En pleno descenso histórico de las coberturas de vacunación, el Congreso fue escenario de un evento antivacunas donde «el hombre imán» intentó demostrar que la vacuna contra el COVID-19 lo había “imantado”. La escena se viralizó rápido, pero para los especialistas fue una preocupación más que un meme. Comencemos por lo básico: no existe magnetización alguna, sino un fenómeno físico básico llamado tensión superficial, que puede ocurrir en cualquier persona vacunada o no.
Sin embargo, mientras se discuten estas falsedades en espacios institucionales, las consecuencias reales ya están a la vista, enfermedades prevenibles reaparecen y miles de chicos siguen sin la protección que garantizan vacunas seguras y efectivas. Infectólogos y médicos advierten que hay más brotes, más internaciones y miles de chicos sin protección básica.
La vacunación atraviesa una caída histórica en Argentina y ya está generando consecuencias sanitarias en todo el país. La cobertura de la vacuna triple viral, clave contra el sarampión, las paperas y rubéola, se desplomó de niveles superiores al 85% -sostenidos durante décadas- a un 57% en 2024, y este año cayó aún más, apenas 46%. “Es un problema gravísimo, ya que en la misma proporción empiezan a reaparecer las enfermedades que estas vacunas previenen”, advirtió el Dr. Oscar Alfredo Atienza, médico y docente universitario.

Un informe reciente de OMS/UNICEF advierte que las coberturas de inmunización en Argentina vienen bajando desde 2019, y que en 2023 ninguna vacuna del calendario superó el 90% de la población objetivo. El retroceso impacta en casi todas las vacunas del calendario, incluidos los refuerzos de los 5 y 11 años, y ya alcanza incluso a recién nacidos. Este año murieron siete bebés por tos convulsa, ninguno vacunado.
Para la médica y especialista en infectología, Silvia González Ayala, la situación registrada con la segunda dosis de la triple viral (de los cinco años) es crítica: “En 2024, sólo el 47% de los niños recibió la vacuna. Tenemos alrededor de medio millón de chicos menores de seis años susceptibles al sarampión”. El país ya tuvo circulación confirmada de sarampión durante este año y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ubicó a Argentina en riesgo «muy alto» de reintroducción de poliomielitis.
Por si fuera poco, hay un resurgimiento del COVID con un 20% más de casos que en 2023 y un 48% más de cuadros graves, a lo que se le suma un brote de tuberculosis “como no se veía en décadas”, según explica Atienza. González Ayala agregó que “el descenso se replica también en embarazadas, con coberturas estancadas en torno al 60%, lo que deja aún más expuestos a recién nacidos y lactantes”.
Ambos especialistas coinciden en las causas: desinformación, proliferación de discursos antivacunas y mensajes contradictorios desde el propio Estado. “Los movimientos antivacunas hicieron mucho daño y desde los gobiernos no se hizo lo suficiente para frenarlo”, expresó Atienza en diálogo con este medio.

González Ayala subrayó además las consecuencias de la pandemia: “La desconfianza que se generó con las vacunas de COVID se trasladó a todo el calendario”. También señaló problemas estructurales, “vacunatorios con horarios muy acotados, falta ocasional de dosis, como las de COVID para menores de 12 años, y una generación de adultos jóvenes sin contacto previo con enfermedades prevenibles, lo que reduce la percepción de riesgo”.
Aunque el descenso es nacional, algunas provincias reaccionaron distinto. Mendoza lanzó una campaña intensiva y alcanzó el 82% de cobertura. El Dr. Atienza advirtió que “una sola provincia no va a frenar brotes de sarampión, papera, tos convulsa, hepatitis y de tantas otras enfermedades a nivel nacional”.
El diagnóstico es contundente. Los virus no desaparecen. Si la gente deja de vacunarse, el año que viene podría haber brotes mucho más severos. La combinación de baja cobertura, circulación viral y desinformación “aumenta el riesgo para toda la población”.





