Peón Vuelve: cuando el ajedrez es personal y político

🫂Peón Vuelve despliega un juego de conexión y resiliencia. En cada partida, las piezas del ajedrez se entrelazan con historias de solidaridad y encuentros familiares. El esfuerzo compartido transforma cada movimiento en una estrategia de vida.
15/08/2024

Dentro del gran bullicio de la ciudad, los domingos, en la calle Salta entre Humberto 1° y Carlos Calvo del barrio de Constitución, se oculta un oasis de esparcimiento: el centro de ajedrez Peón Vuelve. El sonido suave de las piezas moviéndose sobre el tablero, el tictac del cronómetro y el murmullo de conversaciones discretas crean una atmósfera única. Fundado hace once años en medio de las luchas políticas de la década ganada, Peón Vuelve nació a partir del deseo de varios ajedrecistas militantes de llevar el ajedrez a las calles y debatir sobre política.

Aquí, el ajedrez trasciende el juego; se convierte en una forma de meditación y un refugio donde el tiempo parece ralentizarse y el estrés se disuelve en el aire cargado de concentración. Aunque los participantes tienen vidas y edades fuera del recinto, en Peón Vuelve todos son simplemente jugadores enfrentándose en el tablero.

«El ajedrez tiene una ventaja única: abarca un espectro de edad que va desde los 5 hasta los 90 años», explica a El Grito del Sur Pablo Lina, miembro de Peón Vuelve. Cada domingo, el lugar acoge de 30 a 40 personas que participan en torneos rápidos. Se juegan siete partidas de 15 minutos cada una, donde cada jugador cuenta con un tiempo limitado para mover sus piezas. Aunque el ritmo es acelerado, la verdadera meta de quienes asisten es mejorar su juego y perfeccionar sus habilidades.

Peón Vuelve recibe a familias, amigos y personas solas que buscan un espacio de esparcimiento. Entre cada partida, los jugadores salen a la vereda para esperar el anuncio de la siguiente ronda. Durante las pausas, algunos aprovechan para encender un cigarrillo y sentarse en la acera, conversando con quienes acaban de conocer, sus antiguos contrincantes o simplemente preguntando: «¿Ganaste?» Los jugadores intercambian consejos en medio de una competencia amistosa que les permite olvidar el estrés acumulado durante la semana, concentrando su fuerza en una sola cosa: el juego.

Se anuncia el inicio de una nueva partida y los jugadores se dirigen a sus mesas asignadas. El árbitro coloca los relojes y el murmullo general de la sala se transforma en el ritmo marcado por el tic-tac de los relojes y el movimiento de las piezas. Un jugador toma las fichas blancas y el otro las negras. En toda la sala, se puede ver el gesto de un apretón de manos: una mujer saluda a un hombre, un niño a un joven, y un joven a un adulto. Con el primer tic del reloj, un silencio profundo envuelve el lugar, marcando el comienzo de la competencia.

El ajedrez no solo ofrece un espacio para la competencia, sino que también crea momentos de conexión familiar en medio de las dificultades. Permite a los jugadores encontrar compañía para charlar sobre temas que, a primera vista, pueden parecer triviales, y proporciona un respiro a los pensamientos y preocupaciones diarias. Emma comenzó a asistir recientemente a Peón Vuelve, atraído por la posibilidad de compartir tiempo con su familia. Invitado por un amigo que ya frecuenta el lugar, llega cada domingo acompañado por su madre, el esposo de su madre -quien sufre de Alzheimer- y un amigo. 


Estos encuentros ofrecen a la familia un respiro de la rutina diaria y de los desafíos que presenta la enfermedad degenerativa. Emma señala que, a pesar de la condición avanzada que padece el esposo de su madre, el ajedrez sigue siendo una actividad que le permite interactuar y disfrutar. “Siempre le gustó la gente y jugar. Queremos compartir este tiempo con él y con el resto de la familia”, comenta Emma.

Hay también quienes asisten solos. Por ejemplo, Lautaro viene desde La Plata para jugar estos torneos abiertos donde puede enfrentarse con cualquier tipo de jugadores. “Es un momento donde aprendes un montón del ajedrez y de los otros”, señala. “Siento que el momento ese de sentarse frente al tablero te empuja a pensar. Es un momento que desconectas, por lo menos yo que soy estudiante universitario no pensar en la cursada permite enfocarme en otra cosa que no sea lo cotidiano”, cuenta Lautaro.  

Fotos: Ignacio Pérez

El club de ajedrez Peón Vuelve no es solo un lugar para aprender; es un espacio social donde la comunidad se encuentra y comparte. Como describe Judith Lina: “tomamos el torneo como algo placentero entre amigos, donde podemos escuchar música que viene de un artista tocando el bandoneón, escuchar algo de política, y estar entre gente conocida”. La pandemia visibilizó aún más la importancia de estos encuentros, convirtiendo el ajedrez en un refugio cultural que ayuda a desconectar del estrés diario y proporciona momentos de conexión y solidaridad.

Este ambiente de contención se manifiesta también en su compromiso social. Durante los torneos, los participantes donan alimentos no perecederos para familias de la zona. La calidad de estos alimentos, a menudo superior a lo habitual, refleja la preocupación de los miembros por brindar algo más que lo básico. Judith añade: “no olvidarnos de algo muy importante, la solidaridad; nosotros lo único que pedimos para el torneo es un alimento no perecedero”. 

Así, el club no solo fomenta el desarrollo personal y el esparcimiento sino que también fortalece el tejido comunitario, demostrando que el ajedrez puede ser un motor de cambio y apoyo en tiempos difíciles.

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