El IRA: símbolo de resistencia frente al imperialismo británico

✊Tras siglos de dominio inglés y la frustración de los reclamos políticos, la insurgencia irlandesa encontró en la guerrilla la única vía para alcanzar la independencia. El IRA se convirtió en un símbolo de resistencia durante todo el siglo XX: sufrió fracturas, clandestinidad, resurgimientos armados y, en última instancia, buscó la paz.
27/08/2025

La lucha por la independencia de Irlanda fue uno de los conflictos más intensos y significativos del siglo XX en Europa. Un proceso que combinó ideales nacionalistas, movimientos sociales, reivindicaciones religiosas y violencia política. Desde el siglo XVII, la colonización inglesa impuso un régimen discriminatorio: la mayoría católica quedó sometida a leyes restrictivas en favor de la minoría protestante leal a la Corona. La gran hambruna de mediados del siglo XIX, que provocó más de un millón de muertes y un éxodo masivo, reforzó el sentimiento anticolonial y la idea de que la independencia era una cuestión de supervivencia nacional.

El conflicto moderno comenzó a fines del siglo XIX, con la emergencia de organizaciones nacionalistas como la Hermandad Republicana Irlandesa. A su vez, en este proceso, las mujeres tuvieron un rol fundamental. La organización Cumann na mBan, fundada en 1914, agrupó a militantes que participaron en combate, transporte de armas, inteligencia y propaganda. Entre ellas destacó Constance Markievicz, condesa y revolucionaria feminista que tomó parte activa en la revuelta de 1916.

La Rebelión de Pascua, ocurrida entre el 24 y el 29 de abril de 1916 en Dublín, fue el catalizador definitivo. Aunque fue sofocada en pocos días, el fusilamiento de sus líderes convirtió a aquellos hombres y mujeres en mártires de la causa nacionalista. De allí nació la chispa que derivó en la Guerra de Independencia (1919-1921), dirigida militarmente por el Ejército Republicano Irlandés (IRA). Bajo el mando de figuras como Michael Collins, el IRA recurrió a la guerra de guerrillas: emboscadas, ataques rápidos y sabotajes que pusieron en jaque al ejército británico. La presión de la lucha, sumada al apoyo popular, obligó a Londres a negociar.

El Tratado Anglo-Irlandés, firmado el 6 de diciembre de 1921, reconoció la independencia parcial del sur de la isla con la creación del Estado Libre de Irlanda. Sin embargo, incluyó un punto polémico: el Juramento de Lealtad a la Corona británica. Esto dividió al movimiento republicano. Por un lado, los partidarios del tratado, encabezados por Collins; por el otro, los opositores, liderados por De Valera y el ala del IRA contraria al acuerdo. La disputa desembocó en la guerra civil irlandesa (1922-1923), ganada por las fuerzas pro-tratado. La derrota dejó al IRA sin estructura de mando, sin capacidad de reclutamiento y, sobre todo, sin legitimidad ante el nuevo gobierno. Declarado ilegal tanto en el sur como en el norte, el IRA quedó reducido a la clandestinidad.

En las décadas siguientes, el grupo intentó nuevas campañas armadas, con escaso éxito y poco apoyo popular. La mayoría de los irlandeses prefería la vía política. Pero a fines de los años 60 el panorama cambió: la discriminación contra la minoría católica en Irlanda del Norte y la represión de las marchas por los derechos civiles desembocaron en el inicio de “The Troubles”. Fue entonces cuando surgió el IRA Provisional (PIRA), más radical y militante, que se convirtió en la principal fuerza insurgente durante las tres décadas siguientes.

El PIRA impulsó una estrategia de guerrilla urbana con atentados, coches bomba y asesinatos selectivos de policías, soldados y políticos unionistas. Entre los hechos más notorios figuran el Domingo Sangriento de 1972, cuando paracaidistas británicos mataron a 14 manifestantes en Derry, y los ataques con explosivos en ciudades como Belfast y Londres.

Entre las figuras más emblemáticas del PIRA se encuentra Rose Dugdale. Hija de una acaudalada familia inglesa, abandonó su vida privilegiada para sumarse a la organización. Colaboró en el desarrollo de explosivos y tecnología armamentística, y protagonizó acciones audaces como el secuestro de un helicóptero para un intento de atentado con bomba en 1973. Su ejemplo inspiró a otros militantes y reforzó la dimensión internacional de la causa republicana.

En sus últimas décadas de actividad, el IRA Provisional mantuvo una intensa campaña militar que buscaba forzar al Reino Unido a negociar. En los años 80 y 90, el grupo combinó operaciones de gran impacto en Irlanda del Norte con ataques en territorio británico. El ataque con bomba al hotel de Brighton en 1984, que casi acaba con la vida de la primera ministra Margaret Thatcher, o la explosión en el distrito financiero de Canary Wharf en Londres en 1996, evidenciaron que el IRA seguía teniendo capacidad para golpear el corazón político y económico del Reino Unido. Paralelamente, los enfrentamientos con el ejército británico y la policía norirlandesa mantenían un clima de guerra de baja intensidad que parecía no tener salida.

Rose Dugdale

El costo humano, con miles de muertos y heridos, fue desgastando tanto a la población como a las propias organizaciones en conflicto. A su vez, el avance del Sinn Féin, brazo político del republicanismo, permitió abrir un nuevo frente: la vía de la negociación. Bajo el liderazgo de Gerry Adams y con el apoyo del gobierno irlandés y mediadores internacionales, el IRA entendió que su lucha no podía resolverse solo con las armas.

El gran punto de inflexión llegó el 10 de abril de 1998, con la firma del Acuerdo de BelfastAcuerdo de Viernes Santo. Este histórico pacto estableció un sistema de poder compartido entre unionistas y nacionalistas en Irlanda del Norte, reconoció derechos políticos y culturales a la minoría católica y abrió el camino para el desarme progresivo de las organizaciones paramilitares. Aunque no todas las facciones aceptaron el acuerdo, el IRA Provisional anunció en 2005 el fin de su campaña armada, cerrando el ciclo de casi un siglo de lucha. 

A más de cien años después del Alzamiento de Pascua, la historia del IRA refleja la de un pueblo que se resistió al colonialismo y al imperialismo británico. Su trayectoria, entre la clandestinidad, la guerrilla y la negociación política, dejó una huella indeleble en Irlanda y en Europa. El Acuerdo de Viernes Santo marcó la paz, pero también consagró al IRA como símbolo de resistencia frente a un poder extranjero que durante siglos había negado el derecho de los irlandeses a gobernarse a sí mismos.

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