En apenas una semana, se sucedieron una serie de hechos en el subte porteño que alertan a los usuarios y marcan un fuerte peligro para los trabajadores: por un lado, el fallecimiento de otro laburante por la exposición al asbesto presente en el subterráneo y el Premetro; por el otro, diferentes contagios de Escabiosis a partir de una infestación de sarna en la Línea B. La Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP) denunció «la falta de mantenimiento e inversión» como uno de los principales causantes del déficit de limpieza y de fumigación en los trenes.
El lunes 11, delegados de la Línea B dieron a conocer el certificado médico de la propia empresa concesionaria Emova, donde se especificó el diagnóstico de Escabiosis (sarna) y el tratamiento indicado para la infestación. La perjudicada era una trabajadora del sector Tráfico de la Línea B, cuyos datos personales fueron reservados por motivos de privacidad. «Aproximadamente dos semanas atrás, algunos compañeros empezaron a denunciar que en las cabinas de conducción y de guarda sentían mucha picazón en las piernas y diferentes partes del cuerpo. Desde ese momento, dimos el anuncio a los supervisores y creíamos que se trataba de pulgas. Como la picazón y las molestias seguían, varios compañeros fueron al médico y les dijeron que se trataba de sarna», dijo a El Grito del Sur Claudio Dellecarbonara, miembro del Secretariado Ejecutivo de la AGTSyP.
Pero el miércoles 13 pasó lo peor: Jorge Luis Navarro, trabajador del Taller Constitución, falleció ese día por una enfermedad de cáncer de pulmón producto de la exposición al asbesto. Esto fue reconocido por la auditoría médica a la cual se sometió Navarro en el año 2020. «Desde el año 2018, cuando descubrimos la presencia del material cancerígeno prohibido, en el subte y Premetro han fallecido 4 trabajadores y 107 están afectados por la exposición al asbesto«, expresó un comunicado de los Metrodelegados firmado por Roberto Pianelli y Néstor Segovia.
Dellecarbonara expresó que «una vez conocido el caso de Escabiosis hicimos la denuncia y exigimos que haya fumigación denunciando la situación general de la Línea B, que está en una crisis terminal prácticamente. Hoy los trenes son obsoletos, se producen muchos incidentes a diario y estamos al borde de una tragedia. No tenemos obras ni líneas nuevas». «La empresa niega esta situación y se resiste a hacer la fumigación correspondiente», agregó.
Del lado de Jorge Macri, primó el silencio absoluto. El Jefe de Gobierno evitó hacer referencia respecto a estos asuntos y no brindó soluciones, a pesar de los recurrentes aumentos en el boleto del subte que desde el 1 de octubre tiene una tarifa de $757 con la tarjeta SUBE y $859 sin ésta.

El PRO y el abandono sistemático del subte
La preocupación viene desde hace tiempo y marca una histórica deuda de la gestión PRO en la Ciudad: si bien en 2007 había llegado con la promesa de construir diez kilómetros de subte por año, en 17 años de gobierno no se llegó ni a tres e inclusive Horacio Rodríguez Larreta terminó su gestión sin haber construido siquiera un kilómetro. De acuerdo con el Centro de Estudios de Desarrollo Económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Ciudad de Buenos Aires es una de las capitales de Latinoamérica con la menor red de subterráneos. 57,4 kilómetros con 106 estaciones incluyendo a las del Premetro, muy poco si se compara con el subte de Caracas (Venezuela) -70,5 kilómetros-, el de San Pablo (Brasil) -90 km- o el de Santiago de Chile -140 km-.
En 2022, el Banco Mundial publicó un informe lapidario que detalla las promesas incumplidas en el subte. Por ejemplo, la Ley 317/99 -que encargó la construcción de la Línea H- recién entró en pleno funcionamiento en 2019, veinte años después. Por su parte, SBASE dio de baja la licitación para los estudios de la Línea F y anunció que serían realizados por personal propio. Frente a esta parálisis en la obra pública del subte, el GCBA decidió dedicarse al transporte por tierra. Esto dejó como resultado 62,5 kilómetros de Metrobús, lo cual significó un avance pero dejó de lado la planificación de la movilidad porteña de manera integral y con políticas acordes a las nuevas demandas post-pandemia.






