“Cuesta muchísimo pensar en un indio rebelde, revolucionario y guaraní, vengador de sus abuelos, en un hijo de la tierra de estas características. Humilde para esa época y para estos tiempos difícil de asimilar”, reflexiona Javier Parras, docente de historia, conocedor de la figura de Andresito y oriundo de la provincia de Misiones. Siguiendo la máxima artiguista ‘Que los más infelices sean los más privilegiados’, el lema de Andrés Guacurarí y Artigas: “Ya lo define como gobernante y ser humano, ya lo pinta de cuerpo entero. A toda la ideología que emanaba de su voz, de su familia y de su padre adoptivo”.
La figura de Andrés Guacurarí y Artigas, se abre paso entre 200 años de historia y supera a aquellos que desde la intrascendencia han querido solapar su figura. Su importancia, tal como ocurrió con tantas otras personalidades aguerridas, ha sido vedada de la historia oficial: “Un hombre olvidado y atacado por el centralismo porteño. La historiografía liberal siempre fue injusta con los hombres del interior. No es bueno dar a conocer este tipo de procesos históricos, de un hombre popular, con carisma, no blanco, nacido de la tierra misma, que por cultura y convicción lideró a un pueblo que se sobrepuso, que sobrevive, que vive con nosotros”, sostuvo Parras. “Me parece que Andresito es el triunfador de la historia porque cada vez se le presta más atención. Representa un legado y un orgullo. Ahí vamos redescubriendo los misioneros lo que es ser misioneros, la importante misión que nos toca”, añadió. Para ilustrar su punto, recuperó una frase de Litto Nebbia: ‘Si la historia la escriben los que ganan, es porque hay otra historia’.
“Se ocultó a la figura de Andrés porque está indisolublemente unida a la figura de José Gervasio Artigas y éste quería un estado federal donde ningún estado provincial sea menos que otro estado provincial, que tenga iguales posibilidades de comerciar, de hacer industria, de cobrar impuestos. El centralismo bonaerense de puerto único era capaz de perder una provincia entera con tal de no salir perjudicados económicamente y así lo hicieron. No apoyaron más a Artigas, le pusieron precio a su cabeza y, por supuesto, eso le dificultó la subsistencia al punto de que casi se pierde el territorio misionero”, apuntó Julio Cantero, investigador en Historia Argentina, también oriundo de Misiones.

“El carisma de ese hombre guaraní que nunca se doblegó, su cercanía con el pueblo, su vocación militar. Que era un guaraní, un hombre de la tierra, es lo que debe primar cuando se hable de su figura, no lo que es para la historiografía liberal, un indio bruto y malvado”, reflexionó Parras y agregó: “Para los guaraníes nunca fue difícil tomar el artiguismo y el federalismo. Porque para el guaraní la familia y el tekoha es un valor de autonomía, un principio de soberanía. Además, el pueblo guaraní tenía claro lo que era la soberanía y la independencia, lo que era defenderse permanentemente de un ataque invasor. Entendiendo que ellos traían una historia de ocupaciones y vejaciones, el que hayan adoptado el federalismo es un acto de libertad, lo que fue determinante para liderar ese pueblo en armas”. Con estos cimientos, Artigas lo instruye en la doctrina de los pueblos libres: “No se puede no mirar al que está al costado y no se puede no pensar en el que está pasando una necesidad. En ese principio de justicia social comprometida en la liberación de los más oprimidos, Artigas y Guacurari están ligados profundamente. Por un lado, uno supo ver y el otro supo responder. Uno supo ver el liderazgo, el enfoque, y el otro le supo dar el carisma, la acción a lo que pretendía el padre del federalismo”, puntualizó.
Para explicar cómo se construyó Guacurarí y Artigas como líder de un pueblo, Cantero no pone el foco en lo ideológico, sino en lo material que ha sacudido su vida: “Tendemos a pensar que hay una ideología que sustenta una realidad material, pero a veces la realidad material es la que sustenta a la ideología”, sostuvo. Para ello, es elemental retrotraerse a las invasiones portuguesas que habían configurado y modificado la existencia de los pueblos del litoral, donde Guacurarí había sido criado: “Él había visto de chico esta invasión, el como su pueblo fue esclavizado y secuestrado. Eso era lo que lo motivaba, recuperar el positivo bienestar que supo tener su pueblo antes de las invasiones de los portugueses”, explicó.
Sus inicios como militar estuvieron atravesados por la figura de Manuel Belgrano, dado que Guacurarí se sumó a sus tropas. Entre 1812 y 1814 fue ascendido en su cargo militar y ya tenía un alto grado de injerencia y poder. En este marco, tiene un gran desempeño en la expulsión de las tropas paraguayas del departamento de La Candelaria en 1812. Fue nombrado por Artigas como comandante general de Misiones y una de sus gestas más importantes bajo este cargo ocurrió en 1817, año en el que se enfrentó a importantes legiones invasoras: “Desalojó a los portugueses y se enfrentó con el centralismo porteño, se refuerza una contraofensiva contra los lusobrasileños en el marco de lo que llamamos la invasión de los siete pueblos misioneros”, esgrimió Parras.
Acerca de la importancia geopolítica de la defensa territorial: “Para todo el litoral argentino, don Andrés Guacurarí y Artigas es muy importante. De hecho, el litoral argentino pertenece hoy día a la República Argentina gracias a que lo estuvieron inclaudicablemente defendiendo del avance portugués, ya que existen documentaciones portuguesas del intento de llevar el límite del imperio de Brasil hasta el río Paraná”, sostuvo Cantero. Luego agregó: “Toda esta gente fue un capital humano importantísimo en la gesta emancipadora. Las misiones se construyeron como una suerte de tapón ante el avance del Imperio de Brasil. Y eran toleradas por las autoridades del Paraguay y de Buenos Aires, porque era conveniente que estuviera esta población de guaraníes defendiendo la zona. Siempre se recurrió a los guaraníes como soldados. El regimiento de granaderos de San Martín se inició con 300 guaraníes de las misiones. Las invasiones inglesas fueron repelidas por un antiguo gobernador de Misiones que llevó muchos guaraníes, pero son más famosos los patricios en la historiografía nacional”, arremetió Cantero.
“Él recuperó prácticamente toda la margen izquierda del río Paraná desde Tranquera de Loreto, hasta Corpus que había sido tomada por los paraguayos. Los expulsó desde el otro lado del río a las órdenes de Artigas. Después dirigió el intento de recuperación de San Borja y murió peleando por la toma de los pueblos orientales. De las batallas más famosas que tiene es la de apóstoles, en que pelea con las fuerzas de Chagas”, relató Cantero en torno a los principales logros militares a lo largo de su trayectoria.
Por otro lado, su etapa como gobernador de Misiones fue notoriamente disruptiva. “Un verdadero hombre que luchó contra la casta, contra el abolengo de apellido, de lo institucional y todo el sistema español”, remarcó Parras acerca del periodo entre 1815 y 1819, en donde intentaron, bajo órdenes de Artigas, avanzar sobre el territorio correntino, sitio de ocupación unitaria apoyada por Buenos Aires y tal como podía esperarse: “Estos unitarios de familias con abolengo y apellido, no lo reciben bien ‘con ese indio no’ decían”.

«Desde este momento ustedes son libres. Se pueden ir a donde quieran. Estos no son más sus amos ni son dueños, ni los pueden perseguir, ni los pueden encarcelar u obligar a que los sirvan”, detalló Cantero, en torno a la premisa y la práctica llevada a cabo por Guacurarí y Artigas, como parte de las hazañas más destacadas y disruptivas dentro de su gobernación. Por otro lado, dentro de su gobierno adoptó una marcada política comercial proteccionista respecto a los cultivos de yerba mate y realizó una primera reforma agraria: “Repartió tierras a quienes la habían perdido por la conquista de los lusobrasileños, el saqueo y la estafa. La primera reforma agraria de América Latina”.
Hay cierto registro tendencioso tras su muerte, que Cantero marcó como particularidades necesarias a dilucidar alrededor de su figura: el que se lo conozca en diminutivo como ‘Andresito’. “¿Por qué le decimos Andresito? Era el gobernador, teniente militar, nadie en su sano juicio se hubiera acercado a él y le hubiera dicho Andresito porque representaría una ofensa a su cargo. Puede que provenga del portugués, que le decían ‘Artiguiño’ en referencia a Artigas chico. Lo tratan con informalidad, como un diminutivo de prócer», cuestionó Cantero.
Acerca de las circunstancias imprecisas que rodean la muerte de Andrés Guacurarí y Artigas, el rastro nos lleva a que el intenta cruzar el rio Uruguay y es apresado por los portugueses. “Cuenta la historia de que lo llevan engrillado, desnudo, envuelto en una piel de animal como un instrumento de tortura prácticamente. Lo llevan a Puerto Alegre, el centro esclavista de la zona, y traer un premio como Andresito, que siempre los había enfrentado, era un logro mayor”, relató Parras. Tanto Guacarurí como Artigas corren un final trágico similar: “Se los pierde, se los olvida, uno exiliado por motivos políticos, otro tomado prisionero, Andresito se pierde y la historia queda en las islas de las cobras, queda por ahí en Brasil y se lo rescata casi ciento y pico de años después”.





