Diciembre llegó y no vino solo. Los días pasan a cuentagotas y el último mes del año trae consigo una avalancha de responsabilidades. Cierres de trabajo, fiestas de fin de año, reuniones familiares, piononos con mayonesa, vitel toné, arbolitos de Navidad y una serie de pequeños rituales que cargan la mente de las personas. A esto se le suman los últimos días de trabajo, para quienes tienen el privilegio de poder tomarse vacaciones.
El estrés de fin de año es una mezcla de cansancio, ansiedad y presión potencialmente peligrosa. Afecta a grandes y chicos y puede llevar a una crisis anímica en el peor de los casos. El cansancio no es de golpe, se acumula durante todo un año de responsabilidades, de deudas y malabares para llegar con las obligaciones diarias. El home office, el whatsapp disponible a toda hora y la flexibilidad laboral, que implica el doble de tareas, no ayudan.
La situación del país tampoco: en medio de la crisis económica, la canasta navideña se encareció un 27%, según reveló un informe reciente de la consultora Focus Market. Éste mostró que la decoración para las Fiestas registra un incremento interanual del 12%. El costo total de los ocho artículos medidos ascendió de $377.504 a $423.955. El estrés financiero se convierte así en un factor adicional que impacta en la salud mental.

“La llegada de fin de año y de las Fiestas es muy compleja. Particularmente este año es peor porque mi situación económica fue muy complicada y mi salario está totalmente planchado. Hasta hace unos meses era becaria en el CONICET. Luego apliqué a las becas post doctorales pero quedé a tres lugares del último que entró, a pesar de cumplir todos los requisitos. No fue por falta de capacidad, fue porque recortaron más de 300 becas”, cuenta M., docente universitaria y Doctora en Ciencias Sociales.
“Estoy endeudada, tengo que alquilar y hago mucho uso de la tarjeta de crédito. Uno está esperando este momento del año para descansar y al final tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes. Además, mi familia está lejos y no puedo ni siquiera ir a pasar las Fiestas con ellos”, agrega. “Las Fiestas terminan siendo poco placenteras porque implican gastos”.
León Llach Mariasch es psicólogo. En diálogo con este medio relata cómo el momento de cierre, con la cantidad de actividades que conlleva, puede angustiar y generar ansiedad. Los fines de años pueden convertirse en deberes, a pesar que muchas veces son encuentros afectivos. Así, el placer se convierte en obligación y el disfrute en una carga.
Como muchos de los entrevistados, Llach enfatiza en la dificultad de comprar los regalos, decoraciones y comidas típicas de la época en un momento de pluriempleo y baja de los salarios. Según el reporte al que accedió la Agencia Noticias Argentinas en el rubro alimenticio, hubo subas de productos como la torta española de frutos secos (+47%), el pan dulce con frutas (+44%), y el turrón blando de almendra (+38%). Para peor, aunque el gobierno nacional anunció la reducción de los aranceles de importación para 14 categorías, Argentina se consolida como el país con los juguetes más caros de la región, con diferencias que van del 30% al 75% en comparación con Brasil, Chile, México y Colombia.
“El estrés de fin de año provoca efectos sobre el psiquismo y el bienestar. Con el aumento de trabajo aparece un cambio de lógica. Además, desde hace unos años está el concepto de burnout que es una exigencia que tienen los individuos sobre sí mismos. En esta época del año no solo hay un cansancio acumulado sino que se habilita manifestarlo”, asevera el psicólogo.

“La llegada de fin de año es difícil. Uno está muy quemado y aparecen un montón de compromisos. Hay un gasto nuevo todo el tiempo. En mi trabajo hay que hacer muchos cierres. Pareciera que todo se junta para explotarte en la cara”, explica M., maestra de primaria y poeta. “Al final el aguinaldo no va a ser para comprarme cosas que me gusten, sino para pagar deudas. Es muy frustrante”.
“El estrés a fin de año va en alza porque aumentan los eventos sociales, los acontecimientos, los cierres y las definiciones. Eso genera ansiedades y presiones, te abruma. Los acontecimientos que se dan en el fin de año aumentan el estrés, que ya es una constante”, relata la psicóloga y psicoanalista Milagros Pérez Capristo.
“A tal punto estamos alienados y tomados por la presión económica y la falta de previsibilidad que no paramos un poco a pensar qué nos pasa. Cada vez hay menos garantías, menos comunidad, queda todo en el individuo y eso genera mucho miedo, ansiedad, angustia y estrés”, asegura.
Balances de fin de año: ¿eso se come?
A los rituales religiosos y familiares ya antes mencionados, el fin de año suma los amados y odiados balances. Los pros y contras del año que pasó, las aspiraciones a futuro y las metas para los próximos doce meses a veces se convierten en una carga. Con los balances vienen las comparaciones, la frustración por las cosas no cumplidas y el deseo de que el año siguiente sea más reparador.
L. es cineasta y productora. Recientemente tuvo un cambio laboral, por lo que llega a esta etapa del año con más comienzos que finales. “Creo que los fines de año son momentos de balances que muchas veces generan un estrés o una carga doble. Hay una presión de cómo tenés que llegar que está establecida. Eso repercute en la salud mental. Yo soy bastante exigente conmigo misma y estoy condicionada por mis logros, sumado a la exigencia que genera cerrar ciclos”.
“Vos estás en tu casa con una realidad muy chota y abrís Instagram, donde todos terminan el año super felices, se recibieron, se casaron, tuvieron hijos y te terminás comparando. Te afecta porque empezás a hacerte preguntas en base a ese bombardeo de información y al modelo hegemónico que te piden”, explica V., trabajadora en el área de marketing de una empresa.
“Siento que las redes afectan mucho. Todos el tiempo estamos conviviendo con la idealización”, asegura. Al respecto, la psicóloga Pérez Capristo opina que la comparación siempre termina repercutiendo de manera negativa en el cerebro, por la estructura de este mecanismo de pensamiento.
Las fiestas navideñas y de año nuevo están cargadas de un mandato cultural de felicidad, armonía y celebración. Esta “obligación de ser genial”, citando el libro de Betina González, termina jugando en contra de las personas que intentan sobrevivir con la poca fuerza que les queda a finales de diciembre.
La idea de la familia perfecta muchas veces choca con la realidad: las Fiestas también implican en repetidas ocasiones ver parte de la familia que no frecuentamos y con la que, en algunos casos, no coincidimos del todo. Aparecen los tíos fachos, los comentarios sobre cuerpos ajenos, las preguntas incómodas y las discusiones entre los participantes de la celebración. Por eso, para las personas que no encajan en los estereotipos de vida hegemónicos pueden ser momentos muy dolorosos. Para las personas introvertidas o con ansiedad, también se convierten en focos de malestar.

“Aunque uno no quiera, las Fiestas tienen un peso sentimental y están ligadas a las reuniones familiares. Es agregar otra cosa a la organización de la vida cotidiana con la que ya cargamos. Cuando era chica consistía en una reunión de toda la familia, pero a lo largo del tiempo fui notando menos voluntad de juntarse, como si las cosas se hubieran vuelto más individualistas para evitar problemas”, continúa L.
La preparación para las Fiestas, la elección del lugar y la compra de regalos pueden llegar a ser un factor de malestar por la acumulación de meses de sobrecarga laboral y las demandas familiares. Incluso existe un fenómeno conocido como «fatiga decisional», donde cada elección -desde qué regalar a cada familiar hasta qué plato cocinar para la cena de Nochebuena- consume energía mental. Además, ambos psicólogos explican que las fiestas navideñas muchas veces reeditan duelos, pérdidas y momentos difíciles, tanto de seres queridos como de proyectos.
“Fin de año es un momento de rituales, de repeticiones. Tiene que ver con la pertenencia, con estar junto a otros. Cierto ritual trae la repetición y con eso la diferencia, pueden emerger fantasmas, faltas, recuerdos y eso aparece en cada quien de una manera singular en cada año. Hay personas que este año prefieren no celebrar, porque por primera vez celebran sin la presencia de alguien, en caso de duelo”, se explaya Llach.
“Si estás solo te preguntan cuando tenés una pareja, si estás en pareja te preguntan cuando te casás, si estás casado te preguntan cuando vienen los hijos”, se rie V. “Siento que esas presiones todavía están y más con la ola conservadora que está de vuelta ahora. Las Fiestas, más que un momento de disfrute, hoy en día es juntarte a que te presionen”, reflexiona.
Sobre esto, Capristo explica que no son los familiares en sí lo que afecta sino la falta de respuestas o la posición que uno toma con eso. “No poder decir que no, estar en situaciones que uno no quiere, eso es lo que genera mayor malestar”.
“La salud mental desde una perspectiva no solo centrada en la clínica, ni en el enfoque de la modernidad, sino pensándola en un enfoque más comunitario, se produce cotidianamente en las relaciones sociales. Hay ciertas acciones solidarias, como la que se hace en Congreso todas las navidades (N de R: para personas en situación de calle), que hacen a la salud mental de la población y aporta al bienestar común”, concluye León.
La vida pide descanso y a pesar de eso las exigencias aumentan, el mandato de dar abasto con todas las obligaciones se complica. Cada año es como un capítulo que se cierra y que debemos enfrentar en la vida, también nos muestra que el tiempo va pasando y no siempre a nuestro favor. Solo queda esperar que el próximo ciclo sea mejor, respirar, pedir deseos y brindar. Felices fiestas.




