«Montaña», un relato sobre el cáncer de mama

💗 "Montaña, crónica de un cáncer", es el libro ilustrado de Florencia Curi y Marianela Müller. Se trata de un relato en primera persona que narra la experiencia de tener cáncer de mama.
24/07/2024

Montaña, crónica de un cáncer es el primer libro de Florencia Curi. Se trata de un relato en primera persona que narra la experiencia de tener cáncer de mama. La protagonista de la historia, Florencia, vive en Chajarí, Entre Ríos y es una mujer en la mitad de los treinta que disfruta de un gran momento profesional. Sin embargo, de pronto recibe una noticia inesperada: tiene un diagnóstico de cáncer de mama. “Y ahora ¿qué?”, se pregunta. Este es un camino de luces y sombras, lleno de desafíos y aprendizajes para ella, pero también para las personas que la acompañan. 

 “Sin recetas ni mensajes de autoayuda, este libro propone ser un buen compañero para el camino que se inicia a partir del diagnóstico, a veces gracioso, a veces incómodo, pero siempre empático”, cuenta la autora que trabajó en equipo con la ilustradora Marianela Müller.  

Al tratarse de un proyecto autogestivo, el libro se encuentra en preventa desde el 8 de julio hasta el 20 de agosto y verá la luz en formato papel en septiembre de este año, con la venta de 250 libros a un precio promocional. Aún se puede hacer la reserva para obtenerlo en este link.

La narración no intenta decir qué es lo que hay que hacer cuando se tiene una enfermedad, sino convertirse en una compañía para personas que estén viviendo algo parecido y también para sus entornos. De esa voz propia y personal y sin agregar elementos de ficción, es que surge la potencia del relato. Se trata de contar el proceso con lo que le hubiera gustado saber a la protagonista desde el comienzo. En una entrevista a fondo, El Grito del Sur, habló con la autora para indagar más en la temática. 

¿Cómo surge el proyecto de hacer un libro? 

El proceso del libro no fue espontáneo ni lineal, de hecho se extendió desde que tuve el diagnóstico, en 2006, hasta hoy, que sale como proyecto autogestivo. Cuando comencé el tratamiento, Maite Diorio, la editora, que es una de mis mejores amigas, me propuso escribir como catarsis, para exteriorizar lo que me pasaba. En ese lapso fuimos soñando con la idea de hacer un libro ilustrado, en parte porque -a diferencia de las películas donde pueden llevar muchas cosas- yo lo único que pude llevar a la quimio fue una historieta que ella me regaló y que ojeaba mientras estaba con el suero. 

¿Cómo fue volcar tu experiencia a las letras?

Yo vengo del palo del cine y estoy acostumbrada a realizar guiones, por lo cual el ejercicio de escribir me sale un poco natural. Escribir desde la experiencia propia fue difícil porque tuve que hacer un ejercicio de extrañamiento. La idea del libro es acompañar a personas que estén transitando por el proceso de cáncer a través de una historia que se cuenta en primera persona. Es decir, no intenta definir qué es lo que hay que hacer sino que ser una compañía para personas que estén viviendo algo parecido y también para los entornos, que son claves en el acompañamiento. Todas las enfermedades producen una montaña de emociones y nos pareció que estaba bueno que el libro propusiera compartir esa experiencia.

En ese sentido, ¿cuál es el rol del entorno? ¿Cómo les afecta?

El cáncer lo tiene la persona a la que se lo diagnostican pero lo sufren todos. Yo tuve mucha compañía. La familia y los amigos fueron los dos pilares que me sostuvieron, pero también hay que aclarar que tenía los recursos económicos para que todo sea más sencillo.

Decís que intentás describir el proceso sin idealizaciones y con sus momentos graciosos o incómodos ¿Cuáles son las cosas que rescatás de lo que viviste?

Yo me quedo con un aprendizaje que vuelve todos los días y es el de encontrar fortalezas y pilares en las cosas cotidianas que tenemos a diario. Yo estaba en una vorágine cuando me dieron mi diagnóstico y muchas veces digo que el universo es perverso y te pone a prueba. El sistema te lleva a una inercia que te hace olvidarte de que lo importante es lo terrenal. Estamos aprendiendo todo el tiempo y muchas veces volvemos a chocarnos con la misma piedra. 

¿Cómo se hace para no caer en el victimismo hablando de una enfermedad potencialmente terminal? 

Todo el libro trata de salir del papel de víctima. Yo tengo mucho humor, a veces incluso ácido, y la idea era pararme desde ese lugar. La intención no es establecer protocolos sino incomodar desde el tabú y desarmar el inconsciente colectivo. ¿Por qué tengo que reconstruirme las mamas si me falta una? ¿Para quién uso peluca? Muchas veces se habla de la “lucha” contra el cáncer como si se pudiera ganar o perder una batalla. ¿Entonces el que muere pierde? La idea era romper con el estereotipo de la enfermedad para contar cómo lo viví y que eso pueda servirle a algunas personas como un compañero de viaje. 

¿Qué se puede hacer para concientizar sobre el cáncer de mama y que no sea solo un lazo rosa en el mes de octubre?

El que lo pasó lo vive todos los días. Es verdad que viene la época y todos nos ponemos el lazo rosa -que vale la pena decir que cuando se crea no era rosa sino naranja y fue manipulado por la industria-. Cuando hablamos de que no nos acordamos solo en octubre es porque todos los días hay algo que nos puede estar afectando. Por ejemplo, todos los días consumimos agrotóxicos y nos acordamos de eso cuando alguien se enferma. Ahí ya no es una lucha contra la enfermedad, sino contra el sistema. Igualmente está bien que exista una fecha para recordarnos que tenemos que hacernos los controles. 

¿Cómo fue el trabajo en equipo en el libro?

Al comienzo el borrador lo trabajé con Maite, con quien nos conocimos estudiando la carrera de Cine en La Plata. Cuando pensamos en alguien que haga las ilustraciones salió la idea de Marianella, que es del mismo pueblo que yo y nos conocimos trabajando en cultura muchos años atrás. La idea fue discutir entre las tres como comunicar las cosas, ver en cada momento si era mejor poner un texto o una imagen. Eso llevó a que las imágenes no sean un mero dibujo descriptivo sino que una obra conceptual. Todo fue consensuado, debatido y charlado. 

¿Qué le dirías a alguien que acaba de recibir su diagnóstico? 

Que aunque parezca, no es el fin del mundo. Que es cuestión de tiempo y de paciencia, que se puede vivir igual encontrando momentos de gratitud. El proceso es super difícil, el tratamiento es horrible, pero por más que se padezca hay mucho por hacer.

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