En Villa Soldati «nadie se salva solo»: la feria callejera como trinchera de resistencia

🙋‍♂️Producto de la crisis económica, cada vez más vecinos exploran distintas vías para llegar a fin de mes. Entre esas posibilidades se hallan las ferias populares. Recorrimos la feria callejera de Villa Soldati, ubicada en el corazón de este barrio porteño.
02/09/2025

En el corazón de Villa Soldati, los feriantes de la Comuna 8 apoyan y sustentan la vida comunitaria frente al ajuste del gobierno libertario. Gracias a sus precios accesibles, la organización propia y un fuerte sentido de fraternidad, la feria se convirtió en una trinchera de resistencia popular.

Entre el humo de los choripanes, los gritos de los puesteros, y el ir y venir de las familias que buscan precios justos, la feria se planta como un símbolo de lucha económica y social. Por ello, las y los vecinos encuentran en este mercado popular un lugar de encuentro y cooperación comunitaria.

La feria funciona los días martes y jueves con un horario extendido que va desde las 8 hasta las 16 horas. Está ubicada en la avenida Mariano Acosta entre las calles Ana María Janer y la avenida Gral. Francisco Fernández de la Cruz, abarcando asimismo sus alrededores. De esta manera, con sus 840 metros de longitud, se ofertan una gran variedad de elementos para la vida cotidiana: desde ropa, calzado, accesorios y artículos para el hogar hasta juguetes o peluches para niños. 

El público suele pasear y detenerse entre sus calles, dado que la feria ofrece diferentes comidas para consumir en el momento como así también poder llevar a sus casas. De este modo, la familia puede pasar grandes momentos juntos comiendo, por ejemplo, asados o choripanes. A su vez puede llevarse de ahí una cantidad innumerable de golosinas pero también frutas, verduras, carnes, pollo y cerdo. Todo esto a precios muy económicos, que van desde los $1000 hasta los $10000, lo que la transforma en una de las ferias itinerantes a cielo abierto más sugerentes de la Ciudad.

En esta línea, Ramón, feriante del rubro de carnes, lo resume con claridad: “La gente viene a comprar a la feria porque siempre, toda la vida, fue más accesible que cualquier otro negocio”. Ejemplifica con los precios: “3 kilos de pata y muslo a $9000, el kilo de pollo a $3000”.

El sostén económico de la feria

Contra el discurso oficial que acusa a los sectores populares de no trabajar y de depender de planes sociales, la feria de Soldati es la prueba viva de lo contrario. Sin apoyo del Estado, estos trabajadores y trabajadoras levantan sus puestos cada semana con el objetivo de llevar el sustento a sus hogares. Tita, dueña de uno de los locales de la feria, lo explica con crudeza: “La única ayuda del gobierno es que te dejan armar. Aunque a veces nos dicen que nos van a sacar, pero, de igual modo, nosotros vamos a luchar día a día”. 

Por ello es que la feria se vuelve una alternativa más, siendo una ayuda económica a toda aquella persona que no consiga trabajo transformándose, así, en una salida laboral más simple y acompañadora. Marta, encargada de un puesto dedicado a los alimentos y suplementos, expresa: “la feria no alcanza para mantener a una familia, pero es mejor estar en la calle y promocionar productos con el fin de tener un aporte familiar más y así enfrentar de mejor forma a la cambiante posición económica de la Argentina”. 

Sin embargo, como todo gran supermercado, la feria no es esquiva a las dificultades económicas como lo son la caída del consumo, el aumento constante de precios y la incertidumbre. “Los compradores bajaron un montón en comparación a otros años. Antes se llevaban un poco de todo; ahora, lo justo y necesario”, señala Tita. Ramón coincide: “La feria viene bajando demasiado producto de la inflación, el dólar, las importaciones y las exportaciones”.

La fuerza social de la feria

Más allá de la economía, la feria cumple un rol social fundamental. Los puesteros se apoyan mutuamente y construyen vínculos con vecinos y clientes que trascienden lo comercial. Entre puestos y pasillos, se teje una red de solidaridad barrial, lo que lleva a un ambiente seguro cargado de comodidad, tranquilidad, alegrías y risas compartidas entre los amigos, vecinos y sobre todo clientes. 

“Conocés mucha gente de todos los niveles, colores y nacionalidades. Terminás humanizando con ellos”, dice Marta. Acerca de ello, Ramón agrega: “Me gusta trabajar en la feria porque hablo con la gente conociendo buenas personas y clientes, por lo que se termina formando una familia entre los mismos puesteros y los mismos vecinos”.

Por lo tanto, en épocas de ajuste y crisis, la feria de Villa Soldati demuestra que los sectores populares también inventan nuevos modos de mantener sus vidas. Siendo así un ejemplo claro de que la organización comunitaria se convierte en el motor que mantiene de pie a los barrios. La feria refleja una hermandad entre todos sus miembros haciendo que frente a los obstáculos nadie se salve solo. Tita concluye con estas palabras: “Nos ayudamos entre todos. Acá no existe nada más que amigos”.

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