El reciente decreto que autorizó la cesión precaria y gratuita de 72.222 metros cuadrados del predio del Instituto Nacional del Agua (INA) en Ezeiza al Club Atlético River Plate abrió un debate que trasciende lo deportivo. Mientras desde el club se celebra la oportunidad de ampliar la infraestructura para la formación de jóvenes futbolistas, voces del ámbito científico advierten sobre la pérdida de recursos estratégicos para el desarrollo educativo y tecnológico en materia hídrica.
El acuerdo, firmado por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), se da en un contexto sensible: el INA fue recientemente degradado en su autonomía institucional y pasó a depender de la Secretaría de Obras Públicas, lo que generó alarma en la comunidad científica por el futuro de un organismo clave en la investigación y gestión de los recursos hídricos del país.
La mirada desde River Plate
El candidato a presidente de River, Daniel Kiper, considera que la iniciativa puede generar beneficios sociales inmediatos: “River es un motor comunitario. Donde el club instala deporte, se multiplican hábitos saludables, pertenencia y oportunidades para chicos y chicas. Si el terreno se usa para canchas, formación y actividades abiertas, el beneficio social es inmediato. Su rentabilidad es comunitaria”.
Sin embargo, el dirigente opositor advirtió sobre los riesgos legales de la cesión: “El permiso que otorgó el Estado es precario, puede revocarse de un plumazo. Invertir fuerte sobre un permiso precario exige cautela, porque si mañana nos desalojan de Ezeiza, River habrá entregado su vida social para quedarse con un Estadio convertido en shopping de espectáculos, sin gimnasios ni comunidad. Eso no es River”.
Kiper, crítico de la actual conducción del club, vinculó la operación con una pérdida de infraestructura social en Núñez y remarcó que su proyecto apuesta a un “River Federal”, con nuevas sedes en todo el país y un rol formativo y educativo en cada barrio. En ese sentido, aseguró que el predio de Ezeiza podría convertirse en “un nodo modelo: deporte formativo, inclusión, educación y programas abiertos al barrio”.
Al mismo tiempo, expresó su preocupación por el impacto sobre el INA: “El Estado debe invertir en ciencia y educación. Como dirigente, hubiera considerado este contexto; River no define la política estatal, pero puede acordar mesas de trabajo con el INA, protocolos de convivencia y compromisos de uso para que nadie sienta que se desvisten capacidades científicas para vestir a un club”.

La voz del ex presidente del INA
Desde la vereda científica, Juan Carlos Bertoni, presidente del INA entre 2020 y 2023, señaló que la cesión no afectará de manera directa las tareas de investigación hídrica, pero sí implica una pérdida patrimonial relevante para el organismo: “Cercena parte de su patrimonio y le resta la posibilidad económica de encarar acciones educativas y sociales que tendrían un impacto mayor en la región que el uso deportivo por parte de un grupo relativamente más reducido y selecto”.
Bertoni recordó que durante su gestión ya se había evaluado el interés de River por esas tierras, y se había pensado en un esquema de alquiler para financiar un proyecto educativo. “La idea era destinar esos fondos a construir en el predio un colegio técnico orientado a la formación en agua potable, saneamiento y recursos hídricos, aprovechando los laboratorios del INA para servir también a la capacitación formal. Habría significado una salida laboral para jóvenes de la región y un uso alineado con la misión del Instituto”, explicó.
El ex funcionario también puso en perspectiva histórica la decisión: “En los años 90, el Gobierno ya había cedido a River la totalidad del predio donde hoy funciona River Camp, que pertenecía al INA. La sociedad ya hizo una gran contribución. En la situación económica actual, hubiese sido más recomendable obtener un monto mensual que contribuya a sostener la ciencia y la tecnología”.
Entre el deporte y la ciencia: un debate abierto
La cesión del terreno en Ezeiza abre un dilema que expone dos dimensiones de interés público: por un lado, la expansión de un club social y deportivo con fuerte impacto comunitario; por el otro, la necesidad de proteger los recursos y la misión de un organismo científico estratégico para el país.
El contrapunto entre la visión de River, que apuesta a fortalecer su rol comunitario, y la del ex titular del INA, que subraya la pérdida de patrimonio para el Estado y las oportunidades educativas que se pierden, refleja un debate más profundo: ¿cómo conciliar la promoción del deporte con la defensa de la ciencia y la educación en un país con recursos limitados?




