Si a la economía la regula la mano invisible del mercado, a la cultura la vienen condicionando los corazones anónimos de las redes sociales. Ya lo dijo el presidente: “¿Alguien vio las métricas de ese tweet?”. No hay límites con tal de generar interacciones, ni siquiera para el presidente que parece hacer posteos solo para aumentar esas métricas que mencionaba en la entrevista con Trebucq. El problema es que, desde hace rato, lo virtual se viene filtrando en lo real. Parece que al techo de la realidad hay que pasarle un impermeabilizante, porque tenemos diputadas que sesionan con patitos en la cabeza y después se sacan fotos con el libro Nunca más, twiteros que van a marchas para hacerse pegar y así estar en boca de todos, un presidente que postea características falsas del socialismo entre las que se encuentra la frase “mucho sexo gay” o un club de primera división que hace debutar a un streamer durante 60 segundos contra el puntero del campeonato. ¿Bailando por sueño? Bailando por un like.
Deportivo bait
Hace algunos meses, Deportivo Riestra, el club de Víctor Stinfale -dueño de Speed, abogado de alto perfil mediático en la década del 90, acusado de venta de drogas en la fiesta Time Warp que terminó con cinco fallecidos y apuntado como responsable por el estado de Maradona en sus últimos días-, anunció que sumaba al plantel de primera división a Iván Buhajeruk, alias Spreen, 24 años de edad, nacido en Santo Tomé, Santa Fe, hincha de Colón y sponsor del club sabalero durante este año.
Spreen es un streamer con cinco millones de seguidores en Instagram, siete millones en Youtube y diez millones en Twitch. Para darnos una idea más gráfica: si Iván quisiera fundar la República de Spreen con todos sus seguidores en Twitch, tendría la misma cantidad de habitantes que Portugal, Grecia, Suiza, Austria, Suecia o Cuba; el doble que Finlandia, Dinamarca, Costa Rica o Irlanda; o la sumatoria de habitantes entre Uruguay, Croacia y Eslovenia. Allá fue entonces Spreen, con sus millones de seguidores a cuestas, a entrenar a Villa Soldati.

Esta historia recuerda a otra que también fue contada en El Grito del Sur, la de Santiago Maratea en Ezeiza FC. Siendo justos, el hombre de las colectas jugó varios partidos y hasta llegó a hacer un gol, aunque este año dejó la práctica deportiva. Pero lo de Riestra va por otro camino: el bait. Bait es una palabra en inglés que significa cebo, ansuelo o carnada. Es decir, un engaño para atrapar una presa. La presa son los usuarios de redes sociales a través de sus interacciones. El baitero es aquel que puede engañar a miles de personas para ganar interacciones.
Riestra es Deportivo Bait. Es más conocido por sus excentricidades que por su desempeño, aunque bastante digno, en la tabla. Los entretiempos en el estadio Guillermo Laza, en Villa Soldati, se parecen a una Creamfield, solo que en lugar de Hernán Cattaneo la DJ es la nieta de Pistola Gámez, ex presidente de Vélez. Las camisetas dicen Adidas pero son genéricas, compradas en un outlet cualquiera. Hace algunos meses Riestra, también dirigido por El Ogro Fabbiani, había sido tapa, titular y trending topic por el debut a los 14 años de Mateo Apolonio. A Fabbiani le recriminaron que era una movida de marketing, él dijo que lo veía bien para la primera. Les habló con el corazón y me contestaron con el bolsillo. Apolonio no volvió a jugar en primera ni a ser convocado.
Bancate ese baiteo
Si bien Spreen había firmado contrato con Riestra a principios de este año, recién se empezó a saber de la relación hace algunas semanas, cuando el streamer empezó a entrenar con la primera del equipo. Los rumores sobre su debut en primera crecieron el último fin de semana. El lunes, el día del partido contra Vélez, las casas de apuestas invitaban a apostar por el debut (o no) de Spreen. “Si Spreen hace un gol sorteamos 47 (el número de la camiseta del streamer) apuestas gratis de 10 mil pesos entre todos los que pongan me gusta en este tweet”, publicó BetWarrior, sponsor oficial de la Selección Argentina. También estaba habilitada la apuesta por posibles cambios en los primeros minutos de partido. En un fútbol argentino donde crecen las sospechas por arreglos para beneficiarse por apuestas, los dos hechos combinados eran plata fácil.

A las tres de la tarde, el partido comenzó con Spreen como delantero titular. Vélez sacó del medio y a los pocos segundos, un jugador de Riestra hizo una falta obvia para así posibilitar el cambio. El sueño del pibe streamer duró poco más de 60 segundos. El tiempo exacto de un buen video de Tik Tok. La mediatización de la vida en su máximo esplendor: no se necesitó hacer un recorte de lo que había sucedido sino que los hechos se ajustaron a las métricas de un reel. Después, el partido siguió su curso y Riestra pudo sacarle un empate al puntero del campeonato. La novela del streamer futbolista no terminó ahí.
¿Qué pensarán los jugadores de Riestra cuando pierden un cambio por una movida de marketing? ¿Fabbiani sentirá que le arman el equipo cuando le dicen ahora poné un adolescente o un youtuber? Seguramente entienda que es parte de estar en el club. Te gusta el durazno, bancate la pelusa. O mejor, te gusta el Speed bancate el exceso de azúcar. El show debe continuar. Bancate ese baiteo.
Una vez terminado el partido, Cristian Fabbiani dijo que había hablado con Gustavo Quinteros, director técnico de Vélez, para avisarle lo que iba a suceder y que no lo sintiera como una falta de respeto. “Es marketing”, definió Fabbiani en una entrevista con TyC Sports después del partido. “Prefiero guardarme mi opinión”, dijo Gustavo Quinteros en la conferencia de prensa. “Hoy fue una falta de respeto al fútbol. Creo que es un mensaje erróneo que le damos a la sociedad, a los chicos, a los que lo intentan hasta lo último”, opinó Brian Romero, el autor del gol de Vélez. Los jugadores de Riestra, en cambio, entendieron la movida. “Es más que nada un show de él, del contrato que él tiene”, explicó Milton Céliz, jugador de Riestra.
En el fondo de todo, si desarmamos la polémica de la semana, la discusión se basa en dos posturas: los que entienden que todo está justificado por el marketing y la plata que eso puede mover; y los que creen que tiene que existir un límite, que no todo puede vincularse a métricas y dinero en juego. Y, sin ánimos de impostar un tono de indignación, no todo puede ni debe medirse porque los seguidores de un influencer lo aplauden o porque es gracioso en una red social.

La Asociación del Fútbol Argentino, que en febrero había aceptado el vínculo contractual entre Riestra y Spreen, emitió un comunicado donde se anunciaba la apertura de un expediente por “la inscripción, habilitación y participación del Sr. Iván Raúl Ruhajeruk en el primer equipo del Club Deportivo Riestra”, ya que la misma pudo “perjudicar la reputación o integridad del fútbol argentino particularmente cuando se trate de un comportamiento ilegal, inmoral o carente de principios éticos”. Alguno podrá decir que también perjudica la reputación e integridad del fútbol argentino anular los descensos en plena competencia, favorecer o perjudicar equipos según le parezca a los dirigentes de AFA, tener 28 equipos en primera división o permitir el auspicio de las casas de apuestas. Que la misma asociación que permite todos esos hechos, señale, al mejor estilo Lilita Carrió, inmoralidad y falta de ética, resulta llamativo aunque corresponda poner ciertos límites.
Riestra publicó un comunicado pidiendo disculpas. Una remera que diga: “Queremos ofrecer nuestras más sinceras disculpas a quienes se sintieron ofendidos”. Vale para un club de fútbol, un periodista homofóbico o un grupo de diputados que visitan represores condenados por delitos de lesa humanidad. Aunque más que disculpas fue una justificación. “Nuestro objetivo es atraer nuevas audiencias hacia el fútbol”, dice el comunicado seguramente escrito por Valentín Torres Erwele, el jefe de prensa del club, conocido por publicar largos hilos en Twitter –hoy X– siendo un adolescente. El texto menciona a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, que justificaba la invención de una Superliga Europea de clubes porque el “público joven está decreciendo”. Un gol para los chicos, aunque sea hecho por un influencer.
En tiempos de desregulaciones, donde tener millones de seguidores da lugar a que el capricho sea ley, lo que hicieron Riestra y Spreen parece solo síntoma de una sociedad a la deriva de los likes y las impresiones que marcan las métricas. Si Riestra ya hizo debutar a un adolescente de 14 años y a un streamer, nada le impedirá realizar otro hecho similar. Sin ir más lejos, en octubre firmó contrato Jaime Barceló, un arquero que se hizo famoso en Tik Tok por contar sus experiencias en el ascenso de Finlandia. Tiene 600 mil seguidores. No debe faltar mucho para su debut seguido del trend para Tik Tok. Entonces volverá a nosotros, como las flores en primavera, la frase del presidente:
– ¿Ustedes vieron las métricas de ese tweet?





