«Rompa el aislamiento»: la Feria del Libro de Flores volvió a llenar de vida las calles

📚 Vecinos, editoriales y espacios culturales del barrio organizaron una nueva edición de la Feria del Libro de Flores, un encuentro comunitario y autogestivo que combina literatura, arte y militancia cultural bajo el lema 'Rompa el aislamiento'.
08/10/2025

El sábado 4 de octubre, las calles Morón y Artigas del barrio porteño de Flores se llenaron de vida. Desde las tres de la tarde hasta la noche, la sexta edición consecutiva de la Feria del Libro de Flores reunió a vecinas, vecinos, editoriales independientes y colectivos culturales en una jornada a cielo abierto donde la literatura se mezcló con la música, la comida y el encuentro. Todo bajo un lema que atraviesa estos tiempos: “Rompa el aislamiento”.

Coordinada por el Centro de Formación Profesional (CFP) N°24, La Cazona de Flores y diversas editoriales independientes, como Tinta Limón, la feria volvió a afianzarse como un espacio popular, comunitario y cooperativo. No solo hubo libros y autores sino que también los stands ofrecieron ropa, bebidas, cosméticos, joyería, maquillaje, masajes, arreglos de bicicletas, manualidades artesanales y mucho más. Además, el evento incluyó música en vivo, una peña folklórica, charlas, conversatorios, actividades para las infancias y un amplio patio gastronómico preparado por docentes y estudiantes del CFP 24, que lo vienen desarrollando desde la post-pandemia. 

Diego Picotto -editor de la cooperativa Tinta Limón, docente del CFP24 y uno de los organizadores de la feria- explicó a El Grito del Sur: “Organizamos la primera feria allá por septiembre de 2021, sobre el fin de la pandemia, ni bien se empieza a abrir la circulación. Se nos ocurrió que un modo de volver a encontrarse con todos los afectos que no habíamos visto durante largos meses era organizando un evento grande, con libros, música, conversaciones. Y salió muy bien, esa primera Feria del Libro de Flores fue un festival de abrazos”. 

Al mismo tiempo agregó: “Pero los efectos de la pandemia se extienden sobre nuestro presente, entre otras cosas, con el triunfo de la ultraderecha y la extensión del resentimiento y la crueldad como forma de vínculo social. De ahí la consigna que, recuperando a Rodolfo Walsh, sintetiza la convocatoria a esta feria: Rompa el aislamiento”.

La propuesta convocó a cientos de personas del barrio y de otras zonas de la Ciudad. Las muestras, conciertos y performances invitaron al público a participar rotundamente. Una de las intervenciones más comentadas fue “¡Gaza en la mira!”, acompañada de una puesta coreográfica. “Tomamos de Rancière la necesidad de escuchar los susurros y no solo los discursos”, expresó Diego Skliar, editor de Tinta Limón, profesor del CFP 24 y uno de los pilares de la feria en relación a estas invitaciones. 

Por otra parte, Gabriela Mendoza, una de las coordinadoras y trabajadoras de Tinta Limón y de “Periférica Distribuidora” -espacios que organizan la Feria del Libro de Flores-, destacó la importancia del encuentro como motor del proyecto. “La fuerza y motivación que tenemos es la del encuentro porque queríamos encontrarnos y salir a la calle después de tanto encierro. Por ello, consideramos que el encuentro es fundamentalmente uno de los motores de la feria, sumado a la idea de articular al libro con otros oficios como las artesanías, los músicos y artistas que también participan de la feria”. 

Sobre los valores y principios de la feria, Mendoza comentó: “Creo que parte del valor es este mismo objetivo de comprender que hay necesidades o particularidades que tiene cada oficio, que como organizadores de una feria tenemos que contemplar. De acá sale la característica de los entramados y armados, que desde 31 Ediciones y Periférica venimos haciendo, sobre la noción de juntarnos entre varios y hacer algo. Y más en un barrio periférico de la Ciudad de Buenos Aires, como lo es Flores, sea locación de cruces entre profesiones y visitas de varios escritores independientes que por ahí no vendrían hasta acá”.

El ambiente fue de alegría y pertenencia. Las veredas se llenaron de charlas, risas y colores. Niñas y niños jugaban al “piso es lava”, al metegol o al tumbalatas bajo la consigna “Que no nos quiten el recreo”, en formato de tapa de libro infantil.

Entre libros y mates compartidos, Alejandro Roura, filósofo, escritor y feriante, reflexionó sobre el rol de la literatura en tiempos difíciles. “La literatura permite abrir las cabezas y reflexionar para tomar conciencia de lo que está pasando y sobre que se puede estar mejor. La historia también cumple un rol importantísimo porque nos sirve de eje para saber qué pasó antes, si lo estamos repitiendo, y cómo poder solucionarlo también”.

“Leer alarga la vida”, gritaban los feriantes, invitando a quienes pasaban a acercarse y descubrir nuevos títulos. El entusiasmo fue contagioso puesto que muchas personas, luego de comprar un libro, se quedaban conversando con los expositores. 

“La literatura cumple el rol de mostrar otras realidades, de contar más historias y aspectos que no suelen contarse, dando a conocer nuevos autores y obras que habilitan la posibilidad de pensar otras realidades”, contó Mariano Gigena, editor de Homo Faber. “La feria es una vía de comercialización importante porque abre un vínculo y una relación directa con la gente. Además nos permite entrar en contacto con otros proyectos editoriales, generando un ida y vuelta muy lindo y fructífero”.

Autogestionada y sin apoyo económico de instituciones públicas o privadas, la Feria del Libro de Flores se va consolidando como un espacio de unión, pluralidad y resistencia cultural. Un enorme cartel al fondo de la feria lo resumía todo: “Imprimir es resistir. ¿Cuántas escritoras negras leíste?”. A su alrededor, intervenciones callejeras, bailes y proyectos comunitarios completaban el paisaje.

“Es un encuentro genial, donde participan cooperativas y gente del barrio consiguiendo una sinergia maravillosa entre lo público, lo privado y lo independiente”, sintetizó Eugenia Zicavo, periodista y vecina de Flores. “Son eventos culturales de gran magnitud, que hacen que los vecinos se asocien cada vez más con una curaduría por fuera de lo tradicional, que habilita el intercambio de ideas, la diversidad, las nuevas narrativas y el deseo compartido de poder cambiar el mundo”.  

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