Guillermo «Willy» Durán es el decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA), con mandato hasta el año 2026. Matemático de profesión, se define como «progresista» y en sus redes sociales exhibe fuerte simpatía hacia el gobernador Axel Kicillof. Junto a los decanos de Sociales y Filosofía y Letras, es una de las conducciones disidentes al radicalismo universitario. Sin embargo, destaca que en estos diez meses de gobierno de Javier Milei existió una fuerte articulación en defensa de la universidad pública: «Al menos en la Universidad de Buenos Aires, hay una unión muy clara en defensa de estos valores entre distintos sectores. Todos los sectores que conformamos la UBA estamos en la misma sintonía».
En diálogo con El Grito del Sur, Durán analiza la nueva Marcha Universitaria y las posibles consecuencias de un veto del Presidente a la Ley de Financiamiento Universitario, así como el feroz ajuste que sufren las universidades públicas en todo el país.
¿Cuáles son tus expectativas de cara a esta segunda Marcha Universitaria?
Ojalá sea similar a lo del 23 de abril. Que, una vez más, el pueblo argentino demuestre su decisión de defender a las universidades públicas y al sistema de ciencia y tecnología. Lo bueno de la marcha de abril fue su transversalidad en todos los sentidos: en términos de edades, sectores sociales e inclusive de votos en las elecciones. Había allí votantes de distintos espacios políticos, hasta del gobierno actual. Si pasa lo mismo, sería una excelente muestra de que la universidad pública argentina es un bien de la sociedad y que estamos dispuestos a defenderla de la mejor forma posible.
Hasta el momento, la Marcha Universitaria fue la principal demostración de fuerza contra el gobierno de Javier Milei. ¿Cambió algo desde ese momento hasta ahora?
En términos boxísticos fue el primer golpe que les entró. Hay que volver a hacer lo mismo el día miércoles. La propuesta que el Congreso hizo es buena, ya que retrotrae el presupuesto universitario a la situación del 1 de diciembre del año pasado. Y si la decisión del Presidente es vetar esa ley, la movilización será fuerte también como mensaje a los diputados y senadores para que después puedan ratificar con dos tercios la promulgación de esta ley. En el Senado los números estarían, ojalá se pueda convencer a algunos diputados que puedan estar en duda. Vetar primero la ley de Financiamiento y que luego el Congreso la ratifique con dos tercios sería una derrota tremenda para el Presidente.
¿Qué significaría en términos políticos un veto a la ley de Financiamiento Universitario?
En principio no es nada que nos sorprenda. El gobierno nacional cree que hay que desfinanciar las universidades y el sistema de ciencia, así como la salud pública y la cultura. Estamos en un país donde funcionan los distintos poderes, por lo tanto hay que lograr que lo ratifique el Congreso de la Nación. Retrotraer la situación al 1 de diciembre es al menos un buen punto de partida: en ese entonces no estábamos en el mejor de los mundos, pero era una situación mucho mejor que ahora. Hay salarios que han perdido entre un 25 y un 50 por ciento de su poder adquisitivo en estos últimos diez meses.
¿Cómo impacta en el presupuesto 2025 el capítulo destinado a las universidades?
Es la misma propuesta de desfinanciamiento. Incluso en el artículo 27 decidieron no cumplir con algunas leyes ya aprobadas, como por ejemplo la ley de ciencia y tecnología. Lo mismo aplica a otras leyes del sistema educativo. Por supuesto que nosotros nos opondremos a eso y trataremos de seguir concientizando a nuestra sociedad y a los dirigentes políticos de que es imposible un país serio sin sostener como corresponde las universidades y la ciencia.
¿Cómo se está dando la articulación con los sectores del radicalismo que gobiernan la Universidad?
Una de las cosas que yo reivindico como muy positiva es el trabajo en conjunto que hemos tenido con la Universidad de Buenos Aires, los 13 decanos y el Consejo Superior. En la actualidad somos tres los decanos que no votamos al oficialismo de la UBA: además de Exactas, están Filo y Sociales. Pero la verdad es que hemos trabajado en sintonía con los otros diez decanos, así como con el rector y el vicerrector en la defensa de la universidad pública y del sistema de ciencia. Ese es el lado positivo de lo que vivimos estos diez meses. Al menos en la Universidad de Buenos Aires, hay una unión muy clara en defensa de estos valores entre distintos sectores. Todos los sectores que conformamos la UBA estamos en la misma sintonía.

Teniendo en cuenta el fuerte desfinanciamiento, ¿qué impacto tuvo esta situación en la cotidianeidad de la Facultad de Exactas?
Afecta por todos lados. La paralización de los fondos hace que sea muy difícil seguir desarrollando Ciencia como era hasta el año pasado. Y después la cuestión salarial hace que la gente se vaya, que directamente no llegue a fin de mes, que se vaya a universidades privadas o fuera del país. Es imposible sostener una universidad pública de calidad con estos sueldos. Hoy un ayudante de Primera con dedicación exclusiva gana 500 mil pesos por mes o un trabajador no docente 400 mil por mes. Y en muchos casos, nuestros recursos humanos son muy queridos en los distintos ámbitos, tanto en la industria como en las universidades privadas y en países limítrofes. Con costos de vida similares, Brasil, Uruguay y Chile pagan entre tres y cinco veces más que acá. En esas condiciones va a ser muy difícil sostener un sistema de calidad.
¿Cuáles son las consecuencias de este modelo económico para el sector al que perteneces? ¿Temen una nueva «fuga de cerebros»?
Es un desastre. No hay país que pueda desarrollarse sin invertir en universidades y ciencia. No es un tema ni de izquierdas ni de derechas, hay muchos países con gobiernos de derecha que invierten en ciencia. Israel es uno de los casos más paradigmáticos. Y yendo a nuestra región, Uruguay tiene un gobierno de derecha que invierte en ciencia y universidades. Estamos frente a un experimento casi ridículo y absurdo que no se ve en casi ningún lugar del mundo y que no tiene ninguna chance de ser exitoso. Cuanto más dure, más difícil va a ser revertirlo porque el daño será muy fuerte. Respecto a la fuga de cerebros, ya está pasando. Lo estamos viendo en el día a día, en todas las disciplinas. Siempre existió la posibilidad de irse afuera en condiciones muy buenas, pero ahora con estos salarios bajos y la falta de subsidios ocurre en mayor medida.
¿De qué forma debe darse la lucha educativa y de las universidades en particular en este período histórico?
En la calle, en los medios de comunicación, concientizando a nuestros compatriotas. Hay que seguir convenciendo por todas las vías posibles de que este modelo nos lleva a un desastre. Se ve en el día a día, en los índices de pobreza, etc. Hay que seguir enfrentándolos en todos los ámbitos que podamos. Hoy se ve mucha preocupación en el estudiantado de nuestra Facultad porque obviamente estamos en un cuatrimestre muy anormal con mucho paro y movilización, producto de las políticas que lleva adelante este gobierno. Hayan votado lo que hayan votado, hay una fuerte concientización de nuestros estudiantes de que este modelo no va y que hay que defender las universidades públicas para apostar a ser un país desarrollado. En ese sentido, los distintos claustros y generaciones estamos en sintonía.








