La Ciudad de las ratas: entre la proliferación de basura y el riesgo sanitario

🐭 La presencia de roedores en bares, restaurantes, escuelas y hospitales porteños fue aumentando considerablemente y la infestación ya no distingue entre barrios populares y zonas céntricas. La explicación del Ministerio de Salud de la Ciudad y de diferentes especialistas.
10/11/2025

En la Ciudad de Buenos Aires, las ratas ya no son sorpresa. No sólo se pasean entre los contenedores desbordados de Constitución, los túneles de Once y los pasillos de Villa Soldati. Están en todas partes. Los vecinos denuncian que la Ciudad está tomada por una plaga que crece a la par del abandono, la basura y la falta de políticas públicas sostenidas. Mientras el gobierno porteño asegura que los operativos de desratización aumentaron, las empresas privadas de control y los especialistas advierten que los llamados se triplicaron. Es decir que la cantidad de ratas se incrementó exponencialmente.

Otros barrios como Flores, Liniers, Caballito y Puerto Madero se ubican entre los más afectados, según informes periodísticos recientes de La Nación e Infobae dado que las ratas ya no se limitan solamente a los desagües. Más bien aparecen en bares, restaurantes, escuelas, hospitales y estaciones de tren. Por ello mismo el fenómeno no es nuevo, pero su escala actual es alarmante. 

La falta de recolección de residuos y los contenedores rotos ofrecen el escenario perfecto para que los roedores se instalen. Cada bolsa de basura olvidada es una invitación a reproducirse. “Cuanto menos control sanitario, más ratas hay”, resumen los especialistas.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires conviven tres especies de roedores que han encontrado en este centro urbano un hábitat ideal para establecerse. Dos de estas especies pertenecen al género Rattus, conocidas popularmente como rata parda (Rattus norvegicus) y rata negra (Rattus rattus), y la tercera al género Mus, conocida como rata laucha (Mus musculus). 

Desde el Ministerio de Salud porteño explicaron a El Grito del Sur que “la abundancia de comida y refugio que el ser humano les ofrece ha convertido a estos animales en una plaga difícil de controlar en todas las grandes urbes del mundo. Si bien se sabe que sus poblaciones tienden a aumentar en las épocas cálidas, todavía no existe un estudio que documente científicamente su abundancia real en la Ciudad de Buenos Aires. Aun así, es esperable que en los sitios donde hay mayor oferta de alimento, como zonas donde se acumula basura, o donde existen industrias alimenticias, las poblaciones de ratas sean más elevadas”. 

A su vez agregaron que “el objetivo no es su erradicación total ya que es una meta inviable. Por eso apuntamos al control poblacional. En ese sentido las estrategias actuales se orientan al control integral de roedores, que busca evitar ofrecerles refugio y alimento, impedir su ingreso a los hogares y utilizar cebos tóxicos de manera segura y sostenida cuando la infestación ya está instalada”. 

“Los roedores son reservorios de numerosos agentes patógenos causales de enfermedades zoonóticas, y que el riesgo de transmisión aumenta con el contacto estrecho. Entre las enfermedades identificadas se incluyen virales, como, por ejemplo la coriomeningitis linfocitaria (LCMV) o bacterianas, como la enfermedad de Weil y la salmonella sumado a aquellas transmitidas por pulgas, piojos y garrapatas”, concluyeron fuentes del Ministerio. 

Los estudios académicos respaldan lo que se ve en la calle. María Soledad Fernández, Regino Cavia, Gerardo Cueto y Olga Suárez, licenciados en Ciencias Biológicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), demostraron en su investigación «Implementación y evaluación de un programa integrado para el control de roedores en barrios marginales de la Ciudad de Buenos Aires» que los programas integrales de control reducen temporalmente la actividad de ratas, pero al cabo de 90 días la población vuelve a aumentar si no se sostiene el trabajo. Cueto explicó a este medio que las ratas y ratones dominan los espacios urbanos densamente construidos, desplazando a especies nativas. “Es esencial la importancia del monitoreo constante para diseñar políticas públicas eficaces”, subrayó.

Foto: Harold M. Lambert/Hulton Archive/Getty Images

Más recientemente, en un artículo científico de Mariel Tripodi, Emiliano Muschetto, Carolina Massa, Gerardo Cueto, Diego Hancke y Olga Suárez, titulado “Roedores sinantrópicos y procesos de urbanización: comprensión del patrón espacio-temporal de la actividad de los roedores durante las obras de urbanización en barrios de bajos ingresos”, se estudió cómo los procesos de urbanización y desigualdad espacial modelan la distribución de las ratas en Buenos Aires. Por su parte, Martín Scaltritti, especialista en ecología animal y becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), señaló que “las poblaciones de ratas presentan una estructura genética heterogénea que refleja fragmentación ambiental y ausencia de control sostenido”. En tal sentido ambos coinciden en un diagnóstico, basado en que la expansión urbana desordenada genera nichos ecológicos donde las ratas prosperan más rápido que las políticas públicas.

De esta forma, la proliferación de ratas no solo implica basura y miedo; además conlleva riesgo sanitario porque los roedores actúan como reservorios de múltiples males. Según María Soledad Fernández, “la transmisión se da por contacto con orina o heces, pero también indirectamente, a través del agua o alimentos contaminados”. Esto se refleja en que, en los últimos años, la presencia de roedores en bares, restaurantes, escuelas y hospitales porteños fue aumentando considerablemente dado que la infestación no distingue entre barrios populares y zonas céntricas.

A pesar de que el Ejecutivo porteño informó haber realizado más de 50 mil operativos de desratización entre enero y mayo de 2025, los vecinos aseguran que el problema se agranda cada vez más. En esa línea, los especialistas son claros: el veneno no resuelve nada si no se ataca la raíz del problema. “Los cebos actúan sobre los síntomas, no sobre las causas”, sentenció Fernández. Sin limpieza constante, mantenimiento de cloacas ni control de residuos, la Ciudad seguirá atrapada en un ciclo perverso entre ratas y mugre.

Finalmente, la proliferación de ratas en Buenos Aires es el espejo de una ciudad desigual y mal gestionada: la evidencia científica, las denuncias vecinales y los datos sanitarios acuerdan sobre que el problema es estructural, ambiental y social. Por lo tanto, en una metrópoli que presume de moderna e inteligente, la presencia cotidiana de miles de ratas debería ser una vergüenza colectiva y una urgencia política porque una ciudad que convive con su basura termina, inevitablemente, conviviendo con su plaga.

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