«Con esta división, tiene más las de ganar Santoro que nosotros». El veredicto derrotista del líder y fundador del PRO, Mauricio Macri, respecto a los comicios legislativos porteños del próximo 18 de mayo lo dice todo: los ánimos en el oficialismo no son los mejores y, por primera vez de que es gobierno en CABA (año 2007), el partido amarillo conocerá con probabilidad el sabor de la derrota en las urnas.
La crisis política en el PRO no viene de ahora, sino que empezó a crujir a partir de la derrota electoral que sufrió Mauricio Macri en las presidenciales de 2019. Luego llegó la pandemia y con ésta un crecimiento de la figura del alcalde Horacio Rodríguez Larreta, que a su postura conciliadora le sumó un enfrentamiento discursivo -y por el reparto de los fondos de la coparticipación- con el entonces presidente Alberto Fernández. A partir de allí el PRO ingresó en una fase de interna cruenta, que pasó de la desobediencia al jefe Macri a las insalvables diferencias entre Larreta y Bullrich, quien tras vencer en las primarias de 2023 comenzó a militar en La Libertad Avanza. Desde ese momento hasta la actualidad, las fugas de dirigentes hacia otros espacios políticos fueron progresivas.
«El PRO había nacido como un partido bastante ecuménico y amplio, además había formado alianzas con sectores del radicalismo y una porción minoritaria de un peronismo más hacia la derecha. Eso le permitía ser atractivo tanto para el votante que se inclinaba a la derecha como para un grupo de votantes muy reacios al peronismo. Durante el gobierno de Macri, sobre todo en el tramo final de 2018 en adelante, ese carácter más amplio se fue perdiendo y terminó convirtiéndose en un partido mucho más fuertemente antiperonista y más inclinado hacia la derecha que antes», explicó a El Grito del Sur Sergio Morresi, doctor en Ciencia Política por la Universidad de San Pablo y autor -junto a Gabriel Vommaro y Alejandro Bellotti- del libro Mundo PRO.
Crecimiento, auge y caída
Propuesta Republicana nació como una expresión política de centro-derecha que buscaba expresar el hastío de sectores mayoritarios de la ciudadanía post crisis del año 2001. Su despegue se produjo a partir de la Tragedia de Cromañón, acontecida el 30 de diciembre de 2004, que derivó en un juicio político y la posterior destitución de Aníbal Ibarra. Luego de ejercer como diputado nacional durante dos años, su líder-fundador Mauricio Macri fue electo como jefe de Gobierno y asumió el cargo en diciembre de 2007.
En los años de bonanza kirchnerista, el PRO usó la metrópolis porteña de pantalla para mostrar otra forma de hacer política -en «equipo» y con mayor cercanía a los vecinos- y logró exhibir en forma marketinera diferentes obras de modernización como el Metrobús. De esta forma, el PRO encarnó el antikirchnerismo presente en los sectores medio-altos y esto le permitió liderar una coalición exitosa en sus inicios: Cambiemos. Lo cierto es que esa frescura se fue diluyendo con el paso del tiempo y el desgaste que significó gobernar el país entre 2015 y 2019, con políticas de ajuste que afectaron a su propio electorado. El «cambio» fue un regreso al pasado y con tufillo neoliberal.

Ya en las elecciones de 2019, aparecieron dos expresiones políticas «a la derecha» del macrismo, encarnadas en José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión. El primero es actualmente diputado nacional por La Libertad Avanza, el segundo desapareció de la escena pública. Sin embargo, lo que rompió todos los moldes de la política tradicional fue la repentina irrupción de Javier Milei, también desde la Ciudad de Buenos Aires y acompañado por Victoria Villarruel. Se trataba de una derecha mucho más agresiva y extrema, sin tapujos, que además hablaba de «casta política» y cuestionaba la «tibieza» de buena parte del elenco que rodeaba a Mauricio Macri.
En ese marco, Morresi señaló que «la competencia de otros partidos más hacia la derecha le fue comiendo parte de sus propias bases. Lo que sucedió en 2023 fue que una parte importantísima de sus bases se les escurrió hacia La Libertad Avanza. Además, durante la campaña presidencial el propio Mauricio Macri -no solo Patricia Bullrich- apoyó la candidatura de Milei. Por lo tanto, se escurrieron dirigentes, ideas y cuadros técnicos que hoy forman parte del gobierno actual. «Esto es autoinfligido, hay un problema propio», agregó el investigador.
Un presente complejo y de fuerte incertidumbre
De Juntos por el Cambio -antes Cambiemos- no quedan ni rastros. El PRO apenas cuenta con un puñado de gobernadores (Rogelio Frigerio en Entre Ríos, Claudio Poggi en San Luis y Nacho Torres en Chubut) que hacen su juego y no se preocupan por fortalecer una estructura partidaria cada vez más endeble. Y encima el jefe de Gobierno Jorge Macri tiene un rol ambiguo, ya que pasó de abrazar a Javier Milei a criticarlo duramente. La gestión PRO perdió consenso en sus votantes históricos y es cuestionada hasta por los propios, tal es el caso de Rodríguez Larreta que decidió presentar una lista por fuera. La UCR y la Coalición Cívica también van por separado.
«La articulación Juntos por el Cambio, que en la Ciudad de Buenos Aires nunca fue muy sólida, se terminó de desarmar. Sumado a esto, la gestión de Jorge Macri muestra ciertas dificultades a partir del desmanejo de algunas áreas en particular. La falta de avances en obras públicas, que había sido un sello del PRO en la Ciudad y que tenía que ver con presentarse como el partido de la gestión, le fue dificultando las tareas. Lo que se está dirimiendo en estas elecciones es si La Libertad Avanza va a tener la fuerza suficiente para ganarle al oficialismo porteño. Si eso ocurriera, la gestión del PRO va a estar en serios problemas y va a tener que reacomodarse hacia La Libertad Avanza», concluyó Sergio Morresi.
Ni más ni menos que en su propio bastión político, el que llevó a la presidencia al empresario Mauricio Macri y quiso hacer lo propio con Horacio Rodríguez Larreta, el PRO se encamina a una derrota casi segura y al riesgo de perder el control de la gobernabilidad en los dos años de mandato que le quedan al primo Jorge.




