Políticas de inseguridad y alianzas inconvenientes

La intervención de las FFAA en seguridad interior y la integración como socio global de la OTAN son dos grandes apuestas de Javier Milei. ¿Cuáles serían sus consecuencias?
26/09/2024

El gobierno del presidente Javier Gerardo Milei se ha planteado dos reformas que cambiarían dramáticamente la relación de las fuerzas armadas con la sociedad y que alterarían en forma grave la inserción política internacional de la República Argentina.  En época de conflictos entre la visión unilateral de la hegemonía de EE. UU. y la OTAN y la de un mundo multipolar y multilateral, que se expresa no solo en debates académicos o en enfrentamientos intelectuales sino también en graves enfrentamientos territoriales y en diversos lugares del globo.

La primera reforma supone la intervención de las fuerzas armadas en seguridad interior, lo que implicaría modificar en forma severa la normativa existente y utilizar un cuerpo profesional entrenado y equipado para la defensa contra agresiones exteriores en tareas de seguridad interior con una dinámica muy distante.

En vez de preparar los cuerpos de seguridad interior, sean las fuerzas provinciales o fuerza federales con capacitación y equipamiento para la tarea específica, y dotar de personal a los tribunales competentes, intenta apelar a un modelo de guerra civil para el control de la seguridad interior.

Pero mucho más grave que esta modificación, es la decisión del gobierno nacional de integrarse como socio global de la OTAN, lo que es presentado a la sociedad como una ventaja. En palabras del actual ministro de defensa Luis Petri quien afirmó que «la decisión de sumarse al programa de socio global de la OTAN supone la mejora de las capacidades defensivas del país mediante la interoperatividad, ser parte de la discusión de seguridad internacional, modernizar doctrina, acceso a equipamiento e información para dar frente multilateralmente a los diversos desafíos que enfrenta la defensa en el Siglo XXI».

El concepto de interoperatividad es engañoso, porque en rigor supone unificar nuestros sistemas de transferencia de datos y los algoritmos que gobiernan nuestras plataformas de seguridad, como ser los radares, los sistemas de control del tráfico marítimo, o los controles de migración como los que tiene la OTAN, lo que permitiría que sistemas de recolección de datos y de inteligencia electrónica de terceros países puedan ingresar en nuestros sistemas prácticamente en tiempo real y sin autorización precedente.



Y más grave y ambiguo aún es la noción de “discusión de seguridad internacional para dar frente multilateralmente”. Precisamente porque la estructura de Estados Unidos de América y la OTAN no es un sistema multilateral, sino es decir es la expansión de la hegemonía estratégica unilateral estadounidense acompañada de sus satélites europeos en todo el mundo. Este es un monitoreo que en la OTAN nace históricamente como una alianza focalizada en la mutua defensa de las naciones de Europa occidental ante una posible invasión de la ex Unión Soviética y los ejércitos coaligados en el llamado Pacto de Varsovia, pero que caído el muro de Berlín,  desaparición de la Unión Soviética, y desarmada las alianzas militares entre esos países, hizo desaparecer ese factor de riesgo, pero fue reinstalado por la retórica beligerante estadounidense y de sus satélites europeos como una política destinada a desarmar militarmente y vulnerar económicamente a la Federación Rusa, lo que eliminaría el último obstáculo contra dicho proyecto hegemónico.

En línea con la membresía que la Argentina ha solicitado formalmente a la OTAN, viene un enorme gasto en requipamiento militar, con el objetivo de diseñar una fuerza armada que pueda ejecutar tareas militares en el ámbito de nuestro ámbito geográfico que es el Cono Sur y el Atlántico Sur. En una declaración hecha por el ministro Petri ante la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados se señalaba que el rearme en parte se justificaba para el control de los recursos naturales marítimos. Pero la tarea de una marina de guerra no es controlar los espacios marítimos, esa es la tarea de una fuerza de seguridad no militar que es la Prefectura Naval Argentina.

}Ambas fuerzas tienen distintas tareas, lo que supone distinto equipamiento. La tarea de control de la pesca y de la contaminación de los mares no exige armamento antisubmarino, misiles supersónicos para la destrucción de navío de superficie, artillería pesada, y menos que menos submarinos. Exige otros equipamientos que tienen costos sensiblemente inferiores, que los equipamientos de la marina de guerra. Pero en la retórica estatal se entremezcla todo y no se explica adecuadamente que una fuerza de guardacostas no tiene absolutamente nada que ver con una Marina de guerra. Es decir, la Argentina plantea un esquema de rearme qué es inmensamente costoso y que está pensado para que nuestras fuerzas armadas operen como una fuerza que se pueda involucrar en un hipotético escenario de conflicto en el Atlántico Sur.

Pero la situación es más grave todavía ya que el Reino Unido es miembro fundador de la OTAN, y tiene intereses en el Atlántico Sur y la Antártida. Y en particular estos intereses están en conflicto directo con los intereses de la República Argentina. El Reino Unido controla ilegalmente las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y además tiene reclamos de soberanía sobre el continente antártico que se sobreponen absolutamente con los reclamos argentinos, sin hacer lugar o reconocer a ninguno de los títulos que exhibe la República Argentina para tales reclamos. Por consiguiente, no deja de ser sospechoso que la asociación con la OTAN venga de la mano de una moderación en los reclamos sobre la soberanía en las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, todo eso en el medio de calurosos elogios a lo que fue la administración de la Primer Ministro Margaret Thatcher, de la que se ha confesado admirador el presidente argentino, pero a título personal.

Pero no sólo esta adhesión a la OTAN afecta nuestra posición geopolítica en el Atlántico Sur en la Antártida, sino que afecta nuestras relaciones globales. En efecto nos obliga a tomar un partido innecesario e injustificado en el grave conflicto que ocurre actualmente en Europa oriental, fogoneado por los intereses estadounidenses. Así también nos obliga a tomar una posición en cuestiones geopolíticas complejas del área Asia Pacífico, en donde hay una creciente colisión entre los intereses hegemónicos estadounidenses y los intereses de otras naciones en esa región, como ser el reclamo de la República Popular China sobre la provincia de Taiwán que actualmente está bajo un gobierno opositor al gobierno de Beijing. Y esto afecta directamente nuestras relaciones comerciales con la República Popular China, que son centrales para la economía argentina.

En esa reunión de la comisión de defensa, el diputado Eduardo Toniolli (UxP, Provincia de Santa Fe) señaló: «Consecuentemente con la OTAN en materia de defensa los gestos explícitos esto no lo digo yo lo dijo el secretario Battaleme que hace unas semanas vino este congreso y tengo que decirlo con mucha solvencia y elocuencia dio cuenta de la política de defensa de este gobierno, por eso esto no es una evaluación o una valoración y positiva o negativa, es algo objetivo, este gobierno cree en la necesidad de hacer gestos sistemáticos con las potencias occidentales y con la OTAN.

Esta política se expresa por ejemplo en el pedido de integrarnos como socios globales de la OTAN y con la entrada al grupo Rammstein…» (en referencia al Grupo de Contacto de Rammstein, que reunió a los ministros de defensa de la OTAN y sus aliados extra regionales para ordenar el apoyo militar y financiero a Ucrania). Las naciones son dueñas de sus decisiones, pero esclavas de las consecuencias que éstas puedan tener. El abandono de una neutralidad activa respecto a los conflictos hegemónicos entre la posición unipolar de los EE.UU. y la emergencia de múltiples polos que discuten ese hegemonismo, y de una política exterior que privilegia los intereses nacionales sobre hipotéticos intereses externos que no nos corresponden pone en riesgo nuestro sistema de relaciones exteriores.  No sólo se lesiona nuestras relaciones presentes con otros países, sino nuestro futuro, en dónde el precario beneficio que se pueda obtener en la forma de algún voto que nos dé algún acuerdo financiero de corto plazo, se contrapone con el daño de los intereses nacionales permanentes, al colocarnos como socio incómodo y menos de una alianza beligerante

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