Si previo al tsunami electoral libertario los funcionarios del gobierno nacional se ufanaban de un eventual proyecto de reformas laborales y gremiales, el batacazo violeta -sorpresivo para propios y ajenos- no hizo más que reafirmar la “aceleración de 0 a 100” en materia de transformaciones estructurales que el staff económico del FMI quiere propinarle al pueblo argentino, ya sin la necesidad última de los garrotazos y los gases lacrimógenos, sino como franco resultado del apoyo popular en los comicios nacionales del pasado 26 de octubre.
La CGT llevará adelante este miércoles 5 su Congreso Nacional Ordinario y definirá su conducción por los próximos cuatro años, sin Héctor Daer ni Carlos Acuña, quienes ya habían anunciado su salida de la contienda allá por el mes de abril, Lo fundamental es que no podrá mantenerse al margen del nuevo escenario político -si pretende mantenerse en pie- frente a la ofensiva gubernamental que tiene la mirada puesta en desmantelar las estructuras sindicales, reduciendo su poder de negociación y sus fuentes de financiamiento.
Así lo señaló días atrás el propio Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, en el evento de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) al señalar la necesidad de establecer convenios por empresa relegando los de actividad para “desarticular el poder de los gremios”.
Las declaraciones se suman a los borradores que el Gobierno ha hecho circular en las últimas semanas, junto a diversos proyectos que se abroquelan en la comisión de Legislación Laboral de la Cámara de Diputados, y el fallido -en materia laboral- decreto 70/23, que en conjunto dejan ver las pretensiones del régimen mileista: fin de la ultractividad, eliminación de las cuotas de solidaridad, negociación por empresa, límite a la reelección de dirigentes gremiales, desfinanciamiento de las obras sociales, etc.
En este marco, las tensiones y divisiones preexistentes en el seno de la central obrera, producto de la búsqueda de nuevos liderazgos para una mejor adaptabilidad ante lo que definían como un gobierno nacional en crisis y un peronismo que iniciaba un proceso de recuperación, pasaron a un plano secundario. Todo se encamina a que los bloques sindicales en disputa lograrán un acuerdo por un nuevo Triunvirato donde -hasta el momento- emergen con fuerza los nombres de Jorge Sola (sindicato del seguro), Cristian Jerónimo (sindicato del vidrio), Maia Volcovinsky (judiciales) y Octavio Arguello, cosecretario de la CGT y pieza clave en el armado político y gremial de Hugo Moyano. Por su parte, aunque con menos intensidad, el barrionuevismo presiona para ubicar en la conducción a Gustavo Vila, el número dos de la Unión Carga y Descarga, el gremio que crece en los depósitos de Mercado Libre y que reformó su convenio colectivo a la medida de Marcos Galperin.

Pero no todo lo que brilla es oro. El Congreso Nacional Ordinario contará con la participación de 2186 congresales habilitados, de 210 organizaciones confederadas. Alrededor de 1600 de esos congresales pertenecen a las 25 organizaciones con mayor cantidad de afiliados, representando casi el 75% del peso electoral.
Vayamos por partes. De estos aproximadamente 1600 congresales, los Gordos agrupan unos 600, siendo la fuerza más numerosa. Entre ellos está Comercio (FAECYS) con unos 280 delegados, Sanidad con unos 130, y los municipales de COEMA que alcanzan los 126 congresales, por nombrar alguno de sus integrantes. Este sector viene impulsando la candidatura de Jorge Sola, con el padrinazgo en las sombras de Héctor Daer.
Los llamados Independientes, cuentan con alrededor de 575 congresales, encabezados por la UOCRA quien ostenta unos 150 delegados, UPCN con unos 106, la UATRE con 57, SADOP con unos 33 congresales, entre los principales gremios que conforman este bloque. Bajo la influencia de Gerardo Martínez y el “Centauro” Andrés Rodríguez, tallan para ubicar a Cristian Jerónimo en el triunviro. Vale decir que en las últimas semanas Jerónimo sumó el apoyo de ex moyanistas e independientes que integraban el extinto Frente Sindical para el Modelo Nacional, y en particular a los que se referenciaban en el SEMUN (Sindicatos en Marcha para la Unidad Nacional).
Por otro flanco aparece el histórico Luis Barrionuevo, que concentra alrededor de 153 congresales, principalmente en turismo y transporte. Solo los Gastronómicos alcanzan unos 77 delegados, acompañados por la UTA y el gremio de Estaciones de Servicio que suman otros 40 congresales más entre ambos.
De manera autónoma el sector kirchnerista por un lado, y el moyanismo por otro, suman unos 203 congresales y serán definitorios para la elección de la nueva conducción. Los primeros incluyen a la Unión Obrera Metalúrgica y al SMATA, quienes postulaban inicialmente a Abel Forlán como único secretario general de la Central, aunque su nombre ya parece haber quedado excluido de la oferta electoral y habrá que ver en las próximas horas hacia donde direccionarán su acompañamiento. Mientras tanto Camioneros, que hasta el momento conserva 69 congresales, mantiene su apoyo incondicional a Octavio Arguello.
Finalmente, si bien el colectivo de mujeres sindicalistas ya se ha pronunciado a favor de Maia Volcovinsky, la dirigente judicial ha cosechado apoyos diversos, principalmente del moyanismo, pero también del propio Héctor Daer y de un sector de los independientes, motivo por el cual no sería sorpresivo e incluso también auspicioso que se transforme en una pieza disruptiva dentro del engranaje masculinizado de la potencial conducción cegetista.
Sin duda alguna, la elección de la CGT en la que se renuevan 50 cargos del Consejo Directivo pone a prueba los dispositivos de poder de las distintas coaliciones gremiales, lo cual será determinante para los próximos cuatro años. Lo esperable es una conducción inteligente frente a la ofensiva de los grupos económicos y el capital concentrado, que promueven con el soporte político del oficialismo y aliados no solo la consumación de reformas laborales regresivas sino una reestructuración sin precedentes del poder sindical, con consecuencias trágicas para la organización y la defensa de los trabajadores.
De confirmarse un triunvirato, solo a los efectos de lograr la mayor unidad posible en un contexto de debilidad de las fuerzas populares y del peronismo como expresión de aquellas, no hay indicios de que incluso los sectores más moderados de la central estén dispuestos a perder nada del llamado aparato, intocable herencia del glorioso modelo sindical argentino. El futuro no es alentador, pero sea cual sea la nueva conducción obrera, habrá pelea asegurada con el Gobierno.





