De origen popular, Roberto Sánchez -más conocido como «Sandro»- nació en el barrio de Parque Patricios (CABA) pero fue criado en Valentín Alsina (partido de Lanús). Vivió toda su vida en el sur, más precisamente en la localidad de Banfield.
Su abuelo era gitano y su madre también. Rápidamente se apropió de esa identidad, a la cual caracterizó como una forma de transitar un destino trashumante y circular.
Ante todo poeta, laburó de cadete, tapicero y aprendió a impostar la voz repartiendo vino en damajuanas junto a su padre. Vicente Sánchez era popular en el barrio y querido por los vecinos. Al tipo lo esperaban con la comida servida en todas las casas en las que realizaba las entregas, por lo cual debía almorzar unas 5 o 6 veces.
El Gitano dio sus primeros pasos con el adoquín adherido y con el tango que circulaba en el bar que comenzó a frecuentar a los 11 años. Épico momento en el que se cruzó con las cuerdas, la música, y con su mejor y peor aliado: el cigarrillo.
Padre y fundador del rock nacional
Reconocido como el Elvis Presley argentino, Sandro fue más que eso. Su influencia en la historia del rock nacional en los ´60 tiene sólidos sustentos.
En sus inicios, Sandro conformó una banda de poca trascendencia que se llamó Los Caniches de Oklahoma y luego se lanzó con Los del Fuego. La banda tenía una impronta fuertemente rockera y desalineada. La puesta en escena era clave en la identidad de Los del fuego, los pibes se tiraban al piso descontrolados y llegaron a romper varias cámaras en un estudio de televisión en una de sus presentaciones. Reversionaron a Presley, pero también lo hicieron con Los Beatles y con Jerry Lee Lewis.

En la década de 1960, Sandro frecuentaba asiduamente La Cueva, un bar mítico del under ubicado en la Avenida Pueyrredón de CABA que fue parte de la gesta del rock nacional. El gitano iba tan seguido que circulaba el mito de que era uno de los dueños. Allí compartió largas noches y madrugadas junto a Billy Bond, Tanguito y Lito Nebbia, que ya andaba obsesionado con el tema de los náufragos y La Balsa.
Para ese entonces, la figura definitiva del establishment y el status quo era el tucumano Ramón «Palito» Ortega. Caripela y protagonista del club del Clan, Palito representaba al pibe que -gracias a la meritocracia y a los valores tradicionales como el matrimonio y la familia- formaba parte de una juventud sana que no debía hacerse demasiadas preguntas.
Sandro era, en ese sentido, la contrafigura. Sus movimientos eran excéntricos, seductores y desalineados. Era amado por las mujeres y odiado públicamente por los hombres (aunque genera incertidumbre saber si lo hacían efectivamente en la intimidad). Además, su pasado reciente de destructor de escenarios acompañaba la imagen disruptiva. “Atmósfera pesada” quizás sea una de las canciones tapadas del Gitano que lo insertan definitivamente dentro del mítico y respetado club del rock nacional.
El giro en la carrera musical de Sandro se produce cuando comienza su camino como solista influenciado por su productor y co-autor de canciones Oscar Anderle, un tipo que promueve su faceta comercial y de baladista. El hito fundacional de la etapa que lo lleva al éxito absoluto es el festival de la canción en el 67, en el que sale ganador con el tema “Quiero llenarte de mi”. A partir de ahí, la vida de Sandro se transforma definitivamente en un mundo de sensaciones, pero esa ya es parte de una historia conocida.
Las Nenas
Las Nenas fueron y son un colectivo y una identidad. Las seguidoras y en muchos casos cuidadoras y guardaespaldas del Gitano se repartieron por toda América Latina. Cada país tuvo su club de fanáticas que contaba con cierta autonomía y que se conectaba con la central ubicada en Argentina.
Las nenas no sólo eran seguidoras, sino que construyeron una militancia doctrinaria de respeto y admiración al Gitano que se materializaba en obras, donaciones, eventos y propuestas. Llegó a existir una bastante ingeniosa, en la cual las niñas o niños nacidos el mismo día que Sandro eran mantenidos un año por el colectivo. De todos modos, el patriotismo y la valentía emergieron de manera definitiva cuando llamaron a votar contra Milei en el balotaje del año 2023.

La filosofía identitaria de las nenas de Sandro no puede escindirse de las tensiones que existieron en la compleja relación entre Sandro y Roberto Sánchez. Sandro fue sólo la parte pública y extrovertida en la vida de Roberto, cuya personalidad maridaba mejor con la soledad y el aislamiento que con la onda eufórica y expansiva. Las nenas no sólo respetaron y comprendieron mejor que nadie la privacidad del ídolo, sino que fue esa la esencia de la complicidad en el vínculo con ellas.
En lo personal, considero que la identidad de las nenas se relaciona con la posibilidad de conmoverse idealmente con una persona cuya intimidad se manifiesta de manera pública como un misterio. Ser nena de Sandro es admirar y fantasear con un sujeto cuyo oscuro objeto del deseo (el mismo del que habló Buñuel en 1960) resulta oculto e incomprensible.
Sandro conquistó a las nenas y a una región entera. Por su carácter popular fue señalado injustamente de grasa. Una apreciación que discrepa con su capacidad de reflexión, lectura y poesía. Más acertada es la caracterización de Sandro como sujeto apolítico. En las épocas de La Cueva se difundió una prematura fake news que vinculaba a Sandro con la guerrilla peruana, noticia que fue desmentida por él mismo en Diario Crónica. La realidad es que el Gitano no se posicionó públicamente sobre temas políticos nacionales ni internacionales, aunque compuso algunas canciones cuestionando la fatalidad y lo absurdo de la guerra. Su ideología quedó tan a resguardo como su vida privada.
Sandro publicó 52 álbumes originales, vendió al menos ocho millones de copias y realizó 15 películas. A 80 años de su nacimiento y 15 de su muerte, sus canciones todavía son hits. Se multiplican los dobles e imitadores, los shows homenajes y las cuentas en redes que viralizan la figura del Gitano como gran seductor o gran poeta. La pasión no cabe en un like, y era Rodolfo quien decía que la estupidez del mundo nunca pudo y nunca podrá arrebatar la sensualidad. Fue el Gitano el principal exponente argentino y lationoamericano de aquellas pasiones que todavía se avivan en estos contemporáneos fuegos.







