«Síganme»: entre la mitología del menemismo y la fascinación por la época neoliberal

🎞️ Carlos Menem vuelve. Esta vez no en los discursos presidenciales que lo reivindican, ni en los análisis académicos sobre el neoliberalismo criollo, sino en formato de ficción.
07/07/2025

La nueva serie de Ariel Winograd y Fernando Alcalde recorre el ascenso al poder y los años de la presidencia de Carlos Saúl Menem. El estreno llega en un contexto político marcado por referencias constantes al menemismo. Entre tensiones familiares, disputas legales y un elenco de figuras, la producción propone una lectura sobre una figura clave del neoliberalismo argentino.

Carlos Menem vuelve. Esta vez, no en los discursos presidenciales que lo reivindican, ni en los análisis académicos sobre el neoliberalismo criollo, sino en formato de ficción. Síganme, la serie que retrata la vida del expresidente argentino, llega a la pantalla de Amazon Prime el próximo 9 de julio. Dirigida por Mariano Varela, la producción reconstruye el ascenso del dirigente riojano desde la gobernación hasta su llegada a la presidencia, abarcando los momentos más emblemáticos de sus dos mandatos.

Leonardo Sbaraglia encarna al líder del “salariazo” devenido símbolo de la convertibilidad, en una interpretación que, como toda la serie, busca explorar las luces y sombras de una figura aún polémica. Griselda Siciliani interpreta a Zulema Yoma, su primera esposa; Juan Minujín, al fotógrafo Olegario Salas, personaje ficticio que oficia de narrador y testigo del backstage del poder. También participan Jorgelina Aruzzi, Marco Antonio Caponi, Agustín Sullivan, Cumelén Sanz y Alberto Ajaka.

La serie se estrena en un momento cargado de sentidos: el país atraviesa un nuevo experimento de reformas estructurales encabezado por Javier Milei, quien se ha declarado públicamente admirador del expresidente. Las comparaciones se multiplican, tanto en los medios como en el imaginario popular. Desde las incursiones en conflictos de Oriente Medio hasta vínculos amorosos con Yuyito González. La pregunta inevitable es: ¿hasta qué punto Menem y Milei se parecen?

Para Gabriela Cerruti, periodista y autora de El Jefe, una biografía no autorizada del exmandatario, hay una continuidad histórica clara. “Menem contaba con los recursos que le daban las privatizaciones del Estado. Hay una línea que arranca en el Rodrigazo, pasa por la dictadura, la retoma Menem, luego Macri, y ahora Milei. Todos comparten la idea de que achicar el Estado es agrandar la Nación”, señala. Cerruti también advierte diferencias: “Menem tenía una sensibilidad social que Milei no tiene. Además, jamás insultó ni humilló a nadie. Su estilo era seductor, negociador y político”.

En contraste, la periodista Olga Wornat, autora de Menem, la vida privada, rechaza de plano la comparación. “Son gobiernos completamente distintos. Milei es un outsider que no tuvo militancia política, un personaje agresivo e ignorante. Menem era un animal político, carismático, formado. Ganó internas, gobernó La Rioja, estuvo preso en dictadura. No hay punto de comparación”, sostiene. Wornat también marca que la serie probablemente no profundice en los aspectos más oscuros de su gestión: la voladura de Río Tercero, los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel, los indultos a los militares y el tráfico de armas con Ecuador, Croacia y Bosnia.

La trama de Síganme no escapa a las controversias que suele despertar su protagonista. La producción enfrentó una larga batalla judicial iniciada por Carlitos Nahir Menem, hijo del expresidente, quien intentó frenar el proyecto mediante una medida cautelar. Alegó que no había sido consultado sobre el uso de la imagen de su padre. En cambio, Zulema Menem, hermana de Carlitos y figura pública del círculo menemista, fue la única integrante de la familia que colaboró con los productores. Las tensiones entre ambos hermanos escalaron y la causa llegó al Juzgado Civil a cargo del juez Carlos Goggi, quien finalmente autorizó el estreno. Según la documentación presentada, Carlos Menem habría firmado en vida una autorización para el uso de su imagen sin contraprestación económica. El juez argumentó que esos derechos no formaban parte de la herencia, lo que destrabó el conflicto legal.

Sobre el entuerto legal, Cerruti desliza: “Conociendo a Menem, la idea de que el expresidente haya firmado unos papeles en un momento tan terminal de su vida para darle a una productora internacional los derechos de su historia para hacer lo que quieran, sin control alguno del argumento, en cualquier tipo de formato, ahora y para la eternidad y sin recibir un solo peso a cambio, es algo que obviamente nadie puede creer que sea cierto y sobre lo que se deberá saber la verdad en algún momento”. Y agrega: “Ahí hay algo muy turbio entre la productora y Zulemita, evidentemente”. 

Entre la mitología del menemismo y la fascinación por una época neoliberal marcada por las privatizaciones y el consumo desmedido, la serie apuesta por el espectáculo. El tono, según anticiparon sus realizadores, oscila entre el drama político y el relato de época, con guiños a la cultura pop de los años noventa. Todo esto visto desde los ojos de Olegario Salas, un fotógrafo ficticio que acompaña al líder desde su etapa en La Rioja. Una figura que, al estilo del “Forrest Gump argentino”, permite narrar desde adentro pero con distancia.

Menem fue privatizador, clientelista, demagogo, camaleónico, estratega, seductor y mediático. Fue también el primer peronista en aplicar un plan económico ortodoxo, al punto de dejar atrás las banderas tradicionales del movimiento. Convirtió al peronismo en una maquinaria de gestión neoliberal que, aunque con matices, encontró eco en gobiernos posteriores. Cerruti recuerda que con Menem “se terminó la conscripción obligatoria y los levantamientos carapintadas, pero también fue el presidente de los indultos y de la AMIA”. Para ella, “el valor de una serie sobre Menem es que permite, con perspectiva histórica, ver que no todo fue blanco o negro”.

Al preguntarse cómo reaccionaría el expresidente ante una producción que lo convierte en personaje, las respuestas oscilan entre la especulación y la certeza. Cerruti sostiene que “Menem es un gran personaje para una gran historia”. Wornat, en cambio, duda que le hubiera agradado la exposición de ciertos aspectos privados. “No creo que la serie toque los momentos más oscuros. Menem siempre cuidó su imagen. Era seductor, sí, pero también un hombre que supo esconder secretos”.

La elección de Sbaraglia como protagonista, en tanto, apunta a una interpretación que exceda la caricatura. Con su trayectoria en cine y televisión, el actor fue convocado para encarnar la ambigüedad del personaje: su costado popular, su retórica efectiva, su vínculo con el poder y la farándula. En ese sentido, Síganme no solo es un producto audiovisual, sino también una intervención en la memoria colectiva.

A pocas semanas del estreno, el debate ya está abierto. ¿Qué Menem mostrará la serie? ¿Qué lectura hará del pasado? ¿Y qué resignificaciones activará en el presente? En un país donde las biopics políticas se multiplican —de Maradona a Fito Páez, de Fangio a Néstor Kirchner—, la historia de Carlos Saúl Menem irrumpe como un espejo incómodo. A treinta años de sus reformas estructurales, su figura aún divide aguas. Y ahora, además, se convierte en entretenimiento.

Compartí