Industria en transición: entre cierres y ajustes
Cada fase de desindustrialización impacta de forma distinta en la estructura productiva industrial. Si bien la constante es la pérdida de peso relativo de la esfera fabril en la economía nacional, los cambios internos en la industria pueden ser de los más variados. Sin embargo, el fenómeno que no distingue sector, región o fracción del capital es el cierre de empresas.
El camino no es del todo desconocido en la Argentina. La evidencia histórica muestra sintonía entre quiebras de empresas locales y retiro de las internacionales en momentos de recesión económica. La baja rentabilidad del mercado interno afecta las decisiones empresariales sobre la inversión y, por lo tanto, la producción y el empleo: la industria no crece porque no se invierte y no se invierte porque no crece. Un bucle que deja al sector cada vez más delgado.
El proceso refleja dos movimientos y distintas estrategias: empresas globales reducen su presencia mientras grupos argentinos o regionales aprovechan para expandirse. En los últimos meses, esta tendencia finalmente se aceleró, dando lugar a un fuerte movimiento de compraventa y reestructuración en el mercado argentino y latinoamericano. Los cambios más pronunciados se observan en la rama textil que, entre quiebras, cierres y retiros, opera apenas al 40% de su capacidad.
En esa dirección también se encuentran los productos de metal donde firmas de talla como Acindar, Ferrum, Mirgor (afectando a IATEC, Famar y Brightstar), Essen, Acerbrag y Vassalli enfrentan dificultades que se cristalizan en ajustes de planta. Al unísono resuenan casos de empresas, principalmente focalizadas en el abastecimiento del mercado interno, que cerraron plantas y se encuentran en jaque (por ej: Electrolux, Mabe, Eskabe y Lumilagro). Cabe destacar el caso del abrupto retiro de Whirlpool SA. La filial brasileña de Whirlpool Corp (gigante norteamericano) argumentó eficiencia operativa y asignación responsable de recursos, pero paradójicamente la empresa aún no decidió qué hará con la planta de Pilar que construyó e inauguró hace tres años para producir y exportar. En retrospectiva, no es la primera vez que la firma abandona la producción local: en 2003 también cerró su fábrica de heladeras en San Luis para pasar a importar.
El fenómeno también hace eco en el entramado automotriz argentino. En este contexto, la planta de Santa Isabel de la empresa Renault, que celebró 70 años en marzo, inicia una nueva etapa: por un lado, se termina el acuerdo de producción con Nissan, a causa de la salida de la empresa japonesa en pos de su nueva estrategia a nivel global.
De todas formas, la fábrica creadora de piezas clásicas argentinas como el Jeep IKA, Renault 12, Torino, Clio y el papa-movil de 1987 continuará produciendo gracias a un nuevo plan de inversiones. Una prometedora apuesta de la firma francesa asegura la continuidad de la planta cordobesa con la fabricación de una nueva pick-up desde agosto de 2026, apuntando a producir entre 60.000 y 80.000 unidades. En concreto, la firma busca especializarse en vehículos utilitarios con un modelo destinado a la exportación regional. Claro, la futura pick-up dependerá de componentes brasileños.
En paralelo, cabe destacar el retiro de SKF, la histórica fabricante sueca de rodamientos con casi 90 años de presencia en el país. Tras arribar en 1935 y consolidarse como proveedor clave para los sectores automotor y agrícola, la compañía anunció el cierre definitivo de sus operaciones industriales (alegando falta de competitividad por un convenio laboral que rige desde 1975) y su transformación en una estructura meramente comercial. En otro movimiento, la transferencia de Mercedes-Benz al Grupo ST se da en el marco de una nueva asociación empresarial que viene, según sostienen, con un plan de fuerte inversión para la planta de Virrey del Pino.
El clima empresarial es complejo. En un nuevo Día de la Industria, la UIA presentó un decálogo para avanzar hacia un “Nuevo contrato productivo” bajo el lema “Competir, invertir, integrar”. El documento subrayó la necesidad de mayor institucionalidad y la estabilidad macroeconómica, así también sus logros y desafíos recientes en esa materia. No obstante, señaló trabas persistentes como la alta presión fiscal, la infraestructura deficiente y el financiamiento costoso.
El caso es que el Gobierno aún no da señales claras de respaldo a la producción industrial. La caída del mercado interno y la mayor apertura importadora de bienes de consumo final diluyen las promesas de competitividad.
El mapa industrial latinoamericano no dista de ser muy diferente. Lo cierto es que la industria se está reconfigurando y lo hace bajo la tensión simultánea de reinventarse y contener los impactos de un ciclo global incierto. Entre otros casos, Yazaki cerró su planta en Uruguay para trasladar la producción a Argentina y Paraguay, la autopartista Iochpe-Maxion (Brasil) avanzó con la compra de Polimetal (Argentina).
En Costa Rica, el retiro de Intel y los recortes de Pfizer se explican por la relocalización de procesos en busca de mayor escala y menores costos. Por otro lado, en medio de la inestabilidad política, la compra de Jabonería Wilson (Ecuador) por Alicorp (Perú) refuerza a un actor regional del consumo masivo y Brasil, pese a la presión arancelaria impuesta por Estados Unidos, muestra un panorama más dinámico: registró en septiembre un récord exportador y continúa atrayendo inversiones como la fábrica de autos eléctricos anunciada en Bahía.
Presupuesto 2026: apuesta al RIGI mientras se desfinancia la industria
En el mensaje que acompaña el proyecto de ley del Presupuesto 2026, remitido al Honorable Congreso de la Nación, el ministro de Economía Luis Caputo presentó su mirada sobre los distintos sectores productivos de la Argentina y el marco de incentivos que impulsará el gobierno. Allí enfatizó la trascendencia de las inversiones en el impulso del crecimiento económico basándose en literatura económica neoclásica tales como Solow (1956 y 1957), Swan (1956) y Mankiw, Romer y Weil (1992), mientras que en consonancia hizo foco en el rol de la desregulación y el equilibrio fiscal como pilares del presupuesto.
El mensaje resume que la inversión y las exportaciones deben convertirse en los motores de la demanda agregada. Se subraya el rol central del RIGI, que hasta julio de 2025 acumuló 14 solicitudes y cinco proyectos aprobados —entre ellos el Parque Solar El Quemado, Vaca Muerta Oleoducto Sur un proyecto de licuefacción de gas, proyecto Rincón para la producción y comercialización de litio, y el Proyecto Siderúrgico Argentino en San Nicolás— que en conjunto implican inversiones por más de USD 12.500 millones.
El documento también identificó a los sectores con mayor potencial de expansión exportadora (agroindustria, minería, energía y economía del conocimiento), cuyos volúmenes mostraron en el primer trimestre de 2025 un máximo histórico: 2,7%, por encima del récord de 2008.
En contraposición, según se desprende del propio presupuesto, el régimen de promoción industrial representará un menor compromiso de recursos por parte del Estado nacional. Tras alcanzar los $370.812 millones en 2025, los recursos asignados caen en 2026 a $217.787 millones, recuperando apenas el nivel de 2024. Acorde las proyecciones del presupuesto, la exención de IVA proveniente del régimen de promoción disminuirá un 31,4% en términos nominales y un 50% medido contra el producto bruto interno.
De esta forma, el sector industrial perderá un apoyo fiscal clave. De la misma forma, dentro del análisis de gastos por finalidad y función, los gastos destinados a Industria representan el tercer rubro con menor variación nominal prevista entre 2025 y 2026, con aumento del 6,2%, solo por encima de Vivienda y Urbanismo y Dirección Superior Ejecutiva. De hecho, la partida industrial es calificada como función de baja magnitud presupuestaria, con una asignación inferior al 0,5% del gasto total.






