En La Matanza de local y en Tandil de visitante. En Los Toldos donde nació Evita y en Lobos, tierra de Perón. En la cuadriculada capital y en los pueblos del interior. En Lomas, donde habían corrido una semana atrás, y en Junín, donde corrieron esa misma semana. El peronismo pintó Buenos Aires de celeste, ganó una legislativa después de 20 años y talló la primer piedrita de la lápida libertaria. Paso a paso, pero con la moral alta.
Es toda de Axel. Se la jugó a desdoblar y se mantuvo firme, acomodó a los suyos en las principales secciones, cerró a los sindicatos y los intendentes, y salió fortalecido para 2027. Es toda de Cristina: colocó a los suyos en las secciones más disputadas y las ganó, consolidó el poder territorial de La Cámpora y demostró que sigue ordenando a buena parte del peronismo aún estando presa. Sorryn´t. Es toda de Milei: crisis, corrupción y dos novatos al mando de la estrategia política en la Provincia de Buenos Aires. ¿Qué podría salir mal? Entonces, ¿la gana el peronismo o la pierde el gobierno?
La pierde el gobierno. El 3% les pegó en su línea de flotación y desde entonces el dólar ya no flota y el gobierno se hunde. Vinieron a terminar con la casta y terminaron afanándose los medicamentos de los discapacitados que apalean. Al parecer, de los 12 millones de personas que sacaron de la pobreza, ninguno votó este domingo. Sin rumbo, pero hay que seguir: los gobernadores en contra, los bancos al acecho y los ministros propios preparando los bolsos. El experimento libertario termina mal y la pagamos los mismos de siempre. La pregunta es más por el cómo que por el cuándo.
La gana el peronismo. Lo que ellos llaman aparato se pronuncia militancia. Un pueblo organizado y una dirigencia que supo ajustar tuercas de las instituciones intermedias. Urge implementar la reelección indefinida en todo el país: los procesos populares confrontan en esencia contra la alternancia democrática. Desconurbanización del voto, fortines históricos e inexpugnables y soldados en territorio. El triunfo lo explica más el acumulado histórico del peronismo que la magia modesta de algunos de sus dirigentes.
F por el PRO. La derecha rubia y de la alegría murió en las fauces del león de papadas y campera de cuero. El armado que llevó a Macri al poder se vendió por chirolas previendo el impacto que ocasionaría su caída en solitario. No aportó caudal electoral, pero le llenó la lista de casta. Santilli y Ritondo ya eran violetas antes de haber vendido los colores. Pero el ingeniero toma nota mientras juega bridge. Pasan los gerentes y los dueños del boliche permanecen.
Desprecian al pueblo que gobiernan. Odian a los pobres, a los negros, a los viejos y a las mujeres. Gordo nazi panza llena, nadie elige cagar en un balde. El golpe del 3% y la ausencia de brújula en la dirección libertaria expusieron las diferencias entre las tribus que cohabitan bajo el paraguas de La Libertad Avanza. Una estructura fácilmente infiltrable dirigida por gamers de ultraderecha. La precaria institucionalización de su partido, la ausencia de cuadros políticos y técnicos, la zozobra de sus voceros y la crueldad de su práctica se pagan caro. Paciencia. Uno recoge lo que siembra, dicen.
La famélica intrascendencia del centro. La apuesta por saltar la grieta sale mal, no importa cuando leas esto. La magra cosecha de Somos Buenos Aires deja en claro que la tercera vía no existe en escenarios tan nacionalizados. Pero hojaldre: nos suma esa boleta, ahí van votos suyos, «racionales», moderados, antiperonistas al fin. Pero en este baile no hay lugar para tres. La batió hace años un rosarino guapo: «sólo caben dos posiciones en la historia: o se está a favor de los monopolios, o se está en contra». Mensaje a los argentinos, se llama el texto. Como tantas otras cosas, tampoco envejece.
El espacio de los gobernadores a nivel nacional se presenta como una doble vía: por un lado, es la opción racional -ante la muerte del PRO- de quienes quieren un país para unos pocos. Por el otro, es la vía de escape institucional en caso de que el invento libertario caduque antes de tiempo. El establishment piensa en una salida amigable que logre unir a Schiaretti, los gobernadores del PRO, Pichetto y las rémoras de la UCR. El provincialismo como balcanización, el sálvese quien pueda como norma y cada uno en su cuadrado. Vecinalismo de terruño, disfrazado de gaucho y con apellido «federal», sonriendo en la foto del Grupo Clarín.
El Rey desnudo, solo y caído en desgracia. Catorce puntos abajo y con 104 de los 135 municipios en manos del peronismo. Factos: los amigos del campeón son los primeros en hacer leña cuando el árbol se cae. Restan seis semanas para las elecciones de octubre: en PBA arrancan atrás, en Córdoba y Santa Fe también. En Tucumán se ordena el peronismo y en la Patagonia crece una esperanza. La macro se les cae y la micro, donde comemos nosotros, pasó de pradera seca a llano en llamas. El incendio está cerca y no voy a quemarme, sin antes pelear.
Todo esta pesadilla habrá valido la pena solamente si logramos un efecto bumeran: la profundidad de nuestro contraataque tiene que ser directamente proporcional al daño que nos han hecho. Radicalizar es la tarea: reescribir sueños grandes y llevarlos a cabo. Nueva Constitución, reducción de la jornada laboral, control estatal del comercio exterior, expropiación de grandes latifundios extranjeros, empresa nacional de alimentos. Volver a Malvinas. Caputo y sus secuaces presos. Soñar, pero a costa de creer en nuestros sueños.
Partir al medio las pastillas de la presión y pagar el supermercado con la de crédito. Saltar comidas o cenar un alfajor. Laburar a pleno y pasar por la olla popular para ahorrarse la cena. Trabajar nueve horas diarias, con 78 años, para pagar una parte del alquiler con lo que queda de la jubilación. Nadie almuerza equilibrio fiscal. Los pueblos se enojan y castigan, pero no comen vidrio. Y nuestro pueblo tiene una historia de gloria. Gordo, se vino.






