“Llega una edad en la que desde las instituciones empiezan a decir que ya no te van a adoptar”, cuenta Kevin, quien actualmente tiene 17 años y pasó por varias familias de acogimiento e instituciones adoptivas en San Marcos Sierra (Córdoba). En una de éstas conoció a Juan y Maxi, sus actuales padres, ambos barberos, que iban a colaborar cortando el pelo en el hogar. “Me empecé a acercar a ellos porque me interesaba su profesión y quería que me enseñen. De a poco nos empezamos a vincular y cuando les conté que iba a cumplir 17 me ofrecieron salir a festejar mi cumpleaños”, relata el joven.
A partir de allí, desde el hogar le permitieron hacer salidas periódicas a la casa de Maxi y Juan. Gracias a la ayuda de la jueza a cargo del caso, la pareja logró obtener el cambio de resguardo y permanencia y actualmente se encuentra en trámite la adopción. “Se siente muy bien estar en una familia después de tantas idas y vueltas”, asegura. “Cuando crecés se pierden las esperanzas de conseguir a alguien y en verdad sin importar la edad todos merecen que los quieran”, explica el adolescente. La noche anterior a la primera salida con sus actuales papás, Kevin relata que no pudo dormir de los nervios. “Tenía miedo de hacer algo mal y terminar de nuevo por ahí”, explica. Actualmente trabaja de barbero con sus papás en Alta Gracia.
Ir al campo, jugar al fútbol e ir al parque son algunas de las cosas que más le gusta hacer a Rodrigo con su papá. Él tiene 12 años y entre los 8 y los 10 vivió en un hogar de niños en Alem, un pueblo en Misiones. En agosto de 2022, después de un mes de conocerse por videollamadas, Rodrigo fue adoptado por Marcos. El niño acepta que tenía mucho miedo porque dejaba a sus hermanos en el hogar y porque venía desde lejos a la gran ciudad. Sin embargo, su nueva familia le cambió la vida.

“La vida me fue enseñando diferentes caminos y a transitar un proceso interno que decía dentro mío que ya era hora”, explica sobre ese momento Marcos, quien comenzó el proceso de paternidad hace más de 5 años, cuando intentó adoptar por primera vez. “Fue una lucha entre querer, sentir y la burocracia de papeleos que no tenían ningún sentido con lo que mi corazón me dictaba”, relata. “En ese recorrido encontré personas que estaban a cargo de almas dolidas, lastimadas y carentes de amor, que sienten que nunca las quisieron y que el sistema los excluye de todo. Sus derechos están totalmente bajo un tapete entre papeles y ellos sienten que solo son un expediente, un número más del montón de niños”.
En Argentina se puede adoptar a las niñas, niños y adolescentes declarados en situación de adoptabilidad por un juez hasta cumplir los 18 años de edad. A esta instancia se llega por diferentes factores: si se evalúa que la permanencia en su familia de origen implica un riesgo para su integridad, si esta misma familia manifestó su voluntad de no hacerse cargo de su cuidado y crianza, si fue abandonado y se desconoce su filiación, si sus progenitores han fallecido o si no se conoce su familia de origen o ampliada, o ésta no puede o no desea hacerse cargo.
Si bien hay cientos de chicos y chicas esperando ser adoptados, el 90% de los aspirantes tiene una disponibilidad adoptiva para ahijar a niñes de 0 a 3 años, a lo sumo 5 años, según los organismos especializados. Esta preferencia hace que muchos niños, niñas y adolescentes que ya pasaron la primera infancia queden entrampados en un sistema de instituciones y no sean acogidos por familias, perdiendo la posibilidad de crear un vínculo fundamental.
“Cuando conocí a Rodrigo me di cuenta que no era yo quien cambiaba la vida de alguien, sino que él me modificaba la mía, que estábamos hechos para ser una familia. Hoy no puedo dejar de pensar que este pedacito de cielo ilumina mi vida y que, de ahora en más, mis días sean completamente llenos de amor y felicidad”, señala Marcos.

Mariano Quiroga es integrante de “Militemos adopción” y padre adoptivo de dos hermanitos de 8 y 5 años. Él coincide con que los términos y las condiciones del acuerdo las debe poner el niño adoptado antes que el adulto adoptante. “Tres años de espera en la vida de un niño de 6 o 7 años es la mitad de su vida y tres años para un adulto no es nada”, explica.
En esta coyuntura llena de prejuicios surgen organizaciones como “Adopte niñes grandes”, “Militamos adopción” y la “Red Argentina por la Adopción” que buscan fomentar la adopción de niños mayores. Ellos organizan campañas en redes sociales para darle difusión a los pedidos de los juzgados y a las historias de chicos y chicas. “Todos merecemos la posibilidad de crecer en familia, por eso decimos que la adopción no solo cambia la vida de los adoptantes sino la vida de muchos niños, niñas y adolescentes”, explica Natalia Florido, directora de la “Red Argentina por la Adopción”.
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“Adopte niñes grandes” es un grupo de más de 50 mapadres autoconvocados. En su libro “Textos para acompañarte en el camino a la adopción”, explican lo que es la “espera activa”, el momento ideal para formarse sobre la adopción y prepararse para el próximo paso: la vinculación. Además aseguran que cada proyecto adoptivo es único. En ese sentido, si bien el deseo no puede amoldarse a la situación, incitan a plantearse la posibilidad de pensar si éste se presenta sólo con forma de bebé o si hay espacio para la idea de ahijar a un niñe o adolescente. “Es la razón más importante para luchar cada día, sentir ese abrazo, beso, o ese simple hola papá que nace de su corazoncito”, explica Marcos sobre Rodrigo.
Dentro de sus escritos, la organización “Adopte niñes grandes” busca derribar algunos mitos que recaen sobre la adopción, como la idea de que hay que esperar mucho tiempo para hacerlo, que es solo para familia acaudaladas y con propiedades, que es un acto de caridad o que solo deben adoptar aquellos que no pueden tener hijos biológicos. También enfatizan en que no es verdad que los chicos adoptados se porten peor o que sean más contestatarios.
“Muchas veces los adultos que van a adoptar piensan que es más sencillo hacerlo con un bebé porque no carga esa mochila de su propia historia. La realidad es que la mochila es parte de nuestra vida y uno va construyendo y reconstruyendo su identidad constantemente, ya sea hijo biológico o adoptivo. La historia está latente. Lo que ese chico viene a buscar es un adulto que esté presente y preparado para cuidarlo toda la vida. Ese chico o chica está buscando un lugar de hijo y un adulto con convicción para que lo acompañe”, subraya Natalia.
“Nunca nos habíamos puesto a pensar en adoptar a un adolescente, pero de a poco Kevin se empezó a acercar cada vez que íbamos al hogar a cortar el pelo. Al principio fue tímidamente y al final pasaba todo el día pegado a nosotros preguntándonos por la profesión. Empezamos a tener muchas charlas y se generó algo que era único. Yo creo que la gente se tiene que dar la posibilidad de conocer a los chicos grandes. Es como que todo viene en otro tamaño: son abrazos grandes, besos grandes y momentos de disfrute”, asegura Juan, papá de Kevin. “Si bien rompimos todos los protocolos y no son los pasos a seguir, logramos hablar con la jueza y muy interesada en el caso nos permitió comenzar los trámites”, asegura.
“Ellos querían que funcionara la relación y pusieron todo de su parte. Nosotros como adultos no podíamos fallar al esfuerzo que veíamos que estaban haciendo”, relata Mariano sobre el vínculo que formaron con sus hijos desde que se concretó la adopción.

“Historia tienen todos los chicos porque es algo que existe previo al nacimiento inclusive. Después hay que pensar que, más allá de la edad, seguro en algún momento van a querer saber su ascendencia y conocer a su familia previa, lo hayas adoptado a los 15 días o siendo un adolescente. Al ser más chiquitos, incluso puede ser más difícil explicar la situación. Se abre una nube de dudas que los niños no saben si les estás ocultando la información, si los querés conformar o si les estás mintiendo. Muchas veces incluso hay menos datos en los legajos”, agrega Mariano. Para él, contar con el acceso a la palabra -poder dialogar, preguntar y hablar sobre el tema- hizo que sea más sencilla la búsqueda de la familia biológica de sus hijos, con quienes ahora tienen trato. “Es una ventaja para quienes nos sentimos más cómodos con lo verbal”, afirma.
Para adoptar en nuestro país, se solicita que el/ la adoptante sea mayor de 25 años o al menos un cónyuge de la pareja lo sea. El adoptante debe ser argentino o, en caso de ser extranjero, tener residencia de 5 años como mínimo en el país. Además, debe ser por lo menos 16 años mayor que la persona que va a adoptar. La adopción puede ser unipersonal o de pareja, siempre que los adoptantes se encuentren casados o bajo unión convivencial: esto cuenta de igual manera para matrimonios del mismo sexo. Para iniciar el trámite, el solicitante se deberá inscribir en el Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos correspondiente a su domicilio. La inscripción es gratuita, personal y no requiere de intermediarios ni abogados.
“Militamos adopción” está por cumplir un año de su creación y la emoción de Mariano Quiroga se nota en su tono de voz. Él intentó tener hijos biológicos con su mujer cuando vivían fuera del país, pero ante la imposibilidad, y luego de algunos intentos fallidos de adopción en Francia, decidió dejar el tema de lado. Cuando pensaba que lo había superado, tanto a él como a su pareja les picó el bichito de la curiosidad de nuevo. En 2020, con aislamiento y en plena pandemia, comenzaron a vincularse entre escafandras, zooms y barbijos con quienes serían sus hijos. El periodo de vinculación fue corto, por lo cual cuando llegaron a su nueva familia quedaba mucho por explorar de ese vínculo. Visto en retrospectiva, él acepta que adoptar no solo fue un compromiso individual y de pareja sino un aporte colectivo y una manera de cambiarle la vida a otres. “Los procesos son muy particulares y varían según cada chico. Se trata de informarse de todas las variables que puede haber: desde una nena que te salte encima y te diga ‘papá’, hasta un nene que se esconda en un rincón y no quiera mirarte. Puede ser de muchas maneras”.
Desde “Militamos por la adopción” luchan para que haya licencias por vinculaciones, juicios de adopción gratuitos, reconocimiento de los derechos de los chicos adoptados y más políticas de Estado en torno a la temática. La organización fue formada por 15 familias y ahora ya hay 100 que participan de los siete grupos de apoyo, tratando de responder dudas, compartir experiencias e intercambiar ideas. “Entre pares es más fácil sobrellevar las dificultades que van apareciendo. Al principio pensamos en dividir los grupos por características como por ejemplo chicos con discapacidad, grupos de hermanos, niños mayores pero finalmente entendimos que cada una de esas experiencias ayuda tanto a los que ya formamos familias como a futuros adoptantes, que también pueden formar parte del encuentro”, relata Mariano mientras asegura que la mirada sobre los chicos adoptados en escuelas, clubes y hospitales todavía es distinta porque hay muchos prejuicios.
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La Red Argentina por la Adopción es una ONG sin fines de lucro que ha sido creada para difundir los derechos de los niños a ser adoptados y fortalecer la familia adoptiva, brindando asesoramiento para el proceso de adopción, la espera y el desarrollo de ser padres. La red comenzó como un grupo cerrado de Facebook, creado por una pareja de padres que adoptaron dos niñas con VIH. Allí buscaban pares con quienes compartir su historia y afrontar las dificultades del proceso de adopción. Natalia Florido, quien la dirige actualmente, la conoció hace veinte años, cuando decidió buscar sus orígenes, sabiendo desde bebé que era adoptada. “A mi me interesaba aunar la labor de las organizaciones que estén trabajando en la temática, pero más que nada sumar la voz de los hijos e hijas adoptados y contar las historias de lo que les estaba pasando”.
Como Asociación Civil, desde la Red brindan asesoramiento en el proceso de registro de los adoptantes, en la espera y en el desarrollo de ser padres. Su activismo se basa en generar lazos con el Estado para abrir espacios de capacitación y formación tanto a la sociedad en su totalidad, como a los actores que están vinculados directamente con la infancia, los niños institucionalizados, y también con las mujeres en conflicto con la maternidad, y los padres adoptivos.
“Desde que tengo uso de razón, supe que era adoptada. Cuando fui en búsqueda de mi origen, mi madre biológica ya estaba muerta, pero entendí su proceso y me sentí afortunada de haber podido crecer en una familia. Yo pude ser la mujer que soy ahora gracias a la importancia de ser ahijada. Tuve un montón de posibilidades que mi hermana biológica, por la situación económica en la que estuvo, no logró alcanzar”, cuenta la directora de la institución, que creó el primer mapa interactivo de los Registros de Adopción y sus Delegaciones de todo el país.
“La mayoría de los adultos inscriptos en el sistema de guarda quieren adoptar niños de hasta dos años, pero hay muchos niños mayores de 8 años y adolescentes que quieren tener una familia. Creemos que esto pasa por los miedos y los tabúes que hay alrededor de la adopción. Con ese disparador, mi idea con la Red fue contar las historias reales para romper los tabúes. Comenzar a darle voz a los propios hijos para derribar los mitos. Quería saber cómo cambió su vida cuando los chicos pasaron de un hogar de tránsito a formar parte de una familia. A partir de ahí escribí mi primer libro que se llama “Alumbrando la oscuridad. Un libro de adopción”, donde reuní muchas de estas historias”, cuenta Natalia.

“Ellos pasan a ser importantes para alguien para toda la vida”, explica la directora de la Red Argentina por la Adopción, quien enfatiza en la necesidad de generar políticas públicas que piensen en las familias. “Tener una familia que te acompañe, que te apoye, que te festeje un cumpleaños. No importa la edad que tengas, es super valioso y trascendental en la vida. El adulto que va a adoptar tiene que ponerse a disposición del niño o niña que va a ahijar para toda la vida”, asevera.
Actualmente las organizaciones que trabajan con la temática quieren impulsar la celebración del Día Nacional de la Adopción para el 15 de septiembre, algo que ya sucede en varias provincias. “Para nosotros es sumamente importante naturalizar la adopción, hablar más y mejor para que se pueda comprender y empatizar a través de historias reales a quienes deciden adoptar y a quienes ya adoptaron para que tengan la responsabilidad afectiva necesaria. Tenemos que tener políticas orientadas a las familias para impactar en la vida de niños, niñas y adolescentes”, concluye Natalia.
El paso a la adopción de niños grandes se plantea así como un compromiso colectivo, una posibilidad de cambiar el curso de una vida en soledad y de ser una salvaguarda para un niño, niña o adolescente que en otro caso tendría que afrontar las dificultades propias de su edad sin compañía. La adopción es entonces un faro de luz en muchos de los recorridos. Una posibilidad de torcer el curso de la historia y burlar el destino.





