La gestación por subrogación es hija de un sistema económico y político mundial, con roles de género expresamente diferenciados y demarcados acerca de lo considerado femenino, que relegan a la mujer a su sitio histórico: la función reproductiva. Daniela Gasparini, psicóloga especialista en trata de personas e integrante del movimiento feminista MuMaLa, cuestionó el entrelazamiento del patriarcado con el sistema comercial: “Se cruzan el capitalismo y el patriarcado en una misma escena. Dentro de un esquema de producción mundial, la división internacional del trabajo trae como consecuencia la división sexual del trabajo, que es la función productiva para el varón y la función reproductiva para la mujer. ¿Eso nos da la función reproductiva como obligatoria?”, cuestionó.
“En nuestro país llegan a conocerse los casos de gestación por subrogación a través de figuras públicas, que llevan adelante la exposición de todo ese procedimiento sucedido en otros países, donde sí está regulado”, reflexionó Gasparini acerca de la polémica entrevista a Marley en la que relató – con total liviandad- el momento del parto natural de la mujer a la cual él había “subrogado su vientre”. El nacimiento presentó complicaciones y el médico le preguntó a él si proseguía con una cesárea. A lo que Marley respondió de manera negativa, sin importarle el sufrimiento fetal del bebé ni la mujer que estaba pariendo, a la cual no hace alusión como sujeto en ningún momento.
“Al banalizar una situación que reviste una gravedad absoluta, no se contempla el sufrimiento de una persona en el momento del parto y el riesgo que corre. Además, hay un médico que le preguntó cómo proseguir a él, quien tiene el poder, que es el cliente. Entonces el que tiene el poder médico le pregunta al que tiene el poder económico”, analizó y agregó: “La protagonista, la que está sufriendo, es la que está pariendo, además con sufrimiento y dolor”. Allí, analizó Gasparini, la mujer queda reducida a ser una incubadora, a ser un objeto que no sufre dolor ni tiene emociones, sin derecho alguno a decidir: “Ahí se ve el poder en su máxima expresión. El poder de paternar o maternar en manos de quien tiene el poder económico y la destitución como sujeto de quien está en una situación de necesidad económica”.
Otro aspecto a considerar es el factor eugenésico en el desarrollo de esta práctica reproductiva: “Es como hacer un bebé a la carta. ‘¿cómo lo querés?’ Lo quiero rubio, de ojos claros, lo más parecido a mi, o con características hegemónicas donde refuerzan estereotipos de belleza”, sostuvo Gasparini. En la misma sintonía, Maria José Binetti, investigadora del CONICET y doctora en estudios de género, sostuvo a este medio: “hay catálogos donde eligen el material genético. Pero la compraventa de material genético también está prohibida, porque viola principios universales de derechos humanos, con lo cual para encubrir esto hablan de donación”.

A la vez, la dimensión de clase debe ser analizada en esta problemática porque es la variable que determina el acceso asimétrico en la gestación por subrogación: “El grueso de las mujeres que pasan por los procesos de gestación por subrogación son altamente vulnerables, mujeres pobres con fuertes necesidades económicas”, determinó Gasparini. A la par, continuó: “Cuando hay una persona vulnerable, la necesidad está viciada. Cuando a vos te ofrecen dinero a cambio de que pongas tu cuerpo para la gestación y lo haces por necesidad, lo que está pesando es tu situación de pobreza y tu vulnerabilidad económica, no tu deseo. Ahí es donde cabe la pregunta: ‘¿cuál es la voluntad? ¿Dónde está la voluntad cuando hay vulnerabilidad y cuando no hay pleno acceso a los derechos que tenes como ser humano? ¿Dónde está el poder y la libertad de decisión?’”. Binetti agregó: “No hay deseo en esa gestación, sino que hay una necesidad que se impone a esa mujer. Siempre es una relación asimétrica donde mujeres pobres gestan para ricas, nunca hay una rica que geste altruistamente para una pobre”.
Profundizando el análisis acerca de los derechos reproductivos vulnerados en esta práctica ultrajante, Binetti planteó: “En segundo lugar, no hay autonomía reproductiva, sino que hay un contrato. Su cuerpo pasa a ser un útero gestante a disposición de compradores que deciden todo sobre su cuerpo y finalmente la mujer entrega a su hijo cual producto”. Luego agregó que, en aquella transacción, los compradores tienen potestad suprema sobre cualquier decisión vinculada al cuerpo de la mujer. “La mujer pierde su carácter de persona íntegra y pasa a ser denominada por su función rentada. Se las llama portantes gestacionales. Se elimina a la persona humana. Ahí lo que hay es una madre dando a luz a su hijo. Todo eso se borra porque es una práctica que viola la dignidad personal”, amplió.
El silenciamiento a la mujer gestante en este proceso es incluso discursivo, dado que la terminología empleada para definirla es sumamente objetivadora. “Alquiler de vientres” es su significante más extendido en el uso y responde a un patrón ideológico: “En esta práctica violenta se disocia y se aliena a la mujer. Lo plantean como si el vientre de la mujer fuese algo inconexo a su cuerpo. Incluso como si el embarazo pudiera ser disociado de esa unidad personal que es la mujer, cuando somos seres biopsicosociales y espirituales”, apuntó Binetti. “Las mujeres no somos solamente un vientre o una incubadora. Terminan subsumiendo a la persona a un mero vientre, a un mero objeto. Es la pérdida del estatuto de sujeto. No les importa qué es lo que les pasa emocionalmente, ni sus derechos como sujeto, sino como objeto que les dé lo que necesiten para seguir ganando dinero”, señaló por su parte Gasparini, haciendo foco en la explotación comercial de la mujer y de su cuerpo.
“Actualmente en Argentina no hay una ley que habilite la gestación por subrogación. Hay dos proyectos de ley en la Cámara de Diputados que pretenden habilitar el debate, sin intención aún de tratamiento de los mismos. Ambos tratan la subrogación altruista, sin compensación económica”, planteó Victoria Aguirre, vocera nacional y coordinadora del MuMaLa, ofreciendo un marco legal para comprender la legislación al respecto. Mencionó como antecedente que el Código Civil y Comercial habla de la voluntad procreacional para los casos de reproducción asistida, es decir que reconoce la paternidad o maternidad independientemente de la forma de gestación. “El artículo 564 del CCYCN no reconoce el vínculo filial si la voluntad procreacional fue mediante subrogación de vientre”, expresó y agregó que este vacío legal es necesario aclararlo, dado que si bien no es una práctica prohibida, la mujer que geste será la progenitora de esa vida, salvo que judicialmente se otorgue la filiación.

Esta práctica comercial es un negocio multimillonario a lo largo del mundo, por lo que es necesario apuntar a quienes reciben un beneficio rentable a través de ella: “Es importante entender el negocio que hay detrás de la gestación por subrogación. Pensemos que dentro de los mas redituables negocios mundiales, como la trata de personas, se van aggiornando en el tiempo, acomodando a las diferentes coyunturas económicas, sociales y culturales y que lamentablemente tienen buenas lecturas. Quieren seguir ganando plata, entonces buscan la forma y creo que ésta es una”, sostuvo y agregó que el principal responsable es quien detenta el poder económico y se llena de plata en función de las necesidades ajenas, donde la mujer gestante es prácticamente reducida a la servidumbre y se lleva una cifra nimia por ello. En el mismo sentido agregó: “No dejo de pensar en que acá hay alguien que se está aprovechando, que está ofreciéndoles promesas a veces que son ficticias, que no terminan de darle el dinero que les prometieron o que el procedimiento no termina de ser como se lo pintaron. Porque parece como si fuera algo divino, todo mágico, como si no hubiese problemas en el medio y de repente esa oferta engañosa se termina transformando en una reducción a la servidumbre, que es una de las finalidades del delito de trata de personas en nuestro país”.
Dentro de este marco, se ha proliferado el incentivo al altruismo como motivación a la gestación subrogada: “Es un relato más de los relatos que buscan edulcorar y disimular que es una compraventa abierta de niños. Se dice que es una práctica altruista, donde la única altruista acá es la mujer que reproduce el estereotipo de género, que por generosidad, por bondad, por solidaridad, pone su cuerpo a disposición de terceros. Este es el típico estereotipo sexista y discriminador de la mujer”, destacó Binetti.
“A estas mujeres en general les ponen psicólogos para disociarse, para asumir que en realidad el embarazo no es de ellas”, apuntó Binetti en torno a las consecuencias psicológicas latentes en este proceso. Analizó que estos tratamientos y desapegos forzosos desembocan en grandes depresiones, sumado a la variable de explotación física de cuerpos hiper hormonados, hiper estimulados, donde el riesgo es mayor que en embarazos naturales. Gasparini concordó: “Cada embarazo se vive de forma particular. Pero no es algo que suceda sin afectación emocional. Te afecta en tu subjetividad, nos altera emocionalmente y orgánicamente. Nuestro carácter, tolerancia, frustración, sentimientos y emociones se ponen en juego, en el momento del parto también”, reflexionó y agregó: “hay una exposición a tratamientos invasivos donde pones el cuerpo y tus emociones quedan al servicio de quienes te tienen que pagar”. A la vez, marcó que puede ocasionar un estrés post traumático como correlato a esta experiencia alienante, porque “aunque uno crea que está preparado para un montón de cosas, nunca sabes cuál es el devenir emocional, porque no se puede planificar. Entonces no sabes si te vas a arrepentir, si te vas a encariñar”.
Binetti apuntó un factor clave a considerar a la hora de pensar en el consentimiento y en el contrato entre las partes: “La mujer pierde su autonomía reproductiva en la firma de un contrato que no es como un consentimiento médico que podes retirar en cualquier momento. Si lo retiras, tenes que pagar todo el tratamiento médico que se hizo sobre vos e indemnizar a los compradores. Es decir que, si te arrepentís de entregar a tu hijo igual lo tenés que entregar”.






