Fabiana Bepres es una productora audiovisual de Jujuy que promueve una producción cinematográfica sustentable, sostenible y pluricultural (PSSP). En el panel “Cine sustentable. Experiencias clave y herramientas poderosas para una industria en reinvención”, organizado por el Festival Internacional de Cine Ambiental de este año, Bepres había explicado los lineamientos de la PSSP con una bandera Whipala apoyada en la mesa del panel. En esa oportunidad, se había presentado como kolla guaraní.
“Yo me defino así porque parte de nuestra historia es entender que somos del Kollasuyo. Antes de que llegara Colón y el continente americano se denominara así por Américo Vespucio, el territorio se llamaba Abya Yala, que tenía las cuatro regiones del sol. El centro era Cuzco y la parte sur, Kollasuyo. Acá en Jujuy el kolla es el que vive en la puna. Yo vivo en la ciudad, pero me defino así por el reconocimiento a esa identidad cultural, de la que me siento parte”, expresó Bepres en una charla con El Grito del Sur por el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebra cada 9 de agosto.
Dicha efeméride, que fue proclamada en 1994 por la Organización de las Naciones Unidas, funciona justamente como recordatorio para respetar la identidad cultural, social y política de los pueblos originarios y para proteger sus derechos. “Yo escucho un Tinku y se me van las patas, quiero bailarlo —contó Bepres—. Lo mismo me pasa con el Pin-Pin, que es la danza originaria del pueblo guaraní. Me siento mucho más cerca de Bolivia que de Argentina”.
La búsqueda del reconocimiento de la identidad propia está muy presente en los pueblos originarios. En este sentido, Puma Katrileo, comunicador mapuche, dijo a este medio que le parece importante “reivindicar la existencia de los pueblos porque hay que mostrar la verdad de la conformación social en Argentina. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires determinó que alrededor del 56 por ciento de la población argentina tiene genética indígena y otro porcentaje menor, tiene genética de pueblos europeos. Todavía en la actualidad nos seguimos manejando con una matriz eurocentrista, patriarcal y cristiana que fue conformada en el 1800 por Roca, Sarmiento, Alberdi y toda esa generación que hablaba de civilización y barbarie”.
En cuanto a la búsqueda de las raíces, Bepres contó que supo cuál era su origen de grande. Dijo que en 2011 empezó a militar en la causa indígena “porque había algo que adentro me resonaba fuerte. En eso conocí a un abuelo, el profesor Osvaldo Maidana, con el que tenía charlas hermosas de mucha sabiduría y que me hacían pensar un montón. Me motivó a preguntarme de dónde venía yo y mis abuelos. Él hablaba siempre de que teníamos que saber diferenciar nuestra identidad nacional de nuestra identidad cultural”.
A Katrileo, en cambio, le tocó vivir otro vínculo con sus orígenes, ya que su infancia en Chubut estuvo marcada por la discriminación. “La primera memoria que tengo es de los tres años, de vivir en un rancho de chapa y de piso de tierra y hablar con mi mamá respecto a la situación en la que vivíamos. Mi mamá me decía que era porque nosotros somos indios y los indios no vivimos de otra manera porque la plata la tiene otra gente que no es india como nosotros —contó Katrileo—. En esos años de mi primera infancia mi mamá también nos decía a mi hermano y a mí que no dijéramos que éramos mapuches porque la gente nos iba a maltratar, porque ser indio estaba mal visto”.
Katrileo aseguró que tomó conciencia de que era mapuche “en la primaria, porque ahí hacíamos juegos y a los varones nos ponían una vincha. Como teníamos el pelo lacio y duro, se nos veía como los dibujos del Martín Fierro. Obviamente, algunos pibes y pibas se nos reían y nos decían que éramos indios. Todos éramos mapuches en esa escuela, pero la cuestión era que muchos chicos no sabían de su origen”.
“En los ‘80 había más una cuestión artesanal, de mostrar la cultura del tejido y la platería mapuche. No se cuestionaba todavía el sistema y la opresión —agregó Katrileo—. En los ‘90 apareció una cuestión más reivindicativa de la identidad. En ese momento, al principio, sentí dolor y bronca al enterarme de lo que había pasado con nuestro pueblo. Con el tiempo, empecé a sentir otras cosas, me vinculé con la investigación y me encontré con otra gente”.

Los orígenes de Leandro Cledou, referente de la “Comunidad Sariri Argentina” de Marcos Paz, en Buenos Aires, han sido radicalmente muy distintos a los de Bepres y Katrileo. No obstante, en una charla con este medio expresó que se siente muy cercano a los pueblos originarios. “La ‘Comunidad Sariri’ ahora es una asociación civil conformada por un grupo de personas que nos nucleamos para rescatar la sabiduría de los pueblos ancestrales y difundirla —dijo Cledou—. En la comunidad hay integrantes de pueblos originarios y otros que no, como es mi caso, que mis bisabuelos vinieron todos de Europa. Pero nosotros consideramos que hablar de pueblos originarios no es solamente una cuestión sanguínea, sino también de toma de conciencia. Nosotros nos sentimos parte de esta tierra más allá de que nuestros antepasados hayan venido de otros lugares, y reivindicamos las ceremonias que celebran los pueblos originarios del sur”.
Cledou contó que empezó a tener esa inquietud en su paso por la universidad en Bahía Blanca. Más tarde se mudó a Marcos Paz, participó de una ceremonia del Inti Raymi y empezó a contactarse con otras personas que tenían su mismo interés. “Finalmente me casé con mi esposa, que es de Perú, y terminé formando una familia. Ahí empezamos a indagar, a conocer. En esa búsqueda de una identidad, de sentirse parte de la Madre Tierra, yo me sentí y me siento más identificado con los pueblos originarios que con otras culturas, este es el camino que quiero seguir”, expresó Cledou.
En el mes de la Pachamama es oportuno recordar también que una característica notoria de las comunidades originarias es su conexión con el territorio y el ambiente. Al respecto, Cledou dijo que “en esta tarea que estamos haciendo de rescate de sabiduría ancestral nos damos cuenta de que ese saber nos vendría muy bien a todas las sociedades del planeta para resolver las cuestiones vinculadas al cuidado de la Madre Tierra. Ahí hemos cometido estragos y lo seguimos haciendo, por ahí no las personas comunes y corrientes, pero sí las grandes empresas”.
“Es importante recuperar la cosmovisión indígena porque los pueblos defienden el territorio, no únicamente por una cuestión de posicionamiento sino de cuidado y de relación con la naturaleza —manifestó, por su parte, Katrileo—. En cambio, la visión del mundo capitalista defiende el extractivismo y no le interesa si se destruye la sociedad o se contamina. No tiene ese respeto ni resguardo por la vida”.
Una visión similar dio a conocer Bepres al decir que “desde los pueblos indígenas entendemos que estamos junto con la naturaleza haciendo ciclos. La lluvia es necesaria, como cuando el sol es necesario. Cuando hay disparidad o exceso por la mala acción del hombre, hay inundaciones o sequías. Entonces es necesario volver a conectarnos con la naturaleza, como lo vienen haciendo los pueblos originarios ancestralmente”.





