El brigadier Osvaldo Andrés Cacciatore egresó de la Escuela de Aviación Militar en 1946 y participó en el Bombardeo de la Plaza de Mayo en 1955, pilotando uno de los aviones en el acto terrorista contra Perón que provocó más de 300 muertos. También tomó parte en el intento de golpe de Estado de 1951 contra el gobierno justicialista, lo que lo llevó a exiliarse en Montevideo hasta el derrocamiento de Perón en 1955. Sin embargo, su rol más recordado es el de -en aquel entonces- intendente de la Capital Federal, destacándose la erradicación de las villas que trasladó a miles de residentes al conurbano y por el Plan de Autopistas Urbanas que expropió y demolió unas 3 mil viviendas para construir vías rápidas.
San Lorenzo: el Gasómetro arrasado
La historia del desarraigo de San Lorenzo comienza mucho antes de 1976, pero fue la dictadura la que ejecutó el golpe final. «En la dictadura hubo un contexto represivo mucho más fuerte, con lo cual el hecho de que pase una autopista por el barrio de Boedo tiene que ver con la capacidad del gobierno de detonar cualquier resistencia», explica Sebastián Juncal, historiador y socio vitalicio del club. Según reconstruye, la dirigencia ya venía debilitada por una crisis institucional y no pudo resistir las presiones para abandonar el Gasómetro, su estadio en Avenida La Plata.

«Empieza a correr la versión de que no iban a habilitar la cancha por malas condiciones. Detrás de eso estaba Cacciatore», señala Juncal. El último partido se jugó el 2 de diciembre de 1979, sin que se supiera que sería el último. «Luego, en 1981, el club pierde la categoría contra Argentinos Juniors -entre cuyos dirigentes se encontraba Carlos Guillermo Suárez Mason-, en un torneo en el que el club se vio muy perjudicado y Argentinos muy beneficiado, entra en la B en 1982, pero en los primeros meses de ese año sale la ordenanza que nos obliga a vender y permite el cambio de zonificación», explica el historiador. El predio fue vendido a una sociedad fantasma, que lo transfirió a Carrefour. «Hubo aprietes a asambleístas y de parte de la fuerza de tareas del gobierno militar», denuncia.
Fénix: desalojados sin papeles
Fundado en 1948, el Club Atlético Fénix fue intimado a desalojar su cancha en 1978. Daniel González, ex vicepresidente y ex jugador, recuerda: «Cuando tenía 31 años nos corrieron del terreno donde estaba Fénix. No fue una expropiación porque a Fénix nunca le dieron la propiedad ni le prestaron esas tierras. El club se apoderó de ese terreno. Venían dos tipos, ponían dos arcos y se armaban unos campeonatos donde, en los parates del torneo, venían a jugar los mejores jugadores de Argentina. Los terrenos no eran de ninguno, hasta que un día vino un tipo, puso una choza y se quedaron con todo». Sin embargo, reconoce que fue una pérdida dolorosa: «Pocos lloraron como yo por la pérdida de ese predio, pero hasta yo me resigné, porque era inevitable».
Desde entonces, Fénix comenzó un largo peregrinar por canchas ajenas: San Miguel, Atlas, Excursionistas, Lamadrid, entre otras. «Durante décadas tuvimos que jugar alquilando canchas, médicos, viáticos, comida. Es como en Luna de Avellaneda pero manteniendo el fútbol», describe.
Deportivo Riestra: demolidos por una autopista inconclusa
Deportivo Riestra fue fundado en 1929 por amigos que paraban en la misma lechería sobre avenida Riestra, en Pompeya Norte. El club obtuvo su campo de deportes 20 años después, cuando un vecino consiguió alquilar un terreno de molienda de huesos en Lacarra 2650. Con camisetas heredadas del club El Trueno, alambrado olímpico regalo de San Lorenzo y una tribuna de tablones comprada a Tigre. El club funcionó en un basural a cielo abierto que llegó a ser el segundo mayor del mundo, y en 1977, el año en el que casi logran el ascenso a la B, sus sueños chocaron con el Plan de Autopistas Urbanas. La idea era hacer nueve vías rápidas y que una de ellas, la Occidental, partiera desde la Avenida 27 de Febrero, bordeando el Riachuelo y atravesando la Capital. Pero la empresa adjudicataria de las obras quebró y solo se hicieron la 25 de Mayo y la Perito Moreno. La AU7, que correría paralela a Lacarra y atravesaría la cancha de Sacachispas y la de Deportivo Riestra, apenas si construyó un par de módulos, moles de cemento.
En el año 2000 se inauguró el tramo Dellepiane-Roca y en 2002 se extendió hasta el Riachuelo. Yendo hacia el Norte, desde la ruta, hoy puede verse un complejo habitacional donde estaba la cancha.
JJ de Urquiza: la plaza que nunca fue
Formado en 1936 tras fusionar varios clubes de Caseros, JJ Urquiza tuvo cancha, tribunas de cemento, pileta y espacios deportivos desde 1923. En marzo de 1976, el municipio de facto -liderado por el coronel Raúl Schweizer- expropió esos terrenos para construir un “centro cívico”, arrasando instalaciones deportivas sin compensación. Luego de la dictadura, el club vivió en la precariedad hasta 1987, cuando el Concejo Deliberante restituye 6 hectáreas en El Libertador. En 1994 se inauguró el estadio Ramón Roque Martín. Aún hoy continúa reclamando la restitución de sus tierras originales.
Platense: desalojados antes del golpe
«A Platense le robaron su identidad. Estábamos en Manuela Pedraza y Cramer desde siempre. Era el pulmón del barrio», relata Horacio Salvo, actual vicepresidente. En 1971, durante la dictadura de Lanusse, el club fue desalojado. «Fue declarado como inquilino pudiente porque debía alquiler y fue desalojado. Detrás del desalojo había todo un negocio inmobiliario vinculado a las Fuerzas Armadas».

El terreno fue demolido y reemplazado por edificios de departamentos. «Platense desapareció como desaparecieron tantas personas en la época de la dictadura», afirma Salvo. El club debió peregrinar por canchas prestadas hasta asentarse nuevamente en Vicente López.
Excursionistas: el barrio sin hinchada
La cancha de Excursionistas nunca fue expropiada, pero sí vaciada. «La villa existe hasta 1978 y mucha gente de la villa es parte de la vida social del club. Por eso surge el apodo de ‘los villeros'», cuenta Tomás Di Tomaso, de la Subcomisión de Cultura.

Previo al Mundial 78, la villa del Bajo Belgrano fue arrasada por el plan de Cacciatore. «Personajes que estaban en todos los partidos desaparecieron. Se dejaron de cantar algunas canciones. Esa gente fue reubicada en Soldati o Florencio Varela». Di Tomasso relata que el club busca hoy reconstruir esa memoria junto a organizaciones villeras: «Excursionistas no tiene registro de hinchas detenidos o desaparecidos por la dictadura. Pero sí tiene un montón de desplazados por el desalojo de la villa. Estamos en conversaciones para hacer un mural que explique esa parte de la historia. Lo sorprendente fue que muchas mujeres de la organización nos dijeran: ‘Era emocionante ver que había gente que no era villera y se proclamaba villera'».
Un modelo de negocios
«Rompamos un poco la idea de que la dictadura quería hacerse con las canchas. Lo que querían era hacerse con varios negocios distintos», sostiene el sociólogo e investigador del Centro de Estudios del Deporte, Rodrigo Daskal. “Cuando vas al caso de Excursionistas, logran mantener la cancha pese a que no habían comprado el terreno, y son intimados por Cacciatore a dejarlo. Consiguen conservarlo pagándolo durante muchos años. La lógica social, política e histórica fue remover la villa dos meses antes del Mundial, cosa que tuvo consecuencias para la hinchada, pero la cancha se mantuvo. Se impuso la lógica deportiva, que no logró ser devastada por la lógica política de la dictadura”.
Daskal explica que hay casos en donde fue más fuerte la dimensión política. “San Lorenzo estaba en una crisis institucional muy grande cuando pierde su estadio. Uno se pregunta qué hubiera pasado si no hubieran estado con esa crisis económica y para cuando apareció el poder dictatorial con la idea de abrir una calle como excusa para hacerse del terreno. No estaban instalados como para defender el club”.
El “Plan de erradicación de las villas miseria” que ejecutó Cacciatore comenzó a idearse en 1975, cuando se consolidó la idea de que el Mundial de Fútbol 1978 tuviera lugar en Argentina. “Ese órgano ejecutor del Mundial tiene que transformar para mejor una cantidad de canchas y terminó beneficiando a Vélez y River”, señala Sebastián Juncal.
Las expropiaciones, clausuras y desplazamientos respondieron a una lógica de ciudad que prioriza negocios inmobiliarios y control territorial. Cuatro décadas después, la memoria de esas pérdidas todavía habita las tribunas, los murales y las calles. Clubes como San Lorenzo lograron, luego de años de organización y con aportes de los socios, volver a hacerse de los terrenos que les fueron quitados, mientras que Justo José de Urquiza y Club Atlético Fénix, aunque más relegados, aún siguen en la lucha.





