Falta cada vez menos para las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, que por primera vez irán desdobladas de las nacionales. En un contexto de menor asistencia a las urnas en diferentes provincias, resulta una verdadera incógnita el porcentaje de participación que registrarán los comicios del domingo 7 de septiembre y cómo afectará esto a las fuerzas políticas en pugna.
Dialogamos sobre estos temas con Gastón Mutti, doctor en Ciencia Política y docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quien analizó la creciente apatía del electorado así como las características novedosas de esta elección desdoblada en PBA.
Este año, según el portal Chequeado, la participación en los comicios provinciales cayó 19 puntos respecto del promedio histórico. ¿Cuál es tu análisis sobre esta tendencia descendente que se registra desde 2001 pero que avanza con mayor velocidad en los últimos años?
El problema que tiene el dato de Chequeado es que nosotros no vamos a encontrar ese porcentaje de forma unánime en las distintas elecciones que se han hecho durante el año 2025. Esto nos indica que en algunas provincias ha habido un descenso significativo de la cantidad de votantes, pero por ejemplo Jujuy registró 68,05 por ciento de participación y Formosa tuvo 66,23 por ciento de participación, con lo cual ciertas realidades muestran una disminución de la cantidad de votantes que no fue tan consistente como sí lo fue en Misiones (55 por ciento), la Ciudad de Buenos Aires (53,35 por ciento) y Santa Fe (51 por ciento en las generales). Es decir, los aparatos provinciales partidarios siguen teniendo una capacidad de movilización -particularmente estoy pensando en Jujuy y Formosa, aún cuando se vea resentida- y existen otros casos en los cuales directamente ha habido un vuelco del padrón hacia la abstención electoral, en el sentido de que no hay una voluntad ciudadana de concurrir a los comicios. Creo que hay varias notas para empezar a hacer. El dato anterior es que en las presidenciales de 2023 los porcentajes de votación en la primera y segunda vuelta fueron del 77 y 76 por ciento respectivamente, o sea que dos años atrás había una propensión a votar por parte de los ciudadanos que hoy no la estamos observando. En la elección a diputados el porcentaje de participación fue del 67 por ciento, por lo que ya teníamos datos que mostraban un retroceso por debajo del umbral del 70 por ciento. La primera hipótesis que podemos plantear es: hay una menor propensión al ejercicio del voto en las primarias y hay un aumento de esa propensión al voto en las generales. Y la segunda hipótesis es que las elecciones para cargos legislativos -de medio término- tienen sistemáticamente un porcentaje menor de votos que las que se eligen cargos ejecutivos.
¿Cómo se relaciona el proceso político actual que tiene a Javier Milei en la presidencia con la desconfianza y apatía que expresa buena parte del electorado hacia los partidos políticos en general?
Yo plantearía dos cuestiones. La primera es que evidentemente, cuando uno ve los guarismos de 2023 a nivel ejecutivo, el porcentaje de votación fue bastante consolidado respecto a lo que habían sido las votaciones para el mismo cargo en años anteriores. Evidentemente a lo largo de este año, sobre todo en las provincias en las cuales ya se ha votado, habría una posibilidad de pensar que ni siquiera La Libertad Avanza logra movilizar a las personas que se sentían descontentas y que encontraron en el voto a Milei una forma de castigo contra las ofertas electorales tradicionales. Parecería que ese voto que se canalizó hacia La Libertad Avanza (LLA) -que perfectamente podría haber sido un voto de Cambiemos pero en algún otro momento también un voto del peronismo- hoy no encuentra allí la posibilidad de su expresión política. Entonces no estamos frente a un problema únicamente de los partidos políticos tradicionales, sino que esa tendencia va también hacia aquellas nuevas fuerzas políticas y ofertas electorales que se abrieron en los últimos dos años.
Por primera vez, la Provincia de Buenos Aires realiza elecciones desdobladas y previamente hubo acusaciones al interior del peronismo por esta decisión del gobernador Axel Kicillof. ¿Qué factores político-institucionales resulta necesario atender de cara a los comicios del 7 de septiembre teniendo en cuenta que en PBA también podría existir una baja asistencia a las urnas?
Todos los cambios en los cronogramas electorales o en las formas de votación tienen un prerrequisito político-ideológico que es la búsqueda de ganar las elecciones. Siempre el objetivo es tener una mejor performance electoral. Kicillof ha hecho una evaluación de que el desdoblamiento de las elecciones es totalmente beneficioso -veremos luego de las elecciones si esto fue así- para resguardar a la provincia de Buenos Aires de las elecciones generales, que van a tener un carácter nacional. La Libertad Avanza está intentando nacionalizar las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Por contrapartida, dirigentes históricos del peronismo que han sido incluidos en las listas electorales como candidatos testimoniales buscan provincializar al máximo esa elección. Ahí hay otro tema importante: cómo se va a adaptar la ciudadanía en las elecciones generales a la Boleta Única Papel. Si ese proceso se acompaña de una posibilidad de educación cívica al ciudadano en el ejercicio del voto -con propagandas electorales por ejemplo-, se podrían mantener ambos sistemas de emisión del voto pero en algún momento la provincia de Buenos Aires tendrá que pensar si la Boleta Única Papel mejora la posibilidad de ejercicio del voto y que todas las opciones electorales estén representadas.
No obstante, por los tiempos acelerados que corren, daría la sensación que esta cuestión pedagógica-educativa para explicar los sistemas de votación podría quedar relegada.
Podría pasar eso. Yo he recibido mensajes de Whatsapp con la explicación de cómo debe ser emitido el voto, también desde el portal Mi Argentina ha llegado a los teléfonos cómo es la Boleta Única Papel. Lo que sí es cierto es que en muchas provincias hemos tenido sistemas de votación tan complicados como la Ley de Lemas, que la votación de la Boleta Única termina siendo mucho más sencilla. Mi razonamiento es: si los santafesinos -por ejemplo- pudieron votar y entender la Ley de Lemas durante 15 años, significa que pueden votar de cualquier forma. Es más, en la provincia de Santa Fe hubo una experiencia de votación con los mismos padrones para el gobierno provincial y el gobierno nacional, donde se votaba en un momento con la Boleta Única y luego se entregaba el sobre para votar con el sistema tradicional de boleta sábana. Eso se hizo el mismo día.
Hace un rato planteaste el dilema entre nacionalizar o provincializar la elección. ¿Qué rol crees que juegan los temas nacionales en el debate público y la polarización político-electoral? ¿Es posible discutir sobre temas locales en una elección como la de la provincia de Buenos Aires?
Esa es una discusión antiquísima en la provincia de Buenos Aires. Y uno de los debates que se dieron era hasta qué punto se podía imponer una agenda local. El gobierno provincial de Kicillof argumenta que justamente esta posibilidad de separar las elecciones va a permitir una agenda propia, evidentemente eso se logra en algunas secciones electorales en las cuales hay ciertos comportamientos y pretensión de no aliarse ni con el gobernador ni con la opción del presidente Milei. Esas terceras vías, que en algunas secciones electorales se intentan materializar, buscan imponer una agenda diferente. No obstante, es muy difícil contrarrestar el impulso de la campaña del gobernador y del presidente de la nación, ya que ambos pretenden polarizar la elección.

¿De qué forma impacta la rápida absorción del PRO por parte de La Libertad Avanza en las identidades políticas y en la reconfiguración del debate público?
Las fuerzas políticas novedosas y con poco tiempo de formación necesitan hacer alianzas con ciertas élites políticas preexistentes -que tenían su expresión en otros partidos políticos- para consolidarse y avanzar electoralmente. Cuando uno ve la conformación de las listas de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, todos los analistas indican el alto porcentaje de militancia y liderazgos del propio Partido Justicialista. Es decir, no es solamente el PRO que está siendo fagocitado por esta nueva fuerza política. Es un transfuguismo que se ha visto en muchas oportunidades en el país. Pensemos en 1946 cuando Perón gana las elecciones, ¿de dónde venía la militancia de ese momento a nivel de cargos dirigenciales? En la provincia de Buenos Aires era el Partido Conservador y en muchas otras provincias eran facciones del radicalismo. Más cercano en el tiempo, el PRO tomó gran parte de su dirigencia de personas que venían inclusive del peronismo. Carlos Acuña, quien acaba de fallecer -una terrible pérdida para la Ciencia Política-, siempre comentaba que hablar de la conformación y consolidación de un partido político es hablar de 15 años. En La Libertad Avanza tenemos apenas 4 años.
Estamos en tiempos donde la ciudadanía está pidiendo también cierta renovación generacional en las estructuras políticas. ¿Cómo impacta esta cuestión en el peronismo en un contexto totalmente novedoso en el que hoy Cristina Kirchner se encuentra privada de su libertad y el liderazgo está acéfalo?
Existe una reconfiguración muy importante dentro del peronismo, ya que dirigentes de generaciones más jóvenes ya tienen una importancia muy grande al interior del Partido Justicialista. Claramente está menguando la impronta de un liderazgo como el que Cristina Fernández de Kirchner tuvo en las últimas décadas. Esto ocurre independientemente de la postulación electoral dada la sentencia firme contra la expresidenta, porque estamos hablando de una persona con más de 70 años de edad. La renovación se va dar indefectiblemente. Ahora bien, lo que va a pasar es que los gobernadores peronistas van a cobrar una fortaleza como ya tuvieron en otros contextos históricos. No podemos olvidar el rol de los gobernadores a finales de la década de 1990 y hasta el año 2003, como así tampoco lo que ocurrió durante el gobierno de Cambiemos. Allí también se puso en duda el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner y empezaron a surgir estos barones del interior del país tensando la política partidaria. El que está jugando la carta más poderosa en este sentido es el propio Kicillof, porque si sale fortalecido de la elección bonaerense será muy complejo para el resto del Partido no darle ese lugar de preponderancia. Si la performance electoral de Kicillof no es buena, van a empezar a tallar otros ejemplos de gobernadores que intentarán poner sobre la mesa su poder territorial.






