“Al Gobierno de la Ciudad no le interesa la cultura. Están intentando palermizar San Telmo, cuando lo que tiene es la impronta de barrio. Ellos siempre van en contra de todo lo popular”, dijo Mariano Cipolat en una conversación con El Grito del Sur. Él es artesano de la feria que funciona en la calle Defensa al 1300 desde hace 15 años, aunque desde hace 22 se dedica a hacer y vender artesanías en las calles porteñas. Hoy en día trabaja con cuero. “Vivo de esto, mis hijos se educan con esto, las cosas que ellos necesitan salen de este trabajo”, sostuvo.
Al igual que los feriantes de Defensa al 1200 y Plaza Dorrego, Cipolat y sus compañeros recibieron una notificación enviada por el Gobierno de la Ciudad que indica que la feria de San Telmo debe reducirse a la mitad. “A los artesanos de la calle Defensa al 1300 nos llegó una disposición por escrito, hace tres domingos, que busca reducir la feria a una sola mano, lo que hace que la mitad de los compañeros y las compañeras se quede sin trabajo”, contó Cipolat.
“A los que estamos en la feria de Plaza Dorrego todavía no nos llegó una notificación formal escrita, pero sabemos que quieren desalojar la parte de la feria que se arma en lo que se conoce como ‘el murito’, que tiene poco más de un metro de altura y separa el corazón de la plaza y la vereda. Ahí trabaja la mitad de nuestros compañeros”, dijo a este medio, por su parte, Elva Alejandra Sarmiento, otra artesana de San Telmo. Ella se dedica a hacer mochilas, cinturones, llaveros, pulseras y materas con cuero vacuno. “Mi familia me enseñó el oficio. Ya hace casi 10 años que trabajo en la feria de Plaza Dorrego. Es mi única y exclusiva fuente de trabajo”, expresó.
Sarmiento contó que en junio la Dirección General de Permisos y Ferias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires citó de manera informal —porque no hay ninguna minuta de la reunión— a los delegados de los feriantes de San Telmo. Según contó la artesana, en esa reunión Facundo Roldán -gerente operativo del área de Ferias- entregó un proyecto que constaba de un plano donde se visualizaban solamente 70 puestos de trabajo. Roldán dijo que el GCBA necesitaba reordenar el espacio público porque la feria estaba desmadrada. “Es cierto que este año fue creciendo la cantidad de personas que vienen a trabajar por la crisis económica y también porque están desguazando las otras ferias, como la de los compañeros de Caminito, que no pueden trabajar en su espacio original y buscan otros lugares para poder solventarse”, dijo Sarmiento.
La artesana contó que, poco antes de que tuvieran la reunión con las autoridades porteñas en junio, fue un arquitecto al lugar que, sin consultar con nadie, hizo un plano con 70 puestos, sin contemplar que hoy en día trabajan en la plaza unas 130 familias —eso sin contar a quienes trabajan en la calle Defensa—. “En la reunión de junio, el Gobierno de la Ciudad dijo que la utilización de ‘el murito’ en la Plaza Dorrego no es legal para la feria. Pero todo fue de palabra, nunca nos llegó un escrito”, agregó Sarmiento.
Por su parte, Cipolat aseguró que “la excusa que pone el Gobierno de la Ciudad para quienes estamos en Defensa al 1300 es que las autobombas y los vehículos policiales no pueden circular, cosa que no es real porque han pasado hasta ambulancias por ahí. Nosotros consideramos que es un acto discriminatorio porque la feria desde Defensa e Independencia hasta Plaza de Mayo es de doble mano y esta disposición sólo nos afectaría a quienes estamos en Defensa al 1300”.
Sarmiento, por otro lado, contó que ella y sus compañeros de Plaza Dorrego sospechan que quien era el delegado de los artesanos en junio —mes en el que tuvo lugar la reunión con Roldán— fue cómplice del plan de reordenamiento. “Si bien la reunión fue en ese mes, la información a los artesanos nos llegó mucho tiempo después. Sabemos, pero no podemos demostrarlo, que el delegado que teníamos en ese momento se reunió con algunas autoridades de Ferias en diciembre o enero para desarrollar todo esto de ahora. No lo podemos denunciar porque no tenemos pruebas, ya que no hay minutas ni registros de las reuniones”, sostuvo la artesana. Es más: dijo que “la metodología del Gobierno de la Ciudad es enfrentarnos a compañeros del mismo espacio. Por eso estamos luchando por toda la feria: por titulares, no titulares, visitantes y viajantes”.
De cualquier manera, una vez que se enteraron del nuevo plan del Gobierno porteño, los feriantes de Plaza Dorrego se contactaron con el personal de la Defensoría del Pueblo y, mediante este organismo, lograron concretar una nueva reunión para el 4 de octubre. “Ese día por parte de Ferias estaban Facundo Roldán, que es el gerente operativo; Diana Cabrera, que se encarga de otorgar permisos para las ferias; una abogada del Gobierno porteño; y Alexander García, el segundo de Roldán. Y asistimos cuatro personas en representación de la plaza”, expresó Sarmiento.
En ese momento solamente había 13 artesanos con permisos otorgados para trabajar en la feria de Plaza Dorrego. Si bien ahora hay 28 permisionarios, todavía quedan unos 102 que no tienen un permiso otorgado. De ahí que en la reunión del pasado 4 de octubre “nos dijeron: ‘Agradezcan que les estamos dando 70 puestos cuando en realidad tendría que ser más pequeña la feria si fuera sólo por quienes tienen permiso’. Pedimos en la reunión que hicieran nuevas fiscalizaciones para dar permisos nuevos, porque para ellos somos ilegales. Por eso nuestra lucha también es que se reconozca nuestro sentido de pertenencia y nuestros años de trabajo en el lugar”, dijo Sarmiento.
¿Por qué tienen tan pocos permisos? “Eso se da porque la Ley 4121 que se sancionó en 2011, que es la que nos ampara, está mal redactada. Quienes trabajamos desde hace muchos años en la Plaza Dorrego tenemos en realidad un permiso para la calle Defensa. Y la ley dice que ninguna persona puede tener dos permisos para dos ferias diferentes de la Ciudad. Pero es de sentido común saber que trabajando solamente un día de feria nadie puede subsistir”, manifestó Sarmiento. De ahí que ella es permisionaria en Defensa al 500 para trabajar los domingos, pero también vende artesanías en la feria de Plaza Dorrego los jueves, viernes, sábados y feriados bajo la figura (no legal) de “invitada permanente”. Otros de sus compañeros lo hacen bajo la figura (tampoco legal) de “invitados preexistentes”, que alcanza a quienes trabajaban como artesanos en San Telmo desde antes de 2011, año en que se sancionó la Ley 4121.
En una situación parecida se encuentra Cipolat en la calle Defensa al 1300. Él no tiene un permiso para vender artesanías en la feria debido a un acuerdo judicial que se hizo después del intento de desalojo que el Gobierno de la Ciudad quiso ejecutar en 2019. “Desde hace dos años que sobre calle Defensa no tenemos fiscalizaciones, están cerradas. Mis compañeros renovaron el pedido de fiscalización con número de expediente y la autoridad de aplicación nunca los llamó”, contó Cipolat.
“La fiscalización es la prueba de taller que nosotros tenemos que hacer para mostrar que somos artesanos y manualistas, entonces ahí el Gobierno porteño nos da la autorización para trabajar en las ferias”, aclaró el artesano. También aseguró que la autoridad competente es la Dirección General de Permisos y Ferias, que está dentro de la Subsecretaría de Ordenamiento Urbano perteneciente al Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana porteño.
Al respecto, Sarmiento dijo que “en todo este tiempo pudimos trabajar bien sin la necesidad de un permiso, porque fue un arreglo de palabra con las autoridades anteriores. Eso fue una mala gestión del área de Ferias del Gobierno de la Ciudad, porque ellos no llamaron a fiscalizar y no otorgaron nuevos permisos. Pero ahora ellos te dicen: ‘¿Para qué querés mantener una feria de 130 puestos cuando sólo hay 28 permisionarios?’”.
La artesana contó que en la reunión que tuvieron con las autoridades porteñas el 4 de octubre, los feriantes pidieron que bajo ningún punto de vista avanzaran en una disposición judicial sin antes tener un diálogo con el conjunto de trabajadores. “Ellos nos dieron su palabra pero no nos dieron nada por escrito. Ese día nosotros presentamos una contrapropuesta: armar unas estructuras livianas sobre el muro de la Plaza Dorrego pero sin hacer contacto, entonces no hay manera de que nosotros seamos parte de la destrucción del casco histórico, que fue uno de los argumentos que ellos utilizaron. Ya pasó un mes desde esa reunión y no obtuvimos ningún tipo de respuesta”, aseguró Sarmiento.

Esa falta de respuesta hizo que los artesanos —todos: los de calle Defensa y los de Plaza Dorrego— se movilizaran el 29 de octubre hacia la Jefatura de Gobierno para solicitar una nueva reunión. “Hicimos varias notas: una por cada sector y una más unificada por todas las ferias de San Telmo. No nos dejaron ingresar a la Jefatura. Los compañeros tuvieron que dejar las notas a través de la reja. Nos las sellaron y nos dieron una copia del expediente. Dijeron, de palabra, sin un documento escrito que lo avale, que van a recibir a seis de nuestros representantes el 6 de noviembre ahí en Jefatura de Gobierno”, contó Sarmiento.
Cipolat también mencionó esa próxima reunión y dijo que “va a ser a las 16 horas. Estamos convocando, para que vengan ese día también, a los compañeros y compañeras de otras ferias porque el avance del Gobierno de la Ciudad con el reordenamiento del espacio público va a ser cada vez peor”. Él comentó que cuando hay crisis económica y los comercios no venden nada, el Gobierno porteño busca reducir las ferias para no diversificar las ventas y, así, solucionar el problema económico que tienen los locales. “Siempre la variable de ajuste, en ese sentido, somos nosotros —agregó Cipolat—. Yo creo que es un encono personal que tiene el PRO con los sectores populares y las ferias. El artesano y el manualista generan parte de un corredor turístico nuevo y, una vez que funciona, los grupos económicos y el Gobierno de la Ciudad pretenden quedárselo cuando en realidad el círculo turístico lo generamos nosotros”.
A su vez, Sarmiento opinó que “además de arrasar con la cultura esto es como una limpieza para ellos, así como en su momento festejaban y hacían publicaciones en redes sociales por tirar las pocas pertenencias de la gente en situación de calle. Es la misma línea, la de descomprimir el espacio público”. La artesana de Plaza Dorrego también dijo que “nosotros somos autogestivos. El Gobierno de la Ciudad no puede sacar un rédito económico de nuestra actividad, pero tampoco le generamos gastos. La feria funciona bien como está, no hay necesidad de dejar a más de la mitad de la gente sin trabajo”.
Por otro lado, Sarmiento expresó que “el clima de incertidumbre que se crea es muy difícil de llevar porque no sabés si un día van a venir con la policía. Ya pasó en 2019 cuando hubo un desalojo de la feria de los domingos en la calle Defensa, que desencadenó una represión infernal con trabajadores y artistas detenidos. Ya sabemos cómo se manejan, por eso pedimos esa reunión”.
¿Puede haber un acuerdo en la reunión del 6 de noviembre? “Lo veo difícil. Considero que la única manera que habrá de acordar es que sigamos movilizando y estando en la calle, que ellos noten la presión desde nuestro sector”, dijo Cipolat.
¿Qué pasaría si el Gobierno de la Ciudad se saliera con la suya? “Implicaría quedarnos sin trabajo una vez más —opinó Cipolat—. Ya nos lo han hecho en 2019, cuando nos dejaron casi 6 meses sin trabajar, hasta que pudimos llegar a un acuerdo judicial. Hoy estamos repitiendo la misma situación”.
“Yo no lo puedo concebir ni siquiera como posibilidad. No vamos a abandonar nuestro lugar de trabajo por más de que tengamos que resistir un montón de tiempo sin poder vender. Estamos haciendo todo lo posible para que eso no suceda. Queremos mantener todos los puestos de trabajo y vamos a luchar por eso”, sostuvo Sarmiento.






