Impulsada por los diputados Julio Cobos, Gisela Marziotta, Pamela Calletti y Oscar Agost Carreño, la propuesta fue aprobada con 151 votos a favor, 66 en contra y 8 abstenciones.
El proyecto propone establecer como hora oficial en todo el territorio del país la del huso horario de cuatro horas al oeste del Meridiano de Greenwich. Esto significa retrasar una hora los relojes en todo el país, pasando del UTC -3 al UTC -4. Para su aplicación, se plantea la adopción de dos esquemas horarios a lo largo del año. Uno estaría vigente de abril a agosto y otro de septiembre a marzo.
En términos prácticos, Julio Cobos planteó que esto traería un impacto positivo en el rendimiento educativo y productivo, ya que con esta modificación se sincronizará mejor la hora oficial con la hora solar, teniendo en cuenta que el territorio argentino no se encuentra en la franja que corresponde a la hora solar UTC -3. Esto puede verse a partir del sistema de husos horarios, que consiste en la división de la superficie de la tierra en 24 franjas, para que cada una de ellas corresponda a una hora del día.
Si pensamos en soluciones, se destacan mejoras en la salud, a partir de un mayor rendimiento y bienestar relacionado con el ritmo biológico; mejoras en el desempeño educativo, ya que los alumnos comenzarán las clases con luz natural; e impacto positivo en el ahorro energético, reduciendo el consumo de energía eléctrica artificial en hogares y oficinas siendo beneficioso para el cuidado del medio ambiente.
Este proyecto se encuentra acompañado de un análisis del CONICET. La doctora Andrea Pattini, investigadora del organismo, explicó en un reporte: “Dado que Argentina presenta niveles importantes de jetlag social (también conocido como descompensación horaria o trastorno por desfase horario), y con el objetivo de mejorar los parámetros de salud pública, rendimiento académico y productivo, reducir el ausentismo escolar y la siniestralidad vial, se recomienda que el país adopte el huso horario UTC -4, que acerca la hora solar a la Hora Oficial por la cual, por convención, se rigen las actividades diurnas”.
Además, Diego Golombek, biólogo e investigador, expresó en su cuenta de X: “Con eso ganamos la necesaria luz adicional de la mañana, que el cuerpo requiere para una adecuada sincronización (…) El problema es que el proyecto habilita a alternar horarios de verano e invierno. Esto no funciona, y se está discutiendo y abandonando en muchos lugares del mundo. Quedémonos en el horario correcto todo el año!”.
El debate sobre la alternancia o no de los horarios no es la única complejización del asunto. La cuestión se amplía al despliegue geográfico. Considerando la extensión de nuestro país, aplicar un solo huso no tendría el mismo impacto en las provincias occidentales o patagónicas que en las orientales, generando desigualdades regionales.
Otra cuestión a contemplar es que con esta modificación se abandonaría el mismo huso horario que nuestros socios regionales más cercanos.

Juan Augusto Rattenbach, abogado, historiador y asesor de contenidos del Museo Malvinas, compartió con El Grito del Sur su descontento remarcando que mantener el huso horario -3 nos integra con Brasil, Uruguay y Paraguay y facilita la sincronización con flujos de comercio, turismo y diplomacia: “Ellos son nuestros principales socios regionales en términos políticos y económicos y por el cual, además del comercio, compartimos un gran espacio turístico. Cambiar el huso horario a -4 nos alejaría una hora más de Europa, de África y de países estratégicos como Rusia, China o la India”.
Este cambio también nos diferenciaría de las Islas Malvinas, que actualmente utilizan el UTC -3, profundizando la distancia no solo física sino también política en nuestro país. Con esta cuestión, Rattenbach menciona: “No solo nos alejaremos de nuestros principales socios regionales complejizando el turismo, la diplomacia, el comercio y la cooperación internacional, sino que también en los hechos el país se sometería a un cambio de huso horario desdoblado del de nuestras Islas Malvinas”.
Además, remarcó las cuestiones culturales propias de nuestro país y su manejo del tiempo: “El proyecto no contempla aspectos culturales como el hecho de que en la Argentina nadie cena a las 18 hs como en Estados Unidos, sino que se come a las 21 hs. Entre las 16 hs y las 18 hs en nuestro país se merienda (…) La idea de la merienda como momento de esparcimiento también es un hecho cultural argentino que nos hace distintos a otros países con otras culturas”.
Si la ley es aprobada en la Cámara de Senadores, el 1 de abril de 2026 se deberá atrasar los relojes una hora. Luego, en el mes de septiembre, volver a adelantarlos. A partir de este recorrido, el debate acerca del huso horario va más allá de una cuestión de cambiar las agujas del reloj. Es una elección cargada de debates políticos, culturales y estratégicos. Cambiarlo sin considerar estas dimensiones podría aislarnos más, tanto hacia adentro como hacia afuera.








