Lucha universitaria y cruzada contra el «marxismo cultural»: la que te espera Milei

💪 El ensañamiento de Javier Milei contra las universidades públicas se inscribe en su cruzada contra el "marxismo cultural", expresión utilizada por la ultraderecha global. Sin embargo, la campaña de desprestigio contra la universidad pública no está surtiendo el efecto esperado y se avecina una larga lucha.
11/10/2024
Foto: Luis Robayo (AFP)

Luego de la ratificación del veto presidencial en la Cámara de Diputados -gracias al respaldo de sectores del PRO, de la UCR y de gobernadores provinciales-, el Frente Sindical de Universidades Nacionales anunció un nuevo paro universitario para el jueves 17 de octubre. Una fecha que coincide con el Día de la Lealtad peronista y que apenas marca el inicio de una serie de medidas de lucha. De hecho, los gremios docentes y no docentes se reunirán el martes 15 con varios centros de estudiantes y el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) para «acordar un marco de acción programático».

Fuentes consultadas por este medio coincidieron en que, inclusive entre los estudiantes universitarios menos politizados, existe un compromiso con la causa y que desde antes de la pandemia no se registraba tanta participación. «Subidísimo todo el mundo», resumieron. En las facultades tomadas de la UBA, hubo un respaldo casi unánime y se cree que las próximas asambleas tendrán «el doble o triple» de presencia. ¿Una ola difícil de parar?

El ensañamiento de Javier Milei contra las universidades públicas se inscribe en su larga cruzada contra el «marxismo cultural», expresión utilizada por la ultraderecha global para justificar la habilitación del racismo, el sexismo y la intolerancia política y cultural en diferentes ámbitos. De acuerdo con esta corriente, las universidades -sobre todo las progresistas- se habrían convertido en «zonas seguras» que protegerían a los estudiantes de los daños psicológicos provocados por diferentes formas de ofensas verbales. Esta forma de «corrección política» atentaría contra la libertad de expresión. Por ello Milei cerró el Ministerio de la Mujer -supuesto bastión de la «ideología de género»- y dijo que el calentamiento global «es un invento del socialismo». Y ahora va por el nocaut a las universidades.

Por su vocación espiritual, el presidente Milei sabe lo que es dialogar con fantasmas. Muestra de ello son sus charlas cotidianas con el perro Conan, a pesar de que su «hijo de cuatro patas» -el predilecto- está muerto desde el año 2017. No sorprende entonces que el mandatario argentino haya tomado el fantasma del «marxismo cultural» como parte de una amenaza externa y foránea que incluye al feminismo y al colectivo LGBTQI+, entre otros. «La casta también son los supuestos científicos e intelectuales, que creen que tener una titulación académica los vuelve seres superiores y por ende todos debemos subsidiarles la vocación», dijo el mandatario en su discurso inaugural en el Foro de Madrid.

Foto: Luis Robayo (AFP)

¿Acaso le puede salir el tiro por la culata a Milei? A continuación, algunos aspectos de la resistencia universitaria en curso a tener en cuenta (y que debería tomar nota el Presidente):

Los universitarios saben luchar

El movimiento universitario luchó contra las dictaduras militares de las décadas de 1960 y 1970, resistió las reformas educativas menemistas en los ´90 y hasta la caída del régimen neoliberal en 2001. También supo tomar el rectorado de la UBA en los mejores años del kirchnerismo y repudiar la política económica del gobierno de Mauricio Macri allá por el 2018. Se trata de un movimiento amplio: incluye fracciones peronistas, kirchneristas, radicales y de izquierda. Abarca una franja etaria que oscila mayoritariamente entre los 18 y 30 años, es decir que se caracteriza por su frescura y tendencia a la rebeldía. Ningún obstáculo le parece inalcanzable: utopía y juventud están íntimamente relacionadas.

Crisis de representación

El conflicto con las universidades agrava -en forma peligrosa para el Gobierno- la contradicción entre el pueblo y sus representantes. Es el caldo de cultivo perfecto para una rebelión popular que tenga a los jóvenes como protagonistas. Cuando un diputado del PRO, La Libertad Avanza o la UCR vota a favor del veto presidencial pero está graduado en la universidad pública, muestra la bajeza de un régimen llamado «democrático» pero que en los hechos respeta cada vez menos la voluntad de las grandes mayorías. Párrafo aparte para los diputados que llegaron a una banca por el peronismo, pero que hoy militan el transfuguismo político. «Esto es lo que está destruyendo las representaciones políticas y sus instituciones», dijo ayer la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Apoyo popular a las universidades públicas

De acuerdo con una reciente encuesta de la consultora Analogías, casi el 85% de la población argentina tiene una valoración positiva sobre la universidad pública. Por el contrario, sólo el 10,9% cree que la imagen de estas instituciones es negativa. De la universidad pública, los encuestados destacan precisamente la calidad del aprendizaje y el desempeño. Esto significa que la campaña de desprestigio contra la universidad pública -llevada adelante por distintos representantes del gobierno nacional- no está surtiendo el efecto esperado, a pesar de los deliberados esfuerzos del presidente Javier Milei por equiparar el financiamiento al «curro de tres delincuentes». En el imaginario colectivo argentino, la universidad pública se percibe como uno de los pocos bienes comunes que propician la posibilidad de una movilidad social ascendente, en un contexto de cada vez mayor pobreza y exclusión social.

Federalismo universitario

Tras el acompañamiento al veto de Milei en Diputados, ya son más de 30 universidades con facultades tomadas o vigilias realizadas desde el 8 de octubre pasado. Abarcan un total de 18 sobre 24 provincias que respaldan la Ley de Financiamiento Universitario y el reclamo es por más educación pública y gratuita. Del bastión mileista de Córdoba al peronista de La Matanza. Movimientos similares suceden en Mendoza -otro lugar donde Milei pisa fuerte-, San Juan, Misiones, Entre Ríos, La Plata, Tandil, Bahía Blanca, Salta y Jujuy. No son sólo los «cabecitas negras» del conurbano bonaerense que votan generación tras generación al peronismo. El sistema universitario argentino está compuesto por más de dos millones y medio de estudiantes. Desde 1983 hasta 2022, la matrícula universitaria creció un 500%. El 80% estudia en las 57 universidades públicas nacionales y 6 provinciales que se encuentran esparcidas a lo largo y ancho del país.

Ponerse en contra a la clase media

El grueso de los sectores que llegan a la Universidad pertenecen a la alicaída clase media, hoy golpeada por la profunda crisis económica. El intento de desfinanciar las universidades públicas sería un golpe de gracia para las lógicas aspiracionales de un sector que actualmente es volátil -no exhibe lealtades políticas estáticas- y podría darle la espalda a Milei más rápido de lo esperado. El mantra del déficit cero y de bajar el Riesgo País no son argumentos serios ni sólidos para negar el financiamiento a las universidades. Cuando se toca la fibra sensible del bolsillo -y ni hablar ahora que las vacas están más flacas-, remember los efectos del tarifazo macrista: empeoramiento del malestar social y contundente rechazo a todas las medidas antipopulares.

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