Archivo del Bajo Flores: memoria viva, barrial, villera y popular

💪 El pasado 20 de diciembre nació una herramienta colectiva para disputar el sentido de la historia frente al relato estigmatizante de los medios hegemónicos: el Archivo de la Memoria del Bajo Flores.
13/01/2026

El Bajo Flores no entra cómodo en los mapas oficiales. A veces aparece corrido, en otras ocasiones directamente no aparece. Pero está. Se palpita y vive allí. También se organiza y recuerda. Es una constelación de barrios, villas y pasillos que crecieron a fuerza de trabajo, migración, lucha y supervivencia. Un territorio donde la historia no se escribió en los libros escolares sino en la vereda, en la olla popular, en la autoconstrucción de una casa, en una foto sacada con apuro antes de que se apague la luz.

El pasado 20 de diciembre, en ese mismo suelo tantas veces estigmatizado, nació una herramienta colectiva para disputar el sentido de la historia: el Archivo de la Memoria del Bajo Flores. No como museo solemne ni como archivo frío, sino como una memoria viva, barrial, villera y popular.

El Bajo Flores es Flores Sur, es el Barrio Rivadavia I y II, es el Barrio Illia, es el Barrio Ricciardelli (ex Villa 1-11-14). En definitiva es la mezcla de nacionalidades, acentos y religiones que se cruzan todos los días. Es también una zona marcada por la expulsión urbana, por las políticas de vivienda inconclusas, por la violencia estatal y por la organización comunitaria que supo llenar los vacíos que dejó el Estado.

En ese entramado nace el Archivo de la Memoria del Bajo Flores como un proyecto colaborativo que tiene como objetivo reconstruir tanto el pasado como el presente del barrio, principalmente a través de fotografías, pero también de documentos, cartas, videos, objetos y dibujos que den cuenta de la historia cotidiana del territorio.

Por lo tanto, no sólo reúne recuerdos dispersos: también propone un recorrido histórico y sensible sobre cómo el territorio fue transformándose con el paso del tiempo. La creación de la parroquia, la expansión de los distintos sectores del barrio y la organización social frente a momentos críticos marcan el punto de partida de una memoria colectiva que se niega a ser borrada.

Durante la inauguración, una de las voces centrales fue la de Alejandro Filippini, quien tomó la palabra visiblemente emocionado ante vecinos, organizaciones y referentes del barrio: “Este es solo el comienzo de una página que es colaborativa”.

Primeramente, el barrio fue atravesado por instituciones que marcaron profundamente su vida social, educativa, política y cultural. Cada una cumplió un rol clave, que fue la de acompañar, contener, enseñar, organizar, abrir puertas y sostener cuando todo parecía derrumbarse. La parroquia, que luego se transformaría en Santa María Madre del Pueblo, es uno de los pilares históricos del Bajo Flores. Desde allí, el padre Rodolfo Ricciardelli impulsó una identidad barrial basada en la solidaridad, la fe y el compromiso colectivo, promoviendo la organización comunitaria y la defensa de derechos. Por ello es que, en ese mismo contexto, nació la cooperativa de vivienda y consumo Madre del Pueblo, como respuesta directa a la erradicación de villas durante la última dictadura. A través del trabajo colectivo y la autogestión, se garantizó el acceso a una vivienda digna y se convirtió en un símbolo de resistencia popular. También surgió el Club Atlético Madre del Pueblo, el primer club dentro de un barrio popular en la Ciudad de Buenos Aires, que desde el deporte y la cultura promueve la inclusión, el encuentro y el crecimiento de pibes y pibas del barrio.

Otros espacios como Poder del Cristo acompañan a personas atravesadas por consumos problemáticos y situaciones de vulnerabilidad desde una mirada integral y territorial. El CESAC Nº 20 es resultado de una histórica lucha barrial por el derecho a la salud, bajo el lema “Los pobres también tenemos derecho a la salud”, y hoy es un espacio clave de atención primaria para las familias del Bajo Flores. COPA nació como un espacio de formación en oficios y educación popular, acompañando durante años a jóvenes y adultos en sus proyectos de vida. La Hermandad Viajera, que comenzó como guardería comunitaria, hoy es un centro de primera infancia, reflejo del compromiso del barrio con el cuidado y la educación de las infancias. Por su parte, el Centro Cultural Rivadavia nació en democracia y sigue siendo un espacio de acceso libre a la cultura sostenido por la participación vecinal.

En los años noventa, Mate Cocido emergió como espacio de organización social y política frente al hambre y la exclusión, convirtiéndose en una institución de fuerte arraigo territorial. El comedor “Evita Vive” nació desde la solidaridad vecinal frente a las crisis económicas, sosteniendo hasta hoy un espacio de alimentación y contención. La radio FM Bajo Flores, como radio comunitaria, amplifica las voces del barrio y construye memoria desde el micrófono popular.

La cultura del barrio se manifiesta en la ópera villera, mientras que los proyectos artísticos acercan música y formación a niños y jóvenes, fortaleciendo la identidad cultural. En la sección de referentes históricos, el archivo incorpora material inédito, incluyendo fotografías de Ricciardelli facilitadas por el Archivo Nacional de la Memoria, para reconocer a quienes dejaron su huella con el trabajo cotidiano.

Las historias de figuras como Aldo Morán, obrero y militante, y Dolly Silampa, quien transformó el asesinato de su hijo Ezequiel Demonty en una lucha colectiva contra la violencia institucional, muestran vidas atravesadas por la solidaridad, la militancia, la fe y la búsqueda de justicia.

El archivo también recupera producciones audiovisuales, historias de vida y trayectorias singulares de vecinos y vecinas que lograron desarrollarse en ámbitos artísticos, culturales, políticos y sociales. Todo permanece abierto a nuevos aportes. Porque el Bajo Flores es diversidad producto de sus celebraciones religiosas, carnavales, procesiones, ferias y fiestas populares donde la memoria se vuelve música, color, comida y encuentro. Acá la memoria también es fiesta.

Filippini remarcó que el archivo no es una plataforma cerrada ni propiedad de una organización, sino una herramienta del barrio para el barrio, construida desde la escucha y el respeto por la historia popular: “No es una página, como tantas otras, donde uno busca información en Internet y aparecen cosas que no están en su lugar, sino que intenta reflejar la sabiduría del barrio, lo que todos ustedes saben de lo que fue pasando en este barrio”. Y explicó con precisión los límites y alcances del proyecto: “Nosotros decidimos, arbitrariamente, que el Bajo Flores es el barrio de Ricciardelli, el barrio de Illia y el barrio Rivadavia. Y también, en términos temporales, empezamos a montar la historia del barrio desde 1900 hasta la actualidad”.

En concordancia, Paola Huallpa, comunicadora social y participante del Archivo de la Memoria del Bajo Flores, afirmó a El Grito del Sur: “Esto es necesario para seguir recuperando nuestra historia, para seguir poniendo nuestro nombre y sacar esa identidad que nos pusieron los militares. Cambiamos el nombre al barrio de Padre Rodolfo Ricciardelli porque no queremos ser un número, queremos tener un nombre y una identidad porque es un derecho. El Archivo de la Memoria busca recuperar nuestra memoria de los vecinos, de las vecinas, de las instituciones y de un barrio que nació de la lucha, desde el primer momento”.

Para Filippini, uno de los objetivos centrales del archivo es disputar el relato hegemónico que asocia al Bajo Flores únicamente con el delito: “Cuando uno pone en internet Bajo Flores, lo que aparece es allanamiento, narcotráfico, etc. Y la verdad que eso queda muy corto. Además es injusto y está elaborado habitualmente por las redes sociales que quieren asociar el barrio al delito”.

Desde la parroquia Madre del Pueblo, el padre Eduardo Scrinzi también destacó la importancia histórica y simbólica del archivo para la comunidad: “Me parece que es importante sobre todo para preservar la memoria. La memoria de lo que fue aconteciendo y de cómo se fue formando y forjando el Bajo Flores. Porque detrás de todo esto hay mucho esfuerzo y luchas de muchas personas”. Además, el sacerdote subrayó a este medio el valor pedagógico del archivo para las nuevas generaciones: “Para nuestros jóvenes es muy importante no olvidarse de dónde venimos, de cuáles son las raíces, de cómo se fue forjando este barrio”.

Desde el corazón del territorio, Evelin Obando, vecina desde hace más de 30 años y una de las creadoras del archivo, analizó el espíritu profundamente participativo del proyecto: “Este archivo surge a través de una idea que traen unos amigos militantes y se nos ocurrió hacer una página que componga todo: desde lo mínimo hasta lo máximo. Pero también tiene la particularidad de la participación de vecinos y vecinas, lo cual enriquece un montón”.

Obando remarcó que el archivo pone en valor historias que nunca fueron contadas desde los medios hegemónicos: “Siempre vivimos en la marginalidad, siempre estigmatizan al pibe del Bajo Flores, pero acá realmente pasan otras cosas”. Para ella, preservar la memoria desde el propio barrio es una forma de disputar el destino impuesto: “No vino acá el Estado y puso una escuela porque sí. Fue todo una lucha de vecinos y vecinas”. Y cerró su testimonio con una emoción que atravesó toda la inauguración: “Es ver el barrio como es, es una naturaleza, es de su alma, con todas sus cosas buenas, con todo el mal que nos ha causado cierta violencia institucional, pero que hemos sabido resolver manteniendo una cultura de unión”.

Por ende, el Archivo de la Memoria del Bajo Flores no es solo una plataforma digital ni una acumulación de imágenes antiguas. Es una declaración de principios. Es la certeza de que sin memoria no hay futuro y de que los pueblos que recuerdan se vuelven ingobernables para quienes intentan borrarlos. “Un pueblo sin memoria no puede vencer. Tenemos que tener memoria de que somos patria y no queremos ser colonia”, declaró Antonio Triado, vecino histórico del Bajo Flores.

En tiempos donde la historia se simplifica y los barrios populares se reducen a titulares policiales, este archivo propone otra narrativa: la del afecto, la del esfuerzo compartido, la de la dignidad cotidiana. Como escribió León Gieco, y como resuena en cada pasillo del Bajo Flores: “La memoria estalla hasta vencer. A los pueblos que la aplastan y que no la dejan ser, libre como el viento”.

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