vamos colgando “los trapos”, carteles, fotos o todo lo que humanice un proceso que responda qué pasó y dónde está Tehuel.
Afuera, un encuentro de personas en su mayoría de las colectivas LGBTQI+. Otrxs, como aquel señor mayor, alto, de barba blanca y larga al igual que su pelo, sigue lo que pasa desde la vereda porque no pudo ingresar a un juicio público “porque es público, ¿no?”, preguntó. Ahí quedó esperando un llamado para ingresar que nunca llegó –acompañó desde su lugar. Además, algunos militantes de agrupaciones políticas y nosotrxs, convocadxs por nuestra convicción cristiana protestante. Ya llevamos cinco días encontrándonos y eso hace de alguna manera “comunidad”. Tehuel nunca nos fue indiferente y acompañar a las víctimas es más que enunciar, es hacer.
Vamos a cuentagotas sabiendo lo que pasa adentro. Hoy, los peritos para establecer perfiles e identidades y conductas. Esperamos con ansias el momento del informe final “aquí afuera, en la vereda”, donde nos agrupamos en torno a Norma, mamá de Tehuel, y lxs que estuvieron en la audiencia, para conocer detalles de lo acontecido hoy. Se escucha que la mayoría de lxs profesionales están muy alejados de las realidades que se viven en el colectivo de género, o en los barrios y sus dinámicas. Se levantan miles de preguntas e incertidumbre, tanto lxs que saben de leyes como los que lo seguimos por sentido común. Norma insiste y se esperanza en “que alguno hable”.
Alguien que transicionó siendo fiel a lo que siente y vive contó aliviado que hizo oír su voz frente a jueces, abogadxs, especialistas, audiencia, decir lo que todxs pensamos: no es posible explicarlo sino es desde la experiencia de vida. Una “voz profética” decimos desde la fe. Lo callan, no tiene la palabra… Tehuel pareciera que tampoco.








