“Este Encuentro es un faro que nos indica para dónde tenemos que ir”

💜 Este año se realizó el 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries en la ciudad de Corrientes. Crónica de un fin de semana que respiró lucha.
24/11/2025

“Este Encuentro será una demostración contundente de la potencia que tenemos cuando nos unimos, nos reconocemos y volvemos a encontrarnos”, fue una de las frases más resonantes que se expresaron en la apertura del 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries. El emotivo discurso inaugural fue recitado en el anfiteatro Cocomarola, un predio a las afueras del centro correntino.

Fue una reivindicación de la gesta del Encuentro como espacio de resistencia, así como también un potente reclamo en torno a los motivos que hacen que la presencia en el Encuentro sea de vital importancia: 210 víctimas de violencia machista en lo que va del año; entre las cuales 191 son femicidios, el resguardo de las infancias cada vez más sumidas en la pobreza y en la marginalidad, el cumplimiento de la ESI, la feminización de la pobreza, en la cual la mujer es relegada a la más absoluta precariedad, el ataque a las discapacidades, la defensa a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y su implementación debida en todo el territorio nacional. La lista sigue, el reclamo es arduo, áspero y duro. La demanda de una respuesta palpita en todas por igual. 

Familias de mujeres enteras caminan por las calles de Corrientes capital. Abuelas, hijas y nietas, generaciones distintas aunadas en la misma convocatoria, respirando el mismo propósito. Hay una alteración del orden de las cosas, la articulación de una lógica de funcionamiento diferente. Entre los agobios de un calor avasallante, se festeja, se ríe y se debate, pero por encima de todo se escucha. Tal como dijo una de las mujeres que abrió el Encuentro: “Acá sentimos que lo que sentimos se oye, que ya no somos invisibles”. Eso es parte de la transversalidad de un espacio que simboliza la ruptura de una jerarquía social, discutiendo desde el debate y el horizontalismo. 

“El Encuentro es el máximo espacio que tenemos los feminismos populares para poder venir a generar fuerza. De acá se sale con una potencia impresionante. Este Encuentro es un faro que nos indica para dónde tenemos que ir, nos demuestra que podemos debatir y discutir lo que nos pasa. Acá no hablamos de órdenes y de jerarquías. Lo hacemos en una igualdad de condiciones, que me parece que es lo central para dejar de construir el poder de arriba para abajo”, analizó Mariana Mandakovic, secretaria adjunta de CTA y secretaria general de CISPREN, en diálogo con El Grito del Sur. En este sentido, profundizó en la necesidad de romper con la lógica impuesta de construcción de poder verticalista: “Lo único que se construye de arriba para abajo es un pozo. El feminismo puede hacerlo de manera más horizontal, pensando en la comunidad, en cómo vamos transversalizando nuestras experiencias y en la construcción de una fuerza transformadora”, recalcó. 

Foto: Julieta Bugacoff

Marta Dillon, escritora, periodista y militante feminista, dio su visión acerca de lo que representa el Encuentro en su potencialidad: “Es una herramienta política, un dispositivo politico que combina debate, discusión, visibilidad y ademas, placer y goce”, sostuvo y mencionó como ejemplo de esta proyeccion material a la reforma constitucional de 1994 y a la IVE, conquistas sociales que son hijas de los Encuentros de mujeres que actuan como semillero de necesarios cuestionamientos. Dillon puntualizó en la excepcionalidad de que un espacio se articule de manera diversa, heterogénea y amplia en cuanto a la clase, origen, identidad y sexualidad: “Para muchas es un espacio de libertad, de sentirte tranquila, de poder ir a una fiesta y no pensar en que te va a pasar algo. Es la posibilidad de discutirlo todo, desde la deuda externa hasta con quién nos besamos. Eso hace que un movimiento tenga gimnasia”, analizó.

Uno de los talleres del Encuentro apuntó a discutir la feminización de la pobreza. Un grupo de mujeres de diferentes edades conversaron acerca de cuáles creían que eran los motivos de su propia opresión y marginación. Todas las manos de la sala se levantaron porque el ímpetu por decir lo que pensaban estuvo firme en todas por igual. Varios tópicos salieron a relucir en este intercambio: la feminización de la pobreza como estructura y estrategia política para perpetuar el orden de las cosas. Los trabajos más precarizados son los que están asociados a la mujer, tal como la docencia, las tareas de cuidado o de cocina. Hay una mecánica que sigue relegando a la mujer a su lugar histórico. Y para este grupo de mujeres estaba claro: no hay posibilidad de encontrar caminos mientras haya que dedicarle tanto tiempo y desgaste a simplemente intentar sobrevivir: “No se puede pensar en una colectivización porque las bases no están garantizadas”. 

El SiPreBa llevó adelante diferentes actividades, debates y asambleas en donde se proyectaron interrogantes decisivos en torno a la necesidad de construcción de un frente sólido contra la avanzada del actual gobierno libertario. Tanto en la asamblea de trabajadoras de prensa como en el taller “¿La batalla cultural es una guerra?” se trazaron diferentes cuestionamientos en torno a la posibilidad de construcción de un entramado articulador de narrativas que genere una disputa de sentidos y rompa con la clausura. ¿Es posible disputar estos sentidos desde abajo? ¿Quiénes construyen el sentido común? ¿Quién escribe, qué y para qué? ¿Cómo pensar por fuera de lo que nos proponen? ¿Podemos con las mismas consignas de siempre transformar el sentido común?

Foto: Julieta Bugacoff

El reclamo de las trabajadoras de prensa también giró en torno a la criminalización que han sufrido en el último tiempo. Un disciplinamiento y un ataque sistemático que es síntoma de un intento frenético por lograr aplacar las voces de los medios. Tal como interrogó en la asamblea Carla Gaudensi, secretaria de Géneros de la CGT: “¿Por qué nos eligen de enemigas? Para que no podamos registrar lo que pasa en nuestra patria. Porque nos amedrentan, nos cagan a palos porque no quieren que lo que hacen se cuente”. 

En torno a la reforma laboral, Mandakovic expresó que el Gobierno construye una narrativa engañosa que tiene que ver con un “miente, miente que algo quedará”. A la par, sostuvo: «No queremos esta reforma, no por el hecho de decir que no, sino porque esta reforma no habla de las cosas que necesitamos los trabajadores y trabajadoras: salarios dignos, un techo propio, en la salud, las obras sociales, las tareas de cuidado de nuestras compañeras y sobre todo, no habla del tiempo libre que necesitamos, ese tiempo libre para estar con nuestros hijos, para poder vivir con nuestras familias y para poder reconstruirnos en comunidad». 

En este sentido, Gaudensi destacó que la unidad es una pieza clave a la hora de pensar en una defensa: “El movimiento obrero tiene una tradición de lucha y eso es lo que más les cuesta romper. Hace dos años este gobierno quiso implementar la reforma laboral y no pudo”. Recalcó que la postura del feminismo no debe ser sólo defensiva, sino que debe proponer alternativas propias, cercanas a las necesidades del pueblo y que permitan pensar en qué país queremos: “Nosotros queremos discutir la producción, el trabajo y tener un país plenamente soberano y donde la gran mayoría pueda vivir feliz y que haya justicia social”. 

Foto: Julieta Bugacoff

En torno a la necesidad de disputar espacios de poder, Gaudensi puso el foco en el rol determinante que tiene el feminismo desde la organización sindical en esta coyuntura política de precarización y pluriempleo. El desafio es: “¿Cómo ir construyendo sentido desde una perspectiva feminista en un momento donde la avanzada de este gobierno viene atacandonos sintematicamente?”. 

Una voz que no se calla

La gran marcha multitudinaria llegó el domingo. Cientos de agrupaciones provenientes de todo el país coparon las calles de Corrientes y marcharon por el centro de la ciudad. Fue la representación de la unidad encarnizada de un movimiento al cual no se le han agotado las ganas de seguir disputando sentidos y espacios, que aún vapuleado y amortajado no se deja morir y pelea por seguir respirando día a día. 

Foto: Julieta Bugacoff

Angie es trabajadora social, colombiana y vive hace años en Buenos Aires. Milita en el Frente Patria Grande e integra la pata feminista de su organizacion, Mala Junta. Destacó el emblema que representa Argentina respecto a la construcción del feminismo en la última década: “No obstante, hay que reconocer que ha habido una fractura en el movimiento. Creo que la política ha ido agotando la representatividad y eso tiene un correlato en el feminismo”, apuntó. Esta falta de representatividad tiene varios frentes que permiten empezar a pensar en una explicación. Una de ellas es la miseria planificada a la que se ha llevado a gran parte de la población. Tal como dice Angie, es muy difícil sostener una militancia si no llegás a fin de mes: “Tiene que haber un acompañamiento de un proyecto político, porque si a nosotras se nos pide mucha fuerza, potencia y ganas pero las compañeras están más preocupadas por sobrevivir, lo otro queda en un segundo plano”. 

Soledad, integrante de la organización Barrios de Pie e integrante de UTEP y Marea, apuntalada en la defensa de las trabajadoras de la economía popular y cuidadoras, expresó: “Vivimos el Encuentro con gran emoción, con mucho amor, porque descubrimos que el feminismo es mucho más de lo que sabíamos, muchas posibilidades y sueños”. Emocionada al hablar, Soledad relató cómo percibe en el Encuentro una esencia transformadora y un espacio de representatividad: “Este gobierno va por lo más frágil, por los derechos de las mujeres, las personas con discapacidad, los jubilados y los pobres. Es importante plantarnos y demostrar que estamos acá paradas, que hay una realidad que no es visible, que nadie nos tiene que señalar que es lo que queremos sentir y vivir, que nadie tiene derecho a robarnos el futuro”. 

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