Cromañón como hecho solidario y constitutivo, como piedra angular de la identidad de una generación. Hito fundacional de una forma de ver el mundo, de pensar al otro. La cultura del aguante no como consumo y violencia sino como compromiso, entrega e intensidad. Cromañón narrado por sus sobrevivientes y sus amigos y no por los buitres mediáticos que carroñan el dolor ajeno. Cromañón como amor por el prójimo.
«Cuando pensamos Cromañón es importante remarcar la solidaridad colectiva de una juventud comprometida. Y no lo pensamos solo por volver a entrar al boliche a salvarle la vida a una persona que tal vez no conocías, sino porque Cromañón fue el hecho fundacional de una generación que, post dictadura y post Malvinas, encontró ahí un hecho identitario», señala Martín Genauer, sobreviviente e integrante de la Coordinadora Cromañón.
«Le debo la vida a alguna piba o pibe que no conozco. Así como decenas o cientos que volvieron jugándose lo que no tenían para salvarle al vida a otro, esa noche y después todos estos años. Nos ayudamos ante el abandono estatal, ante la estigmatización de los medios, ante el no saber qué hacer de nuestras familias. Siempre nos cuidamos entre nosotros, los y las que ya habíamos perdido todo», cuenta Facundo Nívolo, fotorreportero y sobreviviente.

«Cromañón no solo nos describe sino que nos define como una juventud solidaria y comprometida. Es tratar de construir una sociedad con esos valores, a diferencia de la idea que intentaron instalar que éramos pibes borrachos y faloperos que se pisaban la cabeza para salir, que no les importaba quién tenía al lado. La disputa por contar Cromañón reside en la capacidad de asociarlo a la solidaridad y en la construcción de la identidad colectiva de una generación que vivió ese hecho como algo fundacional», agrega Genauer, que además preside la Asociación Civil «Nos pasó a todxs».
«Tenemos que rescatar que, en tiempos de desesperanza política, la cultura es un refugio. Lo fue para nosotros, cuando el rock era nuestra voz y también puede ser que ahora distintas formas de cultura sean un lugar para las nuevas generaciones. Y que esta generación puede vivir eso de una forma más cuidada de lo que nos pasó a nosotros. Salvaguardando en esta nueva generación una oportunidad creadora que sume a la nuestra», añade Nívolo.
«Cada vez que hablo de Cromañón, hablo de solidaridad: la de nuestra gente, la de nosotros mismos, que fue la que nos salvó a muchos de nosotros esa noche. Casi todos necesitamos de alguien más para sobrevivir, y nadie dudó ni un instante en darlo todo por el de al lado. Especialmente los verdaderos héroes y los verdaderos mártires de esta historia, los que dieron su vida por salvar a otro volviendo a entrar una y mil veces a ese infierno para ayudar a alguien más. Son la mayoría, y eso lo dice todo.Somos una generación atravesada por la tragedia, el dolor y la muerte. Pero también por la solidaridad, el amor y la lealtad. Me gusta pensar que es eso lo que nos define», explica Agu Donato, sobreviviente de Cromañón.

«Nuestra memoria es simbiótica, dialéctica, dialoga con el futuro para que no se repita, pero también para poder conversar con las generaciones que hoy tienen la edad que teníamos nosotros hace 20 años. Para entender dónde se pone ahora aquello que nosotros poníamos en la música. En una sociedad que después del 2001 no encontraba representación, nosotros íbamos a hacer política a la música y a cantar qué país queríamos. Entender por dónde les pasa eso hoy a los pibes», concluye Genauer.
«Me cuesta pensar en un futuro prometedor cuando pasaron 21 años y muchísimo dolor y las cosas parecen no solo no haber cambiado sino ir a peor. Por momentos parece que los únicos que aprendimos fuimos nosotros, la generación que no puede ni quiere olvidar y lucha todos los días por cambiar la realidad y por no resignarse. Argentina sigue atada con alambre. Te sigue cuidando únicamente el de al lado», agrega Donato.
«Si alguien de afuera pregunta qué significa que exista la Coordinadora, les pediría que se imaginen caminando por el desierto, cansado de nada, sedientos y agónicos, cuando de pronto a lo lejos algo brilla: es el oasis, el agua, la vida, el oxígeno que no tuvimos. Eso es la Coordi, mi oasis en este 2025. Ayer fue mi primer homenaje en que no estoy sola. Todavía no es 30, pero ya sé que tampoco voy a estar sola y tengo la certeza de que jamás voy estar más sola», agrega Sofía Moreno, sobreviviente y flamante integrante de la Coordinadora.








