En la estación Plaza de Mayo de la Línea A, uno de los puntos más transitados del subte porteño, fue inaugurada recientemente Biblio Subte, la primera biblioteca pública y gratuita dentro de la red de subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires. Impulsada por el gobierno porteño a través del Ministerio de Cultura y Subterráneos de Buenos Aires S.E. (SBASE), la iniciativa permite a los pasajeros asociarse de manera simple y llevarse libros en préstamo, con el objetivo de democratizar el acceso a la lectura y transformar el tiempo de viaje cotidiano en una experiencia cultural.
La escena rompe con la postal habitual del subte. Allí donde reinan el apuro, las pantallas y el ruido, hoy aparecen estanterías cargadas de novelas, cuentos, ensayos y clásicos. Biblio Subte propone una nueva forma de habitar el espacio público subterráneo y resignifica el viaje diario, integrando la lectura a la rutina de miles de personas que circulan por la estación. La propuesta se inscribe en una política cultural más amplia orientada a garantizar el acceso gratuito a los bienes culturales y a acercar el libro a nuevos públicos.
En relación a los objetivos de esta iniciativa, la ministra de Cultura porteña Gabriela Ricardes dijo: “Acercar la lectura a nuevos públicos, integrar el libro a la vida cotidiana y garantizar el acceso gratuito a bienes culturales en espacios de circulación masiva”.
Desde el área de transporte, el proyecto también fue pensado como una mejora en la experiencia del viaje diario. El presidente de Subterráneos de Buenos Aires S.E. (SBASE), Javier Ignacio Ibañez, afirmó que esta iniciativa es “humanizar el viaje, mejorar la experiencia del usuario y resignificar los espacios del subte como ámbitos culturales y sociales”.

Detrás del funcionamiento cotidiano de Biblio Subte, hay bibliotecarios que acompañan a los pasajeros y sostienen el espacio. Uno de ellos es Erik Radrizzi, quien fue testigo directo de la reacción del público desde el primer día. Según contó a El Grito del Sur: “La verdad es que hubo mucha curiosidad, más de lo que yo imaginaba. Se acercó mucha gente a preguntar y a ver cómo era, para anotarse y asociarse. Hubo bastante movimiento, incluso más de lo que yo esperaba”.
Aunque el entorno sea inusual, la Biblio Subte mantiene lógicas similares a las de cualquier otra biblioteca pública. Así lo explicó Radrizzi: “La realidad es que no hay una diferencia clara. O sea, es muy parecido todo, funciona todo igual, por así decirlo. Simplemente la ubicación que lo hace un poco más llamativo”.

El principal desafío aparece en la gestión del préstamo, condicionado por el ritmo acelerado del subte y la ausencia de un espacio de lectura tradicional. En ese sentido, el bibliotecario detalló: “Nosotros estamos prestando ahora un libro primero antes de prestar tres de una, por así decirlo, porque todavía no tenemos un público y también al no tener sala hace que la gente esté más de paso. Por eso tenemos que asegurar que la primera vez se devuelva el libro para después poder prestar una cantidad más elevada justamente”. Más allá de las dificultades, la experiencia despierta entusiasmo. Para Radrizzi, trabajar en Biblio Subte es una oportunidad singular y con proyección a futuro: “Y la verdad que me emociona, me parece una oportunidad re copada estar trabajando acá. Me parece que es una propuesta interesante, que está funcionando y que seguramente va a generar que se abran más bibliotecas en el Subte”.
El bibliotecario también dejó una invitación directa a quienes circulan por la estación, destacando la sencillez del sistema y el carácter gratuito de la propuesta: “Que se animen, que vengan, que empiecen a leer. Además el préstamo es una cosa muy sencilla, siendo que no es un tema literalmente complicado, tampoco hay que pagar nada”.

La experiencia de Biblio Subte se completa con la mirada de los usuarios. Ezequiel, pasajero habitual del subte, se detuvo frente a los libros y valoró la iniciativa como una puerta de entrada al sistema de bibliotecas públicas de la Ciudad. «Me parece muy interesante la propuesta, es muy bueno como puerta de entrada para lo que son las bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires”, señaló.
En un contexto marcado por el aumento del precio de los libros, Ezequiel subrayó la dimensión social del proyecto y sostuvo: “Creo que toda iniciativa que promueva la lectura o mueva libros ayuda a la democratización del acceso a la cultura”.
La curiosidad fue uno de los principales motores que lo llevaron a acercarse al espacio. Leer durante el viaje es, para él, una práctica habitual, especialmente en trayectos largos como los de la Línea A. Por eso, recomendó a otros pasajeros detenerse unos minutos y mirar los libros disponibles. “Le recomiendo a todos los usuarios que cuando pasen por la estación Plaza de Mayo se frenen unos minutos y que vean los libros dado que es un gran momento para disfrutar la lectura en el transporte público”.
Biblio Subte nació como una experiencia piloto, pero con la intención de expandirse a otras estaciones del subte porteño. Ibáñez explicó que “la idea es que Biblio Subte crezca y se expanda a otras líneas, consolidando una red de lectura en el transporte público”.
En tiempos de consumo acelerado y pantallas omnipresentes, la biblioteca subterránea propone una pausa inesperada. Bajo tierra, entre trenes y túneles centenarios, los libros vuelven a circular de mano en mano y el subte se transforma, también, en un espacio para la lectura, la imaginación y el encuentro.






