El pasado 6 de junio, el ex funcionario Lucas “Sagaz” Luna -cercano a Santiago Caputo- redactó un tweet acerca de un supuesto ataque terrorista realizado en Eid al Adha o fiesta del sacrificio, en el que supuestamente se estaban persiguiendo y asesinando deliberadamente a cristianos (el video fue desmentido numerosas veces desde su viralización). Su posteo decía: “No odiamos lo suficiente al islam”. Horas más tarde, el CIRA (Centro Islámico de la República Argentina) emitió un comunicado en repudio a la expresión islamófoba.
En un contexto de recrudecimiento de los discursos de odio, hablamos con Martin Saade, prosecretario del Centro Islámico de Argentina (CIRA); y el Sheij Muhammad Ahmad Galal Muhammad, de la mezquita Al-Ahmad en el barrio de San Cristóbal.
El tweet de “Sagaz” fue contestado por el líder de la juventud libertaria Sharif Menem, quien -citando al Gordo Dan- le respondió: “Borrá esto pelotudo”. Esto se dio en un marco en el que los bandos de Karina Milei y Santiago Caputo se disputan las lógicas de poder en La Libertad Avanza (LLA).
Más allá de las conjeturas que puedan hacerse sobre las internas de LLA, la problemática real de la islamofobia afecta a miles de personas en todo el país. “La islamofobia es el odio a los musulmanes y al islam como religión”, definió Saade. El caso del antisemitismo y la islamofobia es particular, ya que -debido a que los medios hegemónicos (y también algunos influencers) tratan el genocidio en Palestina bajo una premisa de “guerra religiosa”, pese a ser un conflicto de orden político e ideológico-, el análisis decantó en la creación de una narrativa sobre una supuesta guerra espiritual donde judíos y musulmanes parecieran ser enemigos naturales. La realidad no puede estar más alejada de esto, pero los efectos en el mundo y en particular en nuestro país, donde ambas partes tienen una influencia y existencia histórica, no podía faltar.
La islamofobia parece ser el nuevo estándar, ya no es algo marginal o extraño. “Hay un grupo que no va a parar hasta eliminar al último ‘cabeza de toalla’ del país”, advirtió Saade. También aparece la conexión con la xenofobia cuando esta misma gente insta a que los musulmanes vuelvan a sus países de origen. Desde hace dos años, el CIRA recibe denuncias constantemente y detecta casos de islamofobia que van desde chistes hasta amenazas a toda la comunidad. La estigmatización también aparece a través de formas que sobrepasan el mero discurso: Saade mencionó «los controles selectivos, teléfonos intervenidos y falta de custodia en los espacios de culto, entre otros».
Algo que se remarca constantemente es la doble vara judicial. Saade recuerda el caso de un dirigente detenido durante seis meses por un comentario sobre Israel, mientras que quienes llaman abiertamente al exterminio de musulmanes siguen impunes. Galal observó que en varios de los intentos por tender puentes con el Gobierno no obtuvieron respuesta.
La cuestión de la representación es aún más complicada. “La comunidad islámica tiene más de 150 años en Argentina y el CIRA, nuestro centro institucional, más de un siglo. Pero cuando se habla del Islam en los medios, casi nunca se consulta a nuestros referentes”, explicó Saade. En su lugar, los micrófonos se abren a figuras sin vínculo con la comunidad. Saade concluyó con la idea de que nadie invitaría a un no judío a hablar sobre el judaísmo, o a un no católico a explicar la misa. Esto claramente obedece a una lógica y agenda mediática donde los musulmanes son lo otro, un grupo exótico que tiene que ser explicado por un “especialista”, no son vecinos con voz propia.

Esto también tuvo repercusiones en la difusión cultural. El programa El Cálamo, emitido en la TV Pública durante varios años, fue levantado sin explicaciones a fines de 2024. “No generaba ningún gasto. Lo producíamos nosotros. Solo tenían que ponerlo al aire. Y justo cuando escaló el conflicto en Palestina, desapareció”, señaló Saade. El programa eventualmente volvió, pero más allá de la denuncia de censura que realizó el CIRA, nunca hubo respuestas por parte del Gobierno.
Mientras en redes sociales se multiplican los discursos de odio bajo la bandera de los “valores occidentales”, lo que desde la comunidad musulmana se propone es dejar de enfrentarse la realidad cara a cara. Galal, en su labor como guía espiritual, sostuvo: “Tenemos las puertas abiertas. Siempre invitamos a que vengan, que vean cómo rezamos, que pregunten. Acá se hace caridad, se reparte comida, se recibe a estudiantes de secundaria. El Islam no es lo que cuentan en los videos que promueven el odio, es lo que vivimos todos los días en comunidad”.
“Nos llaman atraso, peligro, barbarie. Pero nosotros hace 40 años salimos a repartir comida en la calle, organizamos campañas solidarias y trabajamos por la paz. Si eso es atraso, entonces el progreso está profundamente equivocado. Si eso es occidente, entonces no nos representa”, agregó Saade.
Más allá del complicado contexto, Galal destacó que el diálogo interreligioso en Argentina se mantiene firme. “Las relaciones entre las diferentes comunidades funcionan bien. Nos reunimos, dialogamos, participamos en ferias, encuentros, eventos. El problema no es entre credos”, aseguró. Sin embargo, observó que la falta de voluntad política y social de algunos sectores que prefieren alimentar el prejuicio antes que el entendimiento es lo que causa estos males.
Para Galal, combatir la ignorancia con apertura, buena comunicación y conocimiento es clave. “La gente tiene derecho a opinar, claro. Pero también tiene la responsabilidad de informarse, de escuchar antes de juzgar”, planteó.
Aunque insistan en hablar de “valores occidentales”, Argentina se construyó desde sus inicios sobre la base de la diversidad: étnica, cultural y religiosa. Hoy, un pésimo revisionismo histórico quiere introducir en nuestra nación discursos que no solo buscan excluir, sino también justificar su propio odio e ignorancia. Pero, como señala el Sheij Galal, el problema no es entre religiones, sino del desconocimiento y de una construcción deliberada que pone al Islam como amenaza.
Frente a eso, desde la comunidad islámica se insiste en que la convivencia en paz es una demanda más viva que nunca y también un trabajo diario y colectivo. “La paz no se decreta. La paz se construye todos los días. Y no con slogans, sino con acciones”, expresó Saade.






