Saqueo imperial: los robos de la Corona inglesa y su exhibición en museos

🪙 A lo largo de la historia, las potencias colonialistas han saqueado la principales obras históricas y patrimonios culturales de las naciones oprimidas. ¿Qué rol cumplen los museos en la exhibición de estos bienes robados?
18/09/2025

La discusión sobre el saqueo colonial británico vuelve a ocupar un lugar central en la escena internacional. Miles de piezas de incalculable valor histórico y cultural -desde los bronces de Benín hasta otras reliquias africanas, asiáticas y europeas con el ejemplo de los Partenón griegos y hasta objetos en disputa con América Latina, como es el caso de los Moai con Chile- permanecen en el Museo Británico y otras instituciones del Reino Unido, pese a los crecientes reclamos de países y organismos internacionales que exigen su restitución. 

Paloma Basyk y Sebastián Acosta, profesores de Historia de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señalaron a El Grito del Sur al respecto: “Lo primero que habría que decir es que no fue algo exclusivo de los británicos. Todos los imperios europeos del siglo XIX participaron en el saqueo de bienes culturales, desde Francia hasta Alemania e Italia. Pero Inglaterra se volvió un símbolo porque lo hizo en una escala enorme y en geografías muy distintas, desde Egipto hasta India o Nigeria”.

Esta disputa no solo se instala en la historia del colonialismo, sino que también entra en la vigencia de estructuras de poder que aún condicionan la soberanía cultural de los pueblos. Esto comenzó a fines del siglo XIX, cuando soldados británicos saquearon miles de esculturas y bronces durante las expediciones punitivas contra el Reino de Benín, actualmente Nigeria. Estas obras y monumentos de aquel país africano se encuentran hoy repartidos en museos europeos y estadounidenses. De esta manera, dichas piezas se convirtieron en símbolos de la violencia imperialista, al punto de que el propio National Geographic describió el saqueo como “uno de los episodios más vergonzosos de la historia colonial británica”. 

Carlos Garberi, historiador y docente de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), contó que “a lo largo de la historia las políticas colonialistas, tanto de Inglaterra como de Estados Unidos, han ido de la mano de los saqueos a la principales obras históricas y patrimonios culturales y nacionales de las naciones oprimidas. Los museos son un ejemplo claro de todas estas políticas imperialistas”.

El Museo Británico, que concentra más de ocho millones de objetos -entre los cuales se hallan el tesoro de Oxus reclamado por Tayikistán o la cabeza de bronce de la diosa pagana Anahit solicitada por Armenia-, se volvió el epicentro de críticas y protestas internacionales. Según la BBC, la institución ha rechazado sistemáticamente devolver la mayoría de los bienes saqueados, escudándose en legislaciones internas que le impiden desprenderse de su colección. Basyk y Acosta lo explicaron de esta forma: “Esos objetos se transformaron en el corazón de los grandes museos europeos. El Museo Británico, por ejemplo, se construyó sobre ese legado colonial. Y lo muestran con total naturalidad, como si fuera patrimonio universal, cuando en realidad es el resultado directo de la conquista y del saqueo. Esa es la gran paradoja, entonces, porque hay instituciones que se presentan como las grandes cuidadoras de la cultura universal y están llenas de piezas arrancadas a la fuerza de otras culturas”.

Países como Nigeria, India y Grecia han redoblado sus reclamos, denunciando un expolio que fue material y simbólico. Un informe de la UNESCO del año 1995 sobre la restitución de bienes culturales instó a las potencias coloniales, en especial al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, a iniciar un proceso de reparación histórica, pero la respuesta se limitó a préstamos temporales. Como lo denunció recientemente Infonews, portal de noticias cooperativo, Inglaterra llegó incluso al absurdo de “prestarle” a Ghana tesoros que previamente le había saqueado.

“Desde hace décadas hay reclamos formales para que esas piezas vuelvan a sus lugares de origen. Egipto, Grecia, Nigeria e India han insistido en la restitución. Pero los casos concretos de devolución son mínimos porque devolver una pieza no sería un simple gesto cultural: sería admitir que fue robada. Y una vez que se reconoce eso, se abre la puerta a una catarata de reclamos que pondrían en cuestión la legitimidad de estos museos tal como están hoy en día”, agregaron Basyk y Acosta.

Por último, ambos explicaron: “Por eso lo que suele hacerse es postergar, prometer debates internacionales o plantear soluciones intermedias como los préstamos de largo plazo. Se devuelven unas pocas piezas para mostrar buena voluntad, pero el grueso sigue en exhibición en Europa. Y mientras tanto, los museos siguen recibiendo millones de visitantes que naturalizan esa apropiación. También está bueno mencionar la dimensión económica actual: esos museos generan ingresos turísticos enormes con piezas que no les pertenecen. Es decir, no solo hubo un saqueo, sino que hay un beneficio económico permanente”.

Por otro lado, la académica francesa Bénédicte Savoy argumenta que la restitución de estas piezas es un paso imprescindible para descolonizar los museos europeos, ya que su permanencia en vitrinas occidentales refuerza la narrativa de superioridad cultural que legitimó la expansión imperialista. En la misma línea, el arqueólogo inglés Dan Hicks define al Museo Británico como un ‘Museo Brutish’, es decir, un espacio que esconde bajo la etiqueta del arte una historia de violencia y despojo.

Por todas estas razones, el debate trasciende lo académico y se manifiesta en movilizaciones estudiantiles y campañas globales. Ejemplo de ello es que en Londres, París y Nueva York se han registrado protestas frente a museos exigiendo la devolución inmediata de las piezas, mientras que la propia prensa británica, como el History Workshop Journal,  reconoce que la restitución es inevitable. “No se trata de caridad, sino de justicia histórica”, enfatizó Al Jazeera, canal de televisión internacional qatarí. 

La discusión sobre el patrimonio saqueado por el colonialismo británico no se detiene solamente en un reclamo cultural, más bien es una lucha política por la memoria y la soberanía. En tiempos en que los pueblos del Sur Global reclaman justicia frente a las estructuras del expolio, la devolución de estas piezas se erige como un gesto imprescindible de reparación histórica.

En palabras de Basyk y Acosta: “Para nosotros, lo que hace falta son mecanismos de cooperación para que se devuelvan las piezas, pero al mismo tiempo se fortalezcan las instituciones culturales en los países de origen. Ahí es donde entran en juego las universidades y las embajadas. Las universidades pueden aportar grandes profesionales con excelentes conocimientos técnicos y formación en conservación. Las embajadas pueden abrir canales diplomáticos, dar visibilidad internacional a los reclamos y armar redes con otros países que enfrentan la misma situación. La devolución no tendría que ser solo un traslado físico de objetos, sino una forma de reparar una parte de la historia”. 

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