El lenguaje de las olas: los sueños de Cascote, el argentino secuestrado por el sionismo

🇵🇸 Impulsado por la solidaridad, hace más de un mes Carlos "Cascote" Bertola partió rumbo a Gaza con el objetivo de llevar comida y medicina a un pueblo devastado. Desde el día miércoles no se sabe nada más de él.

Con la bodega del Estrella y Manuel repleta de alimentos y medicamentos, a un par de millas de distancia de Gaza para brindar ayuda humanitaria, la tripulación de doce personas, al mando del platense Carlos “Cascote” Bertola, fue secuestrada por el ejército sionista de Israel. Ésta no es la primera vez que Cascote integra una regata o flotilla con algún fin humanitario, soberano y patriótico.

El 20 de noviembre de 2013, el día de la Soberanía, un grupo de kayakistas y un par de lanchas intentaron frenar la llegada al Puerto de Buenos Aires de un crucero transatlántico de bandera inglesa que venía previamente de las Islas Malvinas. 

Por aquellos años se discutía con mucha fuerza en las provincias con litoral marítimo la Ley Gaucho Rivero, legislación que prohibía el amarre de cualquier embarcación de bandera británica, proveniente anteriormente de nuestras Islas Malvinas. Y ese crucero con el tamaño de un edificio y la bandera pirata entrando en el Puerto de Buenos Aires, precisamente el día de la Soberanía, no era otra cosa que una gran provocación imperial. 

Cascote se encargó de organizar y convencer a timoneles de yate a vela y motor, remadores, palistas ex combatientes de Malvinas, legisladores y hasta empresarios dedicados a la construcción de kayaks de plástico, para frenar el barco británico.

Por esos días hartaba y entusiasmaba a todo el mundo, hablando de las cadenas de Vuelta de Obligado y remataba citando a San Martín, cambiando alguna palabra, por hablar atolondrado y con el corazón en la mano: “Los argentinos no somos empanadas que se comen de un bocado”.

Ante la avanzada inminente del crucero, ese 20 de noviembre se quemaron balsas en la entrada del Puerto y se cantó el himno dentro del Río. Quienes formaron parte del grupo de lanchas y kayaks cuentan que Cascote se peleaba a los gritos con los barcos de Prefectura, mientras les mostraba la bandera argentina que llevaba en su kayak y les decía que Guillermo  Brown, Hipólito Bouchard y los pibes de Malvinas harían todo lo posible por frenar el barco. Esa noche la pasó detenido junto a otros compañeros.

Entre canciones, caminatas y canoas

Toto la Momposina, Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Fandermole y Raly Barrionuevo, entre otros, componen el andamiaje de recuerdos que tienen gustito a infancia. Sus voces se mezclan con la voz de papá pausando cada dos palabras la música con una pregunta incisiva: ¿Qué significa esto? ¿Y aquello? Los juegos arriba del auto se hacían eternos, porque entre mamá y papá la tarea era clara, podríamos no tener un peso, pero se vacacionaba igual; y fuimos recorriendo entre campings libres y algunos municipales el país en casi toda su extensión. 

Desde las minas de Wanda en tierra colorada, las cascadas y las junglas misioneras derecho al sur. En uno de esos viajes, cuando no teníamos más que seis y ocho años descubrimos allá por el Lago Steffen, el amor hacia el remo, como otra forma de seguir sumergiéndonos en nuestra geografía. Mientras hacíamos senderos, mamá nos hablaba de historia y entre ambos, nos enseñaban jugando a seguir caminando hasta llegar a destino. 

Hay quienes dicen que no se defiende lo que no se ama y no se ama lo que no se conoce. Así, nos llevaron a subir el primer refugio a nuestros 8 y 10 años para buscar desde la cima del Tronador ese lago donde aprendimos a remar, sobre todo, en familia. 

Las recurrentes visitas a Mar del Plata, de donde es una parte de la familia, también son las culpables de lo que ocurre hoy. El agua siempre estuvo ahí, el prematuro aprendizaje de la marea. El lenguaje de las olas, el movimiento del fondo, los peligros a tener en cuenta para poder disfrutar del juego en la rompiente. 

El sueño de un país mirando hacia el mar

En los últimos años las vías navegables, los puertos, la producción artesanal y el canal de Magdalena se convirtieron en el tema recurrente de conversación en sobremesas familiares. Los bienes comunes, nuestros bosques, nuestros ríos, los acuíferos, los salares, el litio; en fin, la soberanía. Si bien siempre estuvieron presentes, hace un tiempo giraron su orientación hacia el mar con mayor intensidad. 

En la preocupación de Cascote, aparece una y otra vez, la pregunta por el mar y la historia argentina, particularmente por los puertos. ¿Por qué, teniendo un territorio marítimo tan extenso, no forman parte de la discusión nodal sobre la producción nacional? ¿Por qué cuando hablamos de nuestros pueblos omitimos las canoas del litoral, los pescadores de río o del mar, los productores regionales de las costas del Paraná al fin del mundo?

Impulsado por el sentimiento más fuerte que tenemos los argentinos, la solidaridad, hace más de un mes partió rumbo a Gaza con el objetivo de llevar comida y medicina a un pueblo devastado. Para gambetear el bloqueo sionista, viajó ligero, llevando un par de kilos de yerba, una remera del Gauchito Gil, nuestro pabellón patrio y al Diego como único armamento.

Desde el día miércoles no sabemos nada más de él. Su familia y amigos, lo esperamos y extrañamos mucho.

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