¿Quién gana y quién pierde con Temu y Shein?

🧑‍💻 Entre enero y mayo de este año ya se fueron 1500 millones de dólares en compras "puerta a puerta" de productos chinos. Crisis textil y estrategias nocivas de venta.
12/08/2025

Seguramente en las últimas semanas, días o incluso horas, escuchaste hablar sobre Temu y Shein. Shein, más conocido como el Amazon chino, forma parte de las nuevas plataformas digitales que arribaron con fuerza a nuestro país.
Se volvió un tema recurrente en los almuerzos familiares, los grupos de amigos o las oficinas de trabajo: todos conocemos a alguien que compró y está fascinado con el bajo precio de sus compras. Tampoco podemos descartar lo cautivante que resulta la idea de sentarnos frente a una computadora, realizar un pedido por nuestros propios medios y, al poco tiempo, recibir un producto en la puerta de nuestra casa, proveniente de la otra punta del mundo.

Por novedoso que parezca, no deja de tratarse de una empresa cuyo origen se remonta a 2008, con un crecimiento incesante en el rubro de la fast fashion. Son compañías que producen a escalas incalculables, venden a precios muy competitivos e imitan modelos de grandes marcas de ropa.

Para dimensionar el fenómeno: un informe publicado por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), con datos del INDEC y del Banco Central, reveló que entre enero y mayo de 2025 gastamos, en operaciones del tipo “puerta a puerta”, u$s1.572 millones. Según la propia cámara, esto provocó que la participación de la ropa de producción nacional en el consumo total cayera del 44% al 33%. Es decir, los argentinos utilizamos hoy más ropa importada que la producida localmente, y por una amplia diferencia.

Esta coyuntura no es nueva para nosotros: ya atravesamos momentos de apertura indiscriminada del comercio en buena parte de los ‘90 y en los primeros dos años del gobierno de Macri. Si bien la situación parece volverse cada vez más crítica, un halo de esperanza surge al ver que marcas como Shein y Temu generan desequilibrios incluso en economías centrales.

Por ejemplo, Francia sancionó leyes que obligan a estas empresas a comercializar sus productos con un ecopuntaje (eco-score) que mida el impacto medioambiental (emisiones, reciclabilidad, etc.), además de penalizar a influencers que promuevan estas marcas. Por su parte, la Unión Europea las clasificó como Very Large Online Platforms (VLOPs) debido a su masividad (más de 45 millones de usuarios mensuales). Esto implica que deben cumplir con estándares más estrictos, con mayor vigilancia sobre productos ilegales o inseguros y transparencia en sus algoritmos.
¿A qué se refiere “transparencia en los algoritmos”? Marcas como Temu utilizan tácticas comerciales como simular un conteo de stock reducido para generar urgencia de compra. La Unión Europea consideró esto dañino, especialmente por su impacto en el consumo compulsivo entre los jóvenes.

En conclusión, estas marcas tienen efectos nocivos y distorsivos en todo el mundo, ya sea por sus prácticas publicitarias agresivas o por sus bajísimos costos de producción. En Argentina, el impacto es aún más fuerte porque tenemos una industria textil importante. Esto debería invitarnos a conversar y debatir qué hacer a futuro, ya que la única forma que tendría nuestro país de competir contra una producción basada en mano de obra prácticamente esclava sería proteger a la industria nacional —aceptando que pagaremos más cara nuestra ropa— o flexibilizar el mercado laboral de una manera indigna para nuestros valores.

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