No son los pedos de las vacas: es el metano y el impacto ambiental de la ganadería

🐃 En medio de la polémica por la propuesta, la autora del proyecto, Lucía Klug, reflexiona sobre la malinterpretación, ridiculización y distorsión de la iniciativa, y asegura que -lejos de ser un impuesto recaudatorio- se busca incentivar un modelo productivo más sustentable y preparado para los desafíos climáticos.
04/12/2025

La diputada provincial saliente de Unión por la Patria (UxP), Lucía Klug, presentó en el último tramo de su mandato en la Legislatura bonaerense un proyecto de ley para crear la Tasa Ambiental sobre el Metano en Buenos Aires (TAMBA), que busca crear un impuesto sobre la emisión de gas metano de las explotaciones ganaderas. Según el texto impulsado por la legisladora, la tasa se calculará en base al kilogramo de dióxido de carbono equivalente (CO₂e) que genere cada establecimiento ganadero, considerando la cantidad y el tipo de cabezas de ganado y otros factores productivos.

“Lo primero que me llevó a presentar este proyecto es la preocupación por la emisión de gas metano y, por ende, sus consecuencias en el medio ambiente que produce la actividad ganadera”, comentó a El Grito Del Sur Lucía Klug. Según explicó, la propuesta “no busca sancionar per se a los productores”, sino generar herramientas para que puedan reducir el impacto ambiental de la actividad: “Es más bien una iniciativa, un incentivo para que los productores ganaderos, grandes, pequeños y medianos, puedan tener una política de mitigación de los gases que emiten al momento de producir ganadería”, afirmó.

La legisladora subrayó que existen estudios que demuestran que la producción bovina es altamente contaminante. Por eso, planteó que el objetivo del proyecto es que cada establecimiento cuente con un plan para reducir emisiones: “Ojalá que todos los productores, si se aprueba el proyecto, puedan tener algún tipo de política de mitigación y un plan de reducción de daños. Las tasas sólo se aplicarían en caso de que eso no se cumpla”.

En cuanto a la tasa, ese dinero se destinaría a un fondo fiduciario específico para financiar acciones de compensación ambiental: “De haber una recaudación, que eso sería en el caso de que no todos los productores ganaderos tengan un plan de mitigación de daños, ese dinero iría a un fondo que ayude a mitigar el daño del gas metano producido en otros puntos de la provincia de Buenos Aires por otras razones, como puede ser el no tratamiento de residuos sólidos urbanos”, comentó Lucía. 

Sobre experiencias internacionales, la legisladora mencionó el caso de Dinamarca como única experiencia vigente en el mundo. País que se encamina a ser el primero en aplicar un impuesto a las emisiones de metano generadas principalmente a través de los eructos y gases del ganado: “Me parece que también no está mal ser vanguardia. Somos uno de los países productores de ganadería más grandes del mundo, tal vez tengamos que empezar a dar el ejemplo de cómo hay una conciencia ambiental detrás de esa producción que tanto nos caracteriza”, propuso Klug.

La legisladora también reflexionó sobre la reacción pública y mediática que generó la iniciativa: “Hubo una lectura distorsionada, burlona, una ridiculización del proyecto, cuando se trata de un tema muy serio. El calentamiento global no es una joda”, enfatizó. Asimismo consideró que el rechazo inicial dejó de lado la evidencia científica disponible y volvió imposible un debate más profundo. 

También cuestionó la respuesta del sector ganadero, que -según ella- se negó a analizar los potenciales beneficios de la medida: “Lo primero que hicieron fue rechazarlo sin siquiera tener en cuenta en qué los beneficia. Un país donde tenemos ciclotimia climática, donde un año te inundas y al siguiente hay sequía, no es sustentable para un productor. Hay que tener una mirada más largoplacista”, planteó Lucía exigiendo pensar más allá de la coyuntura inmediata. 

La legisladora insistió en que el proyecto no es rígido ni cerrado: “Esto es una idea, no una cosa acabada. Los proyectos de ley se presentan para discutirse y pueden surgir miles de modificaciones”. “Ojalá la podamos discutir con todos los sectores y como se debe: seriamente”, concluyó Klug.

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