I
La nota para el enviado especial era sencilla. El contacto con Diego Maradona lo tenía: solamente había que hacer la entrevista para el artículo sobre el debut del astro en Sevilla, luego de los 18 meses de suspensión por doping, y mandarla al medio. Pero la respuesta lo sorprendió.
—Decile a Clarín que mientras no dejen entrar a Pablo Llonto no le doy más notas al diario.
Maradona pide la reincorporación de un laburante. El propio Pablo Llonto, delegado gremial de Clarín, se lo cuenta a El Grito del Sur: “En 1991 Clarín me prohíbe la entrada a la planta. Yo era delegado de los trabajadores de prensa. Se inicia ahí un juicio en el que yo pido mi reinstalación. Ese proceso dura ocho años y termina en la Corte Suprema en 1999, cuando me despiden. Yo en ese momento tenía el nexo de Clarín con Maradona. Unos diez meses después, le hago una entrevista a Diego porque había empezado a trabajar en la revista Somos. Ahí le cuento que Clarín me había prohibido el ingreso. Diego maldice eso, insulta, putea, pero nada más. Hacemos la entrevista y poco tiempo después él va a jugar al Sevilla de España. Cuando lo va a entrevistar el enviado especial de Clarín, él le dice que no iba a dar más notas a Clarín hasta que no me reincorporaran. Yo no sabía nada de eso, me lo cuentan los compañeros de Clarín, pero yo nunca le había pedido nada ni él me había dicho nada. Así que fue una actitud muy solidaria, solo”.
Solidaridad. Clase obrera. Maradona.
II
“Sin nosotros, esto no existiría. ¿Por qué no se nos consulta a la hora de tomar determinaciones?”. La frase es de Diego, en un mar de quejas de los jugadores de México 86 por los horarios de los partidos. En el verano del DF los encuentros se disputaban al mediodía, para beneficiar la transmisión televisiva europea. Una Copa del Mundo disputada en suelo americano. “Que se callen la boca y jueguen”, respondió el mandamás de la FIFA, Joao Havelange.
La secuencia, que podría haber pasado desapercibida como un cortocircuito de tantos que hay, toma forma en el análisis posterior de los hechos. Dice una nota del Centro de Estudios del Movimiento Obrero (CEMO) en Revista Meta, titulada “Diego, nuestro secretario general”: “Antes del Mundial ya esboza su propuesta de generar una organización sindical internacional: ‘En Italia hablé con varios muchachos de este proyecto y también lo hice con algunos brasileños, y están de acuerdo. Vamos a intensificar las conversaciones aquí y pienso que al término del Mundial el proyecto estará en marcha’”.
Fue el 25 de septiembre de 1995. Maradona presentó la Asociación de Futbolistas Profesionales, de la cual era presidente, secundado por Eric Cantona como vice, y varias figuras del fútbol mundial como George Weah, Ciro Ferrara, Gianfranco Zola, Carlos Valderrama, Gianluca Vialli y Laurent Blanc. El sindicato no duraría mucho más que dos años, pero indicó una perspectiva.
Dice Karina Arellano en el texto “Obrerismo maradoniano. Apuntes sobre Diego y la dignidad” (Diegologías/Revista Meta): “Así se hace (Maradona) de las estrategias del accionar sindical para discutir la ‘normalidad’ que ofrece el fútbol y las condiciones de esa ‘normalidad’, poniéndolas en crisis: rechaza, rompe con los modos aceptados de comportamiento y coexistencia de los que juegan, los que trabajan”.
III
“Fue un encuentro entre pobres, entre despreciados, entre gente de piel morena”. La frase pertenece a la periodista argentina Alicia Dujovne, autora del libro Maradona soy yo (1993). Fue sobre un hecho puntual: en 1985, contra cualquier tipo de recomendación del presidente de su club, Maradona viajó a Acerra, a poco más de 20 kilómetros de Nápoles, para jugar un amistoso en una cancha de barro y juntar plata para un chico enfermo. Diego conoció la historia a través de su compañero Pietro Puzone, oriundo de Acerra, y no dudó.
El periodista argentino Andrés Burgo detectó que la práctica de ir a jugar para solidarizarse con causas populares era habitual en Diego. En un reportaje en el portal de TyC Sports, indicó: “Diego regaló su magia a favor del Hospital de Niños de Buenos Aires. Jugó para chicos con enfermedades en la sangre. Se presentó para recaudar dinero que permitiera comprar una ambulancia de alta tecnología. Saltó al barro de una cancha para que un bebé con problemas faciales pudiera operarse. Se puso la camiseta de Unicef en Japón. Apoyó la causa de ALUBA, la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia. Viajó al interior de Santa Fe para solidarizarse con un arquero de Unión de Totoras al que no conocía. Y muchos ejemplos más”.
Contó, en total, 27 presentaciones a beneficio.
IV
Caminás los miércoles y está. ¿Habrá ido alguna vez? Sí, todos los días. Junto a los reclamos por las jubilaciones, por los remedios, por Pablo Grillo, contra la represión. Hay carteles arriba de decenas de cabezas blancas. Y siempre hay un sticker, un cartel, una foto, un dibujo en el mate: Maradona está en todas las marchas de jubilados.
Pablo Llonto se imagina que, si Maradona viviera, diría “las cosas que hoy muchos no le dicen a Milei, algunos por cobardes, otros porque se han convencido de que el camino es el individualismo”.
¿Cómo fue? ¿Qué pasó ese día? ¿Qué día fue?
14 de octubre de 1992. Velatorio de José María Muñoz, en el Círculo de Periodistas Deportivos, en Tucumán y Rodríguez Peña. Es miércoles: Norma Plá y sus secuaces protestan a menos de cinco cuadras. Lo van a buscar a Diego: la posibilidad de marketing para el reclamo popular era irresistible y, sobre todo, justa. Maradona dejó el auto a unas cuadras. La secuencia fue registrada por el escritor Juan Stanisci, en su nota “A muerte con los jubilados”, del libro Crónicas Maradonianas (Lástima a Nadie, Maestro/Milena Caserola):
—Te cagás, hermano.
Maradona se da vuelta.
—¿Qué te pasa?
—¿Qué te pasa, qué? —preguntó Diego—. ¿Te pensás que a mí no me duele lo de los jubilados? Me duele más que a vos —Maradona le hablaba a la nada.
—Te tenés que poner la camiseta nuestra.
—Yo defiendo a los jubilados, ¿cómo no los voy a defender? Nosotros tenemos que ser muy cagones para no defender a los jubilados.
Hubo aplausos y un coro de gente gritando “¡Diegooo, Diegooo!”.
V
Camisa suelta con base azul y adornos amarillos. Una gorrita blanca de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Una foto que dice: “Dr. Maradona. Siempre educación pública”.
En 1995 Diego fue a la FADU a apoyar las tomas de las facultades contra las reformas menemistas a la educación superior y contra la falta de presupuesto. Terminó haciendo jueguitos en el anfiteatro. Con pocas palabras deslizó lucidez: “Quiero que los pibes que hoy están durmiendo en las universidades sepan que Diego Armando Maradona, DNI 14.276.579, está con ellos. Yo pude ganarme la vida con la pelota. Pero a la Tota le hubiese encantado verme ahí también”.
Maradona no pudo estudiar, pero un día se recibió en el exterior. Por una iniciativa del argentino Esteban Cichelo Hubner, la Universidad de Oxford, en 1997, le dio el título de “Maestro inspirador de sueños”. Juntó más gente que la reina Isabel, que había visitado el mismo lugar en 1969.
VI
Pocos se acuerdan, pero fue en la misma conferencia de prensa: la de “vos también la tenés adentro”, “que la chupen” y una cantidad innumerable de exabruptos luego de una reciente, agónica y eufórica clasificación al Mundial 2010 en el Centenario de Montevideo. Alguien le pregunta por su proceso en la dirección técnica de la selección argentina. “No me gusta la palabra ‘proceso’, no me gusta, me suena a Videla, Galtieri”.
Anti-milico, siempre. Alguna vez le dio la mano a Videla como sub-20: se arrepintió. Habló de los 30.000 desaparecidos en el año 1992, nunca le perdonó a Menem los indultos. Recibió a las Abuelas de Plaza de Mayo y las apoyó en Pretoria para el Premio Nobel de la Paz. Criticó a los “buchones, los caretas, los que quieren una Argentina de Videla y de Galtieri”. Dijo en 1996, año en el que se sumó al minuto de silencio histórico a 20 años del golpe, que “estuvimos muy callados con los militares”, y contó que lo paraban de chico con Chitoro en el Puente La Noria.
Dijo, como DT de Gimnasia, antes de morir: “No los vamos a perdonar. A mí que no me vengan a hablar de ningún pacto”.
VII
“Es un asesino. No puede decidir, como decide, por todos nosotros, por todo el mundo. Que tenga la bomba que hace más daño no quiere decir que tenga poder. Es un asesino sin escrúpulos. Le echa la culpa a los colombianos de la cocaína. Pero la hacen los colombianos y se la toman los americanos”.
Maradona le habla en Mar del Plata al cineasta Emir Kusturica sobre la persona que tiene en la remera. Luce en el torso una foto de George W. Bush, presidente de los Estados Unidos, con una insignia que dice “War Criminal”.
El sentimiento antiimperialista en su máximo esplendor. La defensa de la revolución cubana, una admiración por Fidel sospechosamente armada a la par de su adhesión a Carlos Menem (le dedica a los dos su libro autobiográfico a la vez), las proclamas sobre Bolivia y Venezuela, la contracumbre, las tensiones con el Norte.
Posiblemente el sentimiento se extendía en la mirada. Una de las cosas que más enorgullecía a Maradona, dentro de una cancha de fútbol, eran las banderas del Che Guevara. Dice su amigo Fernando Signorini, en el artículo “Diego rebelde, una piedra en el zapato del poder” (Diegologías/Revista Meta): “(Era) un tipo cargado de simbolismo. Siempre lo impresionaron las banderas del Che Guevara en los estadios. Muchas veces hablamos sobre el Che y empezó a interesarse por su historia. La verdad es que yo no sé si al Che le hubiera gustado ser Diego, de lo que sí estoy seguro es que a Diego le hubiera encantado ser el Che”.
VIII
25 de octubre de 1997. Maradona no lo sabe (o quizás sí), pero éste será su último partido. Le toca terminar en la vereda de enfrente a su vida: el Bajo Belgrano, la cancha de River, en la que no pudo brillar en el Mundial 78 porque Menotti lo cortó antes. La cancha estalla por el Superclásico. Boca posa para las portadas de los diarios del día siguiente. Arriba: Solano, Bermúdez, Córdoba, Fabbri, Arruabarrena y el capitán, que no mira para adelante. Tiene la vista fijada hacia abajo. No es importante el retrato, más importa la lucha. Maradona se retira y Maradona significa. Por eso, antes de arrancar el último partido de su vida, Diego señala un recuadro plastificado con el índice. Enmarca una foto con la leyenda: “No se olviden de Cabezas”.
IX
Aziz Asmar es sirio. En medio de la guerra civil tuvo una idea: pintar en una de las paredes que podían ser destruidas un dibujo de Maradona con una bandera argentina. Le contó a Máximo Randrup, en una entrevista para Revista Meta, por qué lo hizo: “Sentí que era mi deber honrarlo con un mural. Fue simplemente plasmar en la pared una imagen que ya estaba grabada en nuestros corazones. Él era una persona que amaba a la gente y que tenía compasión por los pobres y oprimidos. Mi ciudad fue bombardeada y Diego es un símbolo de resistencia que va más allá del fútbol. Acá mataron a gente inocente y él odiaba la injusticia”.
Maradona fue echado del Mundial 1994 y hubo una huelga general en Bangladesh, país cuya clase obrera se vio identificada en la confrontación del astro con la corona británica. Diego falleció y hubo homenajes hasta en Indonesia.
Hace poco, desde el puerto de Barcelona, ciudad algo maradoniana, partió hacia Gaza la Flotilla Sumud Global. Uno de los veleros llevaba como bandera un retrato de Diego. Con la 10 en la espalda.
X
Un día Maradona frenó una huelga. Pero no por una actitud antiobrera, sino porque tuvo la idea de morirse. Los trabajadores de prensa nucleados en el SIPREBA se preparaban para un paro general el 26 de noviembre de 2020, algo que pospusieron por la conmoción generada el 25. Finalmente lo hicieron el 3 de diciembre, paralizando las principales redacciones de Clarín, Olé, Página/12, Editorial Perfil, Infobae, La Nación, El Cronista, Ámbito Financiero, Diario Popular, entre otras.
En 2021, el SIPREBA le dedicó un libro a Maradona llamado Rey de Fiorito (Ediciones Carrascosa), que contaba con 11 crónicas “políticas y sociales” sobre Diego y un epílogo. Allí contaron la anécdota y dejaron en claro que el paro de diciembre fue, de alguna manera, su mejor homenaje a Maradona.





