Parque de la Ciudad: la epopeya de un sueño urbano en Villa Soldati

😱 Entre el abandono y la falta de presupuesto, el Parque de la Ciudad -fundado en 1978- es verde, silencio, memoria y disputa. Radiografía de este lugar único.
16/12/2025

En el sur de la Ciudad de Buenos Aires, donde el cemento y la historia urbana chocan con las esperanzas de miles de familias que habitan Villa Soldati, existe un predio que cuenta relatos tan distintos entre sí que parecen de desemejantes ciudades, diversas décadas y casi de diferentes mundos. Este es el Parque de la Ciudad. Un lugar de sueños gigantescos, de proyectos frustrados, de hierro oxidado y risas que todavía resuenan, aunque sean ecos.

Corría el año 1978, la dictadura cívico-militar gobernaba la Argentina y el intendente de facto Osvaldo Cacciatore impulsaba un plan tan ambicioso como controversial. Buscaba revitalizar el sur porteño con un parque temático que compitiera con los grandes del mundo. Así nació Interama.

El historiador y máximo especialista en la historia del predio, Hernán Rodríguez, se lo explica con claridad y crudeza a El Grito del Sur: «El propósito del parque era levantar toda la zona sur, que para esa época eran unos terrenos baldíos enormes”. Y agrega un dato clave que suele olvidarse: “El proyecto contemplaba el parque de diversiones que conocimos y en lo que actualmente es el Indoamericano, ahí se iba a instalar el parque zoofitogeográfico pero de eso nunca se construyó nada”.

La elección de Villa Soldati no fue casual, dado que el Parque de la Ciudad debía integrarse con el Autódromo, el Parque Roca y ese zoológico proyectado para conformar una gigantesca zona de deporte, recreación y esparcimiento. “Se generaba una superficie en forma de L. Toda esa zona era una zona destinada al deporte y esparcimiento”, afirmó Rodríguez. 

De este modo, Interama abrió sus puertas en septiembre de 1982. Fue a medio hacer. Esa condición marcaría su destino para siempre. Rodríguez lo describe desde el archivo visual: “Hay fotos donde se ven colas interminables en los juegos y al mismo tiempo se ve un parque inconcluso. Gente haciendo colas al lado de estructuras sin terminar”.

Sin embargo, para miles de chicos y familias, fue un paraíso. Montañas rusas, autitos chocadores, juegos de sillas voladoras y lagos artificiales convivían con la joya máxima del parque: la Torre Espacial. Visible desde kilómetros, esta obra se convirtió en un ícono del sur porteño. Rodríguez desarma mitos y aporta datos técnicos poco conocidos. “Hay mucha gente que no sabe que la torre es íntegramente metálica, que vino desarmada desde Austria, que fue la estructura más alta de Sudamérica por mucho tiempo”, aseguró.

Debajo de esa aguja futurista, se esconden 30 pilotes de hormigón de 30 metros de profundidad. Y aclara: “El mito más fuerte es el de la confitería giratoria, cosa que jamás existió”.

Para el historiador, los momentos decisivos fueron claros. “El primer momento es todo el procedimiento licitatorio, el cual ya marcaba que algo venía mal”. Luego, el breve período entre inauguración, quita de concesión y estatización. Y finalmente, el golpe final: “El hecho que más afectó al deterioro del parque fue el cierre, en noviembre de 2003, por orden de Aníbal Ibarra”.

Ese cierre temporal se volvió permanente. Sin mantenimiento, el parque fue saqueado, desmantelado y abandonado. Rodriguez lo lamenta mucho al comentar que “ese mes se convirtió en cuatro años. Ahí se generó un daño muy importante”.

Para Gabriela Wist, fundadora de la agrupación Unidos por el Parque de la Ciudad, el impacto fue profundo. “Más allá de que el cierre fue injustificado, muchos de los árboles autóctonos fueron arrancados sacando hectáreas al parque para ello”, comentó a este medio.

No obstante, reconoce avances pero también contradicciones. “Se usa como espacio verde público con actividades culturales, educativas y deportivas”. Al mismo tiempo, cuestiona decisiones recientes: “Para recitales importantes destruyeron el Hidrovértigo, la montaña rusa de agua que estaba aún entera y la escultura Gulliver en esa área. Quisiéramos que vuelvan los juegos que esta agrupación recuperó, o sea su esencia inicial y natural”.

Eduardo Resocoto, vecino de Villa Soldati, vive frente al Parque. Según él, el presente convive con la memoria. “Hoy lo describo como un pulmón. Es como el patio de tu casa, pero a nivel gigante”. Al mismo tiempo recuerda su infancia en Interama: “La montaña rusa de este parque fue la primera que me subí en mi vida”. Y al ver los restos, confiesa: “Siento tristeza, pero por lo menos ahora podés sentarte bajo un árbol a contarle a alguien las anécdotas que vivimos acá”.

Por otro lado, Vanesa, visitante, que por primera vez recorre el parque, ofrece otra mirada. “Muy verde, con muchos árboles añejos, muy bien mantenido, con una linda estructura”. Su valoración es simple y directa: “Lo que más valoro son la antigüedad de los árboles”.

Hoy, el Parque de la Ciudad es verde, silencio, memoria y disputa. Ya no es Interama, pero tampoco es solo un parque. Es una cicatriz urbana que sigue preguntando qué ciudad se quiso construir y cuál estamos dispuestos a cuidar.

Una denuncia en presente: la supuesta venta de ocho hectáreas y la fragmentación del parque

Este interrogante histórico adquiere hoy una urgencia concreta. En 2025, el gobierno porteño avanzó con la venta en bloque de casi ocho hectáreas que formaban parte del Parque de la Ciudad, una decisión que reavivó la alarma de organizaciones sociales, ambientales y urbanísticas. Para Jonatan Baldiviezo, abogado especializado en derechos humanos y fundador del Observatorio del Derecho a la Ciudad, no se trata de un hecho aislado sino de una política sostenida que profundiza el desguace del parque metropolitano del sur.

“El proceso de privatización del Parque de la Ciudad es un delirio urbanístico. No es si tener una justificación razonable desde lo ambiental y desde lo urbanístico para destinar hectáreas, casi ocho hectáreas de un parque público para otros fines que implican especulación inmobiliaria y cementación”, aclaró a este medio.

También advirtió que la gravedad se potencia por la modalidad elegida sistemáticamente. «Se van a vender en bloque estas casi ocho hectáreas, es decir, a un solo comprador». Para el abogado, el impacto excede lo económico y se traduce en una pérdida directa de bienestar ambiental para la mayoría de los porteños y, en especial, para los vecinos del sur.

La denuncia se inscribe en un proceso más amplio de fragmentación. “Este sacrificio del Parque de la Ciudad forma parte de una desintegración que viene sufriendo el histórico Parque Almirante Brown, que era un parque metropolitano”. Y enumera antecedentes como privatizaciones, concesiones y usos logísticos que ya redujeron decenas de hectáreas verdes, desde el Parque Roca hasta el propio Parque de la Ciudad. 

El núcleo del cuestionamiento es jurídico y político. “Para nosotros, esta venta viola la Constitución de la Ciudad y viola el plan urbano ambiental”, explicó Baldiviezo. Y subrayó: “La Ciudad de Buenos Aires debe incrementar los espacios verdes, no disminuirlos”. Según expresó, la pérdida de estas ocho hectáreas se realiza “sin ningún tipo de compensación” y contradice una norma superior que obliga a proteger la integridad de los parques públicos.

El cierre vuelve inevitablemente a la pregunta inicial que atraviesa toda esta historia: ¿quién toma las riendas? Entre la nostalgia de Interama, el disfrute actual del parque y la amenaza de nuevas privatizaciones, el Parque de la Ciudad vuelve a ser escenario de una disputa mayor. No solo por su pasado, sino por el derecho colectivo a un futuro con más verde, más memoria y menos cemento.

Compartí