Miguel Ángel, la ternura adolescente y la búsqueda de una identidad posible

🎭 Miguel Ángel es la obra de Lucía Maciel y Paula Grinszpan que se encuentra actualmente en el Centro Cultural Morán. La misma trata sobre un joven adolescente mexicano perdido en su pequeña habitación que intenta hacerse camino para encontrar su identidad. El unipersonal protagonizado por Lucía Uribe saca risas y despierta ternura.
14/08/2024

Miguel Ángel es un adolescente de 17 años perdido en algún punto de la república mexicana. Mientras estudia, o intenta estudiar, la historia de Tenochtitlan y la fundación del estado de México, quiere postular a un concurso de fotografía de paisajes de la ciudad de Veracruz. Para eso se comunica con la secretaria del concurso, con la que termina entablando una relación, mientras intenta descubrir si su foto es válida para participar. Aunque acumula un montón de selfies en su celular, la foto que quiere mandar es una donde su miembro sexual masculino está en primer plano, en la playa, y parece que instantes después una gaviota se va a posar exactamente sobre él.

“En algún lugar de México, un joven adolescente perdido en su pequeña habitación intenta hacerse camino para encontrar su identidad”, describe la reseña de la obra de teatro dirigida por Lucía Maciel y Paula Grinszpan -actrices de la obra Las reinas-, y protagonizada por Lucía Uribe. 

Miguel Ángel se pelea y enoja cuando rechazan su posibilidad de entrar al concurso, seguro de que no aprecian su talento. Con el recurso de la comedia y el absurdo, la parodia retrata la construcción de la identidad de un adolescente que quiere apostar a la inversión en bitcoins en una época donde la tecnología se introduce en cada una de nuestras acciones cotidianas.

En un momento donde aumenta la derechización de la juventud y emergen fenómenos como los incels, encerrado en su habitación junto con un celular, Miguel Ángel desprecia a sus compañeros de colegio e intenta explotar sus talentos dándoles consejos económicos a la encargada del concurso. 

Con una espléndida actuación, Lucía Uribe logra que el público se encariñe con un personaje particular, entre caprichoso y pueril, que arranca sonrisas cuando rapea. Miguel Ángel es el único personaje que aparece en escena, aunque su mamá es una presencia fantasmal que lo rodea. El rol de los adultos en la construcción de estas subjetividades también es una pregunta que queda resonando entre las butacas del Centro Cultural Moran, donde se desencadena el espectáculo. 

Para conocer más sobre la trastienda de la obra, El Grito del Sur habló con su protagonista y las directoras. 

¿Cómo surge la idea de la obra?

La idea de la obra surge desde un lugar lúdico en el que teníamos ganas de trabajar las tres. Es un proyecto intuitivo y de improvisación. No hubo un texto previo, sino que fue surgiendo en los ensayos. Rápidamente apareció el universo de un adolescente y a partir de ahí fuimos encontrando la forma, siempre trabajando en una dramaturgia más construida desde la experimentación de la actriz y el personaje que desde una temática específica a abordar. 

¿Por qué les interesó trabajar con la creación de identidad de un adolescente ?

El personaje de Miguel Ángel surgió de improvisaciones en los ensayos, y nos dimos cuenta de que era alguien que queríamos seguir explorando. Nos convocaba su ternura, sus ganas de pertenecer, su intensa pulsión sexual y su mundo imaginativo entre infantil y adulto. La intensidad adolescente de nuestro personaje nos permitió darle rienda suelta a pavadas, juegos, y también a revisitar nuestras adolescencias y compartir algo de ese sentimiento de estar perdidx.

¿Hay alguna relación entre Miguel Angel y los jóvenes libertarios? En el sentido del aislamiento, la dependencia del internet, la mala relación con su familia, la necesidad de cariño, etc.

No pensaría específicamente en los jóvenes libertarios, pero sí hay un signo de época donde las redes sociales vienen a desplazar la socialización y forma de hacer política y llegar a la gente, tal como la conocíamos. Y esto desde ya dio paso al avance de, entre otras cosas, gobiernos de ultraderecha. 

¿Cómo trabajan la espacialidad de la sala como para que el espectador se introduzca también en esta soledad del protagonista?

La escenografía de la obra consiste en una alfombra en forma de cuadrado, un cubo y un viejo juguete de Miguel Ángel. El personaje juega, imagina, se desespera, hace berrinche, todo dentro de ese cuadrado que representa su habitación. Esto invita al espectador a sentirse encerrado junto con Miguel Ángel en su pequeña habitación. El viejo juguete es un guiño a esa infancia de la que nuestro personaje aún no se desprende del todo, y la falta de objetos en escena hace que todos los mundos que aparecen sean convocados simplemente por la imaginación e intensidad de Miguel Ángel.

¿Creen que la comedia puede ser una forma de crítica social?

Si. Definitivamente cuando uno aborda una temática desde la comedia, es inevitable que se cuele la crítica y una toma de postura. Nos reímos de algo o elegimos mostrar ciertos comportamientos humanos de cierta manera y eso hace que aparezca una opinión y una forma de ver lo cotidiano y lo social.

¿Qué esperan que se lleven los espectadores para reflexionar?

Miguel Ángel es una obra que habla de la adolescencia, las ilusiones, el deseo de pertenecer, la ansiedad, de lo que la sociedad nos impone como “exitoso”, la adicción a la virtualidad, la imaginación. Y si bien todo esto está presente, también es una obra muy juguetona, con pavadas que aligeran la intensidad de los temas. No tenemos ganas de imponer al público sobre qué reflexionar en torno a estos temas, pero sí creemos que es una obra en la que mucha gente se puede identificar, por el hecho de haber sido adolescentes o por ser madres o padres, y porque -si bien la adolescencia es el momento paradigmático de búsqueda de la propia identidad- esa búsqueda y esa angustia nunca terminan realmente.

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