El consumo de sustancias psicoactivas está a la orden del día en Argentina. No hay que olvidar que este 2024 empezó con la muerte de Florencia Yturrioz en Mar del Plata, una joven de 26 años que falleció en enero debido a una intoxicación por ingesta de éxtasis. Muertes como esa hay un montón, aunque no todas se convierten en noticias publicadas en los medios de comunicación. Algunas quedan, simplemente, en el anonimato. Y las que salen a la luz suelen provocar una reacción en la sociedad que consiste en culpabilizar a la persona que ha consumido y no tanto en cuestionar el entramado social, político, jurídico y económico que posibilita que esas muertes tengan lugar.
Juliana Lualdi, referente del movimiento Ni un pibe menos por la droga, dijo en una charla con El Grito del Sur que “hay un crecimiento exponencial del consumo de drogas en todos los barrios, que tiene que ver principalmente con la crisis económica, con la falta de alimento, la falta de trabajo y la falta de perspectiva, que son las que generan condiciones para que avance el narcotráfico”.
Vale recordar que las sustancias psicoactivas, una vez ingeridas, fumadas, inhaladas o inyectadas, alteran el sistema nervioso central y modifican el estado de ánimo, la percepción, los pensamientos y el comportamiento. Ejemplos de este tipo de sustancias son el alcohol, la marihuana y algunos medicamentos para aliviar el dolor. También lo son la heroína, el LSD, la cocaína y las anfetaminas. Gustavo Zbuczynski, psicólogo y presidente de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA), aseguró que “la sustancia psicoactiva que más se consume en nuestro país es el alcohol, en todas las edades y todos los sexos”.
Por su parte, Pablo Ferreyra, quien junto con Aníbal Sacco creó hace un año y medio el ToxiBot -la primera plataforma de WhatsApp que brinda información gratuita sobre el contenido de las drogas en base a tests colorimétricos realizados por ARDA-, contó a este medio que la pastilla Osito de color violeta y la Messi suelen ser las más buscadas en el bot para conocer qué contienen y para saber detectar cuándo se encuentran adulteradas.
Mientras las sustancias psicoactivas se producen, se venden y se consumen, más o menos subrepticiamente según cada caso, en el país coexisten cuatro leyes importantes en torno a esta problemática que se contradicen entre sí. En primer lugar, en 1989 se sancionó la Ley de Drogas, que establece penas de prisión por tenencia o venta de sustancias. Bajo la perspectiva de esta ley, quien consume drogas es un delincuente que debe ser encerrado en la cárcel o detenido en una comisaría, según el nivel del delito. Al respecto, Lualdi opinó que “aquel que llega a drogarse es porque es el último eslabón de una cadena de cuestiones muy injustas que le van pasando en la vida, porque hay una cantidad de derechos vulnerados, con lo cual no hay un grado de responsabilidad penal. El problema son las cosas que no suceden antes, cuáles son las circunstancias que hay que cambiar para que esto no suceda. Hay que atender primero las causas”.
A la Ley de Drogas le siguió la Ley Nacional de Salud Mental, sancionada en 2010, que establece que las adicciones deben ser abordadas como parte de las políticas de salud mental y que “no podrá ser privado de su libertad personal el declarado incapaz por causa de enfermedad mental o adicciones, salvo en los casos de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros”. Según esta ley, a diferencia de la otra, quien tiene un consumo problemático de drogas debe ser tratado por el sistema de salud, en vez de ser juzgado por el sistema penal.
Además, en 2014 se creó el Plan Integral para el Abordaje de los Consumos Problemáticos, cuyos objetivos son “prevenir los consumos problemáticos desde un abordaje intersectorial mediante la actuación directa del Estado, asegurar la asistencia sanitaria integral gratuita a los sujetos afectados por algún consumo problemático e integrar y amparar socialmente a los sujetos de algún consumo problemático”.
Finalmente, en 2017 se sancionó la Ley 27.350, que promueve la investigación médica y científica del uso medicinal de la planta de cannabis y sus derivados. “El panorama legislativo que tenemos hoy en día es esquizofrénico porque para una misma temática hay dos leyes principales absolutamente contradictorias —opinó Zbuczynski—. Habría que plantear una solución para que no quedemos bajo el arbitrio de un juez que porque se le ocurrió pensar de una manera, juzga de una manera o porque se le ocurrió utilizar otra ley, juzga en base a eso. Además, todavía no se han puesto los recursos para implementar la Ley de Salud Mental”.
Mientras esas leyes permanecen en contradicción, dado que una apunta a la prohibición de drogas y a la penalización de sus usuarios, la otra promueve el tratamiento médico de quienes tienen consumos problemáticos, la tercera fomenta la integración social de los usuarios de sustancias y la cuarta establece que el cannabis medicinal sí debe ser investigado científicamente pero las otras sustancias psicoactivas no, cada día aparecen nuevos muertos. El fenómeno se da, sobre todo, por el consumo de drogas adulteradas, es decir, mezcladas con otras sustancias. Es sabido que, la mayoría de las veces, los muertos por intoxicación desconocían que las drogas que habían consumido estaban adulteradas.

Los productores que mezclan una sustancia con otra lo hacen para maximizar las ganancias, porque con una cantidad particular de una droga determinada se pueden crear más dosis (y vender más) si se la mezcla con otra. Lo que ocurre es que, a diferencia de las sustancias psicoactivas legales como lo son algunos medicamentos, las drogas ilegales no cuentan con un ente regulador que se encargue de hacer el control de calidad, razón por la cual están sujetas a contaminaciones y aditivos, lo que las vuelve más peligrosas y potencialmente mortales.
En este sentido, Zbuczynski hizo hincapié en que si bien el alcohol tiene restricciones como la prohibición de su venta a menores de 18 años, es una sustancia psicoactiva legal que se puede conseguir en cualquier comercio. “Cuando nosotros vamos a comprar una botella de cualquier bebida alcohólica al supermercado, tenemos la garantía de que esa sustancia no está adulterada y que tiene la graduación alcohólica que la botella dice —afirmó Zbuczynski—. No pasa lo mismo con las sustancias ilegalizadas, que cuando uno las compra en el mercado ilegal no sabe lo que está comprando, con qué están mezcladas o cuál es su potencia. Las sustancias ilegalizadas tienen riesgos maximizados que no tienen las sustancias que cuentan con regulación legal. A pesar de esta ventaja que tiene el alcohol, es la sustancia más difundida y que más problemas trae”.
Ante este panorama, las organizaciones sociales cumplen un papel fundamental. Zbuczynski contó que ARDA se dedica a difundir información e implementar acciones tendientes a la reducción de daños en el consumo de drogas. La línea de pensamiento que tiene la asociación consiste en “dejar de pensar el consumo desde la perspectiva de la prohibición y la abstinencia y descentralizar el problema de las drogas —manifestó Zbuczynski—. Drogas y humanos coexistieron siempre, el problema que tenemos hoy con las políticas actuales es que se han incrementado todos los daños que las drogas pueden ocasionar. Nosotros no ponemos el eje en la droga sino en cómo disminuimos las consecuencias negativas que las drogas pueden tener”. Bajo esa perspectiva, ARDA realiza testeos de sustancias psicoactivas mediante pruebas colorimétricas en algunos boliches para informar a una persona determinada que está por consumir si, por ejemplo, la droga que tiene en sus manos se encuentra adulterada. Si el test colorimétrico arroja un resultado negro significa que la droga tiene éxtasis y si muestra un resultado rojo, tiene metanfetamina, y así. Al informarse sobre lo que verdaderamente tiene una sustancia psicoactiva determinada, la persona que está por consumir puede saber si lo que tiene en sus manos es una droga adulterada y hasta podría desistir de la idea de ingerirla.

ARDA también suele realizar campañas de difusión con información sobre el contenido de cada sustancia. De hecho, hace dos años elaboró un folleto en conjunto con el Municipio de Morón con teléfonos útiles, como el de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (SEDRONAR), y también con frases que apuntaban a concientizar sobre el consumo de droga, como “Tomá poquito para ver cómo reacciona tu cuerpo”. Esto último provocó, en aquel entonces, cierto malestar en algunos sectores sociales porque lo interpretaron como un incentivo para que las personas consumieran drogas. Al respecto, Zbuczynski opinó que esa es “una forma de pensamiento que tiene que ver con la política actual del prohibicionismo y abstencionismo. Pensando así, nos va como nos va. Pensando así, se sigue estigmatizando y alejando del sistema de salud a una cantidad de ciudadanos a los que deberíamos proveerles ese servicio. Pensando así, mandamos a la criminalidad a un montón de personas que, de otra manera, estarían haciendo otra cosa con su vida”.
A su vez, Ferreyra dijo que las personas están utilizando el ToxiBot, más que nada, para tener acceso a información tanto sobre el contenido de sustancias como sobre experiencias de consumo, positivas y negativas, que otras personas han contado en ArgenPills, un sitio web que funciona como un foro. Ferreyra también comentó que las personas suelen utilizar el ToxiBot para acceder a los resultados de los testeos de pastillas, ya sea por simple curiosidad o para saber cómo detectar si una droga se encuentra adulterada. “El uso del bot tiene que ver con el avance de los derechos civiles en los últimos años, con sentirse un sujeto de derecho que tiene la posibilidad de pensarse en su soberanía del cuerpo. Los usuarios suelen tener fidelidad al bot porque ven la utilidad de la herramienta, porque es anónima y porque te permite evaluar lo que vas a consumir”, aseguró Ferreyra. También contó que en marzo de 2023 hubo ochocientos ingresos al bot en un día y en marzo de 2024, unos quinientos. Además, aclaró que los testeos realizados por ARDA, cuyos resultados aparecen en el bot, se han hecho en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Plata y El Litoral, y dijo que próximamente se harán otros en Jujuy.
Por su parte, Lualdi contó que “junto con otras agrupaciones y algunos sectores de la Iglesia trabajamos dentro del programa CAAC, que nos permite tener recursos y herramientas para poder abordar el problema de las adicciones en los barrios”. Las siglas hacen referencia a las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario, que son espacios de atención de modalidad ambulatoria gestionados conjuntamente entre la SEDRONAR, organizaciones sociales y agrupaciones eclesiales que orientan, contienen y acompañan a personas con consumo problemático de sustancias y que se encuentran en una situación de exclusión social. “Nuestra principal herramienta es la lucha, que es lo que nos ayuda a transformar, y después abordamos con distintas iniciativas, culturales y deportivas, el aspecto preventivo. A su vez, desde las CAAC trabajamos con grupos terapéuticos, conseguimos lugares para internación y distintos tipos de tratamientos”, concluyó Lualdi.





