El inicio de Ni Una Menos se dio tras el femicidio de Chiara Paez en Rufino, Santa Fe. La joven de 14 años fue encontrada bajo tierra en el patio de los abuelos de su pareja Manuel Mansilla. Tras lo sucedido, la periodista Marcela Ojeda escribió en Twitter: “Mujeres todas, ¿no vamos a alzar la voz? Nos están matando”. Este tweet generó la visibilización de la violencia hacia las mujeres, y a partir de allí se fijó el #NiUnaMenos que se vio plasmado en la histórica movilización del 3 de junio de 2015, nucleando a 250.000 personas en la Ciudad de Buenos Aires. Esta movilización se marca como un hito de la lucha feminista iniciada en el sur global contra la violencia por motivos de género.
Según datos del Área de Género y Diversidad de la Cámara de Diputados de la Nación, en la Argentina se cometieron 2282 femicidios entre 2015 y 2023. Mientras que los datos de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia plantean que sólo en 2022 se registraron 252 femicidios, travesticidios y transfemicidios. En estos últimos años, la lucha adquirió nuevos matices y problemáticas que afectan a diferentes cuerpos feminizados. Paula Arraigada, militante política y activista por los derechos de las personas trans, nos comenta las dificultades que enfrentan las disidencias frente a los discursos de ultraderecha que atacan a los colectivos de mujeres y personas trans oprimidas por el machismo hetero-patriarcal.
“Aquella movilización enorme autoconvocada en pos de un solo objetivo, directo, pragmático, inclusivo, hizo que muchas de nosotras entendiéramos que también la organización nos hacía visibles, y nos permitió visibilizar nuestra falta de derechos y oportunidades”, explicó a este medio Arraigada. La activista recuerda que en el año 2015 muchas mujeres cuestionaban la pertenencia del colectivo Travesti Trans dentro del feminismo, pero que fue una batalla que había que dar. A pesar de estos cambios que afectaron directa o indirectamente al colectivo, se logró dar un paso importante que dio comienzo a una épica enorme y formidable. “Un feminismo popular con voz propia”, agregó.
A pesar del avance en materia de derechos para minorías y disidencias, la regresión provocada por los discursos de odio no solo se manifiesta de forma verbal sino que se materializa en la falta de políticas públicas con el cierre del Ministerio de la Mujer. Arraigada explicó que todo esto va en contra de los derechos adquiridos, como el caso de la ley de cupo que permitía el acceso al trabajo formal para el colectivo travesti trans, así como también la inserción social para lxs que nunca habían tenido una oportunidad laboral. Poniendo de ejemplo a quienes ingresaron al mundo del trabajo mediante la ley de cupo laboral, hoy sienten el escozor del miedo a perder el trabajo que garantiza una vida estable como resultado de discursos que tienen efectos materiales en la vida de diferentes personas del colectivo travesti trans.
El surgimiento de estos discursos de odio desde el Poder Ejecutivo se ve replicado, ya que -según Arraigada- “hoy cualquiera puede permitirse decirnos lo que les plazca en nombre de su libertad. Aquello que era incorrecto políticamente hoy es una señal de rebeldía o aggiornamento”. Como producto de esto surgió este año el 1F, una Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista como respuesta para rechazar los ataques a la comunidad LGBTIQ+, saliendo en defensa de los derechos y oponiéndose a la violencia expresa en los dichos de Milei durante la conferencia de Davos. En este sentido, desde nuestro país el movimiento antifascista tomó su nombre y salió desde las entrañas del colectivo LGBTIQ+. Esta rebelión buscó ponerle un freno a los discursos de odio del Presidente.

Desde el activismo, Arraigada consideró que hoy el desafío es salir a generar conciencia en las disidencias que aún creen que éste es un modelo a seguir: “no es una tarea fácil enamorar al desencantado pero es la base para terminar con gobiernos que dicen ser democráticos, pero solo llevan a cabo medidas fascistas”.
Si bien han pasado 10 años desde la primera movilización de Ni Una Menos, los objetivos parecen ser los mismos: la necesidad de justicia y el trabajo colectivo como ejes de una lucha que hoy replantea sus modos para hacer frente a discursos que amenazan con generar un retroceso en materia de derechos. La tarea pendiente es darse cuenta de que nadie sobra y es hora de escuchar -como mencionó Paula Arraigada- para hacer visibles diferentes problemáticas sociales.
Este año, el llamado a la acción colectiva para hacer frente a las políticas neoliberales se ven reflejadas en la participación del colectivo Ni Una Menos en la marcha de los miércoles en Congreso, donde esta vez se nuclean la defensa del Hospital Garrahan, el CONICET, la ley en emergencia en discapacidad, migrantes, jubilados, transfeminismos, trabajadoras de casas particulares, niñeces, educación, salud, cultura y ciencia.





