– ¿Cuánto de las vivencias en la imprenta te transformaron en quién sos?
– A partir de hacer esta obra yo descubro una serie de cosas, como decís vos, que me transforman en quién soy. Al revisar un poco esa infancia en la imprenta y la observación que hice sobre cómo mi papá hacía ese trabajo, escuchando el relato de mis hermanos, que también lo vieron más directamente trabajando en la máquina porque trabajaron con él, me doy cuenta que ese nivel de pasión que él tenía en ese caso por la gráfica es un poco análogo con lo que a mí me pasa con la actuación, con lo escénico, con trabajar con la ficción. Entonces me parece que de chica haber sido testigo de alguien que tenía pasión por su trabajo creo que de alguna manera me inyectó a mí algo de eso.
Cuando Lorena Vega llega al Teatro Picadero, hay dos señoras que la esperan. Le cuentan desde dónde viajaron para que les firme el libro, que vieron su obra, la obra de su vida, y entre detalles como prometerle que irán a verla a otro de sus espectáculos en cartelera, ella toma una lapicera y les dedica sus ejemplares.
— Así es todo el tiempo — comenta poco antes de que la cámara se encienda y la charla comience a quedar registrada. Desde hace seis años, “Imprenteros” habilitó a que siempre surja quien la reciba.
Cuando la obra inicia, ella también ya está sobre el escenario; va viendo cómo llegan y se acomodan espectadores y espectadoras. Comienza a contar que diez días después del día en que falleció su padre, un 11 de septiembre, el mismo día del atentado a las Torres Gemelas, pero años más tarde; les cambiaron la cerradura del portón de su imprenta, y desde entonces ella y sus hermanos no pudieron volver al sitio donde detrás está el jardín de la que era la casa de su abuela. Frente a esto, Lorena escribió una lista de motivos por los cuales quisiera volver al taller: _Porque fui siempre, porque tengo derecho, porque extraño, porque el lugar tiene un olor a grasa mezclada con humedad que sólo está en ese lugar, porque quiero llevarme ropa de él, porque necesito escuchar el ruido de esas máquinas…_ Y así lee un papel que tenía guardado en el bolsillo.
A partir de su monólogo y presentación, “Imprenteros” despliega con una técnica original su universo entre proyección de imágenes, de videos como su fiesta de 15 (mención corresponde, es uno de los fragmentos favoritos con aplausos y risas del público), escenas de actuación guiadas (con un elenco que integran Julieta Brito, Juan Pablo Garaventa, Christian García y María Inés Sancerni), un audio de su mamá Eugenia “Yeny”, y entrevistas a sus hermanos Federico (contador) y Sergio Vega (gráfico) a quien invita a subir al escenario: «¿Soñaste con él? ¿Te gustaría volver a entrar? ¿Querés llevar sus cenizas a Mar del Plata?» Del mismo modo que ella con sus hermanos, El Grito del Sur indaga en Lorena.

— “Imprenteros” es una experiencia que permite una continuidad desde múltiples formatos: la obra, pero también el libro, su película, una muestra. ¿Cómo estás viviendo ese ida y vuelta con la gente que te espera?
— Lo vivo con mucha alegría, con sorpresa, con agradecimiento, fundamentalmente. Me parece muy emocionante lo que pasa con el público. Como decís, hay varias piezas ahora, con el libro y con la película también pero no hay que olvidar que es con una obra de teatro y que el origen está en la obra, y donde más la gente puede tener contacto conmigo y con el equipo es el día de la función. Siento que estamos más acostumbrados y acostumbradas a que sea con una banda, en un recital, y acá pasa con una obra y eso me parece alucinante.
Entre los motivos que escribió para volver a la imprenta, Lorena quería recuperar unas fotos que su amigo César Capasso sacó del taller y que ella le regaló enmarcadas a su papá cuando cumplió 60. Afortunadamente, él las conservó en uno de sus discos rígidos viejos y fueron el puntapié. Le contó que estaba haciendo una obra. Él le contestó: “Lore, me dedico al retoque digital, yo con Photoshop los meto a los tres de nuevo adentro”.
Por su trabajo, César fue premiado. Tanto el libro como la obra fueron declarados de Interés Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina en 2021. Este 2024 se estrenó la película documental homónima dirigida por Gonzalo Javier Zapico –también pareja de Lorena–, que transita la creación del libro con contratapa escrita por la autora Camila Sosa Villada (Las Malas; Tesis sobre una domesticación). El film ganó el Premio del Público a la Mejor Película y una Mención Especial del Jurado y nominado al premio ASA a Mejor Sonido, en la 25° edición del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).
La génesis de escribir “Imprenteros” surgió en 2018, como propuesta de la artista Maruja Bustamante en un ciclo que brindó en el Centro Cultural Rojas (CABA), donde invitaba a realizar algún trabajo vinculado con el concepto “familia”. “Me dijo: ‘podés no hacer una obra de teatro’, cosa que a mí me ayudó un montón porque entonces se corrieron los márgenes de la prueba, y entonces estaba liberada para hacer cualquier tipo de experimento”, detalla Lorena.
La directora y actriz ya venía elaborando individualmente la idea de poder trasladar sus sensaciones y vivencias. El resultado generó una obra altamente sensorial, que permite apreciar que el teatro es un oficio capaz de ir detrás del enigma que es un padre: taurino, cabrón, que llegó a dos paquetes de cigarrillos por día, a veces tres, reacio a cambiar sus máquinas, quien le negó imprimir las tarjetas de sus 15 y que cada tanto le preguntaba: «¿para cuando Suar?» en relación a trabajar con el productor.
De alguna forma de significancia, Lorena viene de estrenar “Envidiosa”, la serie de Netflix con su producción. En la plataforma la encontramos en “Norma”, la primera película escrita por Mercedes Morán, y próximamente la veremos en “En el barro”, el spin-off de “El Marginal”. Mientras que en teatro realiza funciones con “La vida Extraordinaria”, “Las cautivas” y, claro, “Imprenteros”: “una obra de teatro que trabaja con lo rústico, con lo casero, con materiales de desecho, que por ahí pensamos que no sirve: con aquello que queda por fuera. Eso es tanto en términos literales como en términos semánticos y metafóricos”.
— Sergio, tu hermano menor, te agradece por enseñarle a “tirar ese portón abajo de otra manera diferente a la mía”. ¿Qué otros portones sentís que derribaste?
Un montón. A mí la actuación, y hacer teatro, que es un trabajo en equipo, me enseñó mucho en relación a trabajar con otros, a ejercitar más la escucha, a disfrutar de la aparición de lo inesperado, a darme cuenta que tenía más posibilidades de recursos expresivos, sensoriales, narrativos, que yo no sabía que tenía. La actuación es un poco eso: un camino de autobuceo, de ver qué más hay ahí, que excede a tu personalidad, hay otra cosa. Derribar esa puerta del desconocimiento, de los prejuicios, de creer que algo no tiene sentido o no funciona, y te das cuenta que todo lo contrario. Derribó muchas cosas, y se abrieron muchas puertas, y mi agradecimiento a esta actividad es pleno y total, es lo que me configuró como persona.
— Él también insistía en hacer el libro por miedo a que no quede nada después de la obra; sin embargo, lograron un universo. ¿Qué cosas te o les dan miedo que se pierdan?
Yo no quería que se perdiera algo de lo que nos generó hacer esta obra. Y ya cuando él insiste con el libro, sentía que el libro nos iba a ayudar a eso. Pero después, cuando vino la película me di cuenta que estaba anudando mucho más todo ese recorrido. Creo que tiene que ver con un amor y valoración que tengo por el archivo, por los documentos, por la relación que tenemos con cosas que nos constituyen, que quizás crearon otras personas y dan cuenta de ese vínculo, de esa existencia, de que hubo un cuerpo, unas manos, una mirada, eso me parece que es fuerte. Cuando viajás y ves algo que se construyó hace muchos años, es muy emocionante: ver que ahí hubo cuerpos laburando, pero me parece que en definitiva es la lucha contra la muerte, ¿no? Como que profundamente es esa batalla que damos todos los días que sabemos que en algún momento se nos va a terminar este tránsito y bueno, cuál es el paso por acá: dejar un poco de huella sobre nuestro paso por el mundo.

— En “La vida extraordinaria” hay un padre que imprime su huella. ¿Cuánto te emociona a vos de eso?
Me emociona mucho. Sobre todo porque Valeria (Lois) lo hace increíble. Las dos obras “Imprenteros” y “La vida extraordinaria” cumplieron seis años. Porque en 2018 estrenamos primero en agosto “La vida extraordinaria” y al mes “Imprenteros”. Me emociona como a toda la platea. Vos sabés que cuando lo veo no hago especialmente un link con mi historia personal en ese monólogo –que me parece sano–, pero sobre todo la obra –que tiene un montón de momentos para emocionarse– me emociona sobre todo en momentos que son graciosos, no solamente los más nostálgicos o melancólicos. A veces me puede hacer llorar un momento de gran comicidad porque me emociona el cuerpo en esa tarea, cuando alguien puede tocar esa nota con tanta habilidad, me parece que ahí se produce un fenómeno y ese acontecimiento me llega también.
— Hablando del poder separar, al hacer “Imprenteros” una es consciente que pasa por el cuerpo su historia y escribís: “iba a actuar de mí; yo iba a ser yo”. ¿Cómo llevás eso?
Siempre pensé poner mi historia a disposición y que eso era un material. Entonces lo trabajé como un material y no lo hice sola sino con otras miradas que para mí hicieron el corte que no se tratara como si fuera una especie de experiencia terapéutica sino que era un material autobiográfico a disposición. Que hacés un viaje profundo, sí lo hacés, pero no sé si tan distinto a cuando estás interpretando un personaje complejo: tenés que también bucear en los misterios de la condición emocional de ese personaje y para eso vos también tenés que ponerte en juego de esa situación.
No tengo para relatar momentos donde ha sido complejo. Sí con la obra cada vez más armada tenía temor de qué tipo de interés iba a tener una historia tan mínima de alguien desconocida y que contaba algo que no tenía anecdóticamente mayor relevancia, sino que era algo mínimo. Eso sí, en su momento llegando al estreno me daba un poco de temor: decía ‘uy me parece que me mandé en una…’ que voy a quedar como medio estrolada, medio expuesta. ¿Estaré actuando bien? ¿Se entenderá la historia? ¿No será demasiado larga? ¿Demasiado corta? ¿Demasiado rara? Tenía todos esos fantasmas, pero a la vez yo estaba haciendo un trabajo y siempre que vas a estrenar algo tenés dudas; y cada tipo de material, diferentes dudas. Pero bueno, estaba dispuesta a arriesgarme y este trabajo tiene eso cada vez.
— Tanto en el libro como en la película, recopilás muchos de los comentarios que te acerca el público «si necesitan abogados, llamame», «¿vos constelás?». ¿Te piden un final?
Hay todo tipo de comentarios y eso es muy divertido. Están ahí capturados en el libro y es lo que decís de ese fragmento de la película donde también contamos lo que nos dice la gente. Es parte de lo que abre el material: como en nuestro caso tenemos mucho contacto con el público, lo escuchamos, está buenísimo y podríamos hacer un libro con eso. Eso corre por cuenta de lo que le dispara la obra a los demás. Yo decido contar esto hasta acá, es lo que pude, lo que decidimos, lo que nos pareció y esta es nuestra historia.
— Estás con una cartelera a pleno con “Las cautivas”, en ficciones como “Envidiosa”, grabando “En el barro”, dirigiendo “Testosterona” con Cristian Alarcón. Hay de todo para conversar con vos, ¿cómo estás?
Muy bien. Agradecida. Siento que es un privilegio enorme tener tanto trabajo en este momento tan complejo del país. Concentrada en eso.
Lorena Vega es actriz, directora, dramaturga. Distinguida por la Fundación Konex con Diploma al Mérito como Actriz de Teatro (2021). Su infancia en el barrio de Flores, el recuerdo de la imprenta en Lomas del Mirador, de su padre, de una madre formoseña y modista; el sonido de las máquinas, el contacto con las imágenes del lugar al que habilita a conocer. Sus hermanos. El libro contiene a la obra, la película al libro. Así todo queda protegido.






