No es una novedad, la salud mental es una problemática en aumento en el mundo y las consecuencias son palpables: alrededor del 15 por ciento de la población mundial tiene algún padecimiento de salud mental. Cada vez son más los conocidos, amigos y familiares con un diagnóstico. A su vez, día a día se vuelve más difícil encontrar los lugares idóneos para contener estas problemáticas.
En Argentina, entre los años 2019 y 2025 las internaciones por salud mental aumentaron un 77 por ciento y en la Provincia de Buenos Aires el aumento fue de un 60 por ciento. Frente a la ausencia del Estado nacional -que busca rediscutir la ley de Salud Mental- y la mala situación de los psiquiátricos en la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia inauguró 211 dispositivos de salud mental, 32 centros comunitarios y amplió un 37 por ciento su personal. Aún quedan 4 centros próximos a inaugurar.
Además, regidos por los lineamientos de la ley Nacional de Salud Mental aumentaron un 69,8 por ciento las camas en hospitales generales y el total de los hospitales atiende urgencias de salud mental.
Para conocer más sobre las políticas de desmanicomialización aplicadas en el territorio bonaerense y los nuevos debates sobre la ley de Salud Mental que quiere discutir el Congreso, hablamos con Julieta Calmels, psicóloga y subsecretaria de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en PBA.

¿Cómo se está aplicando la ley de Salud Mental, sancionada en 2010, en la Provincia de Buenos Aires?
La implementación de la ley Nacional de Salud Mental en la Provincia de Buenos Aires implica una transformación del sistema de salud que se estructura en torno a tres ejes: la sustitución progresiva y la transformación de los hospitales neuropsiquiátricos (que son cuatro en la Provincia de Buenos Aires), la ampliación de los hospitales generales para urgencias e internaciones por motivos de salud mental y la ampliación de los dispositivos de base comunitaria. En torno a esos tres ejes avanza la reforma bonaerense en salud mental, alineándose a la ley nacional pero también integrándose a un proyecto provincial de inclusión social con el refuerzo de los sistemas de cuidados.
¿Cómo es el proceso de desmanicomialización que están llevando a cabo?
Los hospitales neuropsiquiátricos están llevando a cabo una transformación de largo aliento porque implica desandar instituciones que fueron creadas hace un siglo y medio y que soportan lógicas de segregación propias de la construcción de un modelo de cuidados como fueron los manicomios. En el caso de PBA, los cuatro hospitales neuropsiquiátricos cuentan con planes de reforma interministeriales aprobados por más de diez ministerios. Contamos con una resolución que prohíbe el ingreso y reingreso a los pabellones de larga estadía o de internaciones crónicas, lo que nos permite poner un límite y trabajar con esa población mediante un sistema sustitutivo a la internación manicomial.
En la Provincia de Buenos Aires se trabaja en la externación de las personas que están en estos pabellones, que tienen criterio de alta en términos de salud. Es decir, son personas que no requieren estar internados pero que permanecen en los manicomios por falta de apoyos, de vivienda y de alternativas de cuidado en la comunidad. El 42 por ciento de las personas que estaban internadas en los manicomios de nuestra provincia tenía más de 10 años de internación, lo que muestra que el proyecto de manicomio no tiene que ver con la atención de la crisis o algo que pueda ser resuelto desde los hospitales, sino que más bien contiene la dificultad para construir formas sociales de inclusión. Esto es lo que el sistema de apoyos viene a reemplazar en la Provincia de Buenos Aires.

Respecto al 2019, hubo un aumento del 77 por ciento en las internaciones psiquiátricas de nuestro país. ¿Creés que tiene algo que ver con la crisis económica y social?
Los casos de salud mental expresan diferentes fenómenos: por un lado hay factores más globales, como la incidencia de las tecnologías, los fenómenos de violencia y la retirada del Estado. Por otro lado, la experiencia de la pandemia fue altamente traumática, no solo por las pérdidas y por la enfermedad, sino por el modo en que los seres humanos se vincularon con la posibilidad de la muerte. La situación argentina, la incertidumbre económica, la falta de acceso a los bienes elementales, el estar pensando todo el tiempo cómo se llega a fin de mes, la intranquilidad, la ansiedad, toda esa serie de fenómenos que se están volviendo muy comunes, producen sufrimiento que se expresa en síntomas del campo de la salud mental. Vemos una relación muy directa entre el agravamiento de las situaciones de vida en Argentina y los padecimientos de salud mental.
¿Qué respuesta dan los hospitales ante esta situación, sabiendo que las guardias están saturadas y los profesionales muchas veces no dan abasto?
En la Provincia de Buenos Aires hay 100 hospitales. Al inicio de la gestión de Axel Kicillof, sólo 11 tenían respuesta para urgencias en casos de salud mental. Ahora el total de los hospitales tienen algún tipo de respuesta. Se incorporaron más de 1000 trabajadores para la salud mental en hospitales, hay muchos procesos de formación permanente, hay un protocolo y una guía para la atención de urgencias en el sistema hospitalario. También existe un trabajo de regionalización en las 12 regiones sanitarias, hay una política de ampliación de compras de psicofármacos para las hospitales generales y un trabajo en el enlace con la continuidad de los cuidados que siempre es un desafío importante a resaltar. Entramar los hospitales generales a la red es un desafío estructural y una responsabilidad en el cuidado de la salud. Para tomar un ejemplo, en el año 2025 las internaciones en hospitales públicos provinciales y municipales en la Provincia de Buenos Aires fueron más de 52.000 y nos preocupa no solo el aumento sino la gravedad de las situaciones que estamos observando.
¿Cómo se trabajó para adaptar los hospitales generales a las necesidades de las personas con diagnósticos de salud mental?
Adaptar los hospitales generales requiere aumentar los recursos humanos, trabajar el modelo de atención biomédica que muchos hospitales tienen sobre el sufrimiento -entendiendo que atender las urgencias por salud mental es diferente a atender las internaciones por un problema físico-, producir reformas edilicias, donde las personas puedan contar con algún lugar para recibir visitas y generar interacciones. Implica la reorganización de los servicios y que en las guardias estén trabajando psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y enfermeros formados en salud mental. Por su parte, en los hospitales neuropsiquiátricos que se modifican en base a la ley Nacional de Salud Mental no se cerraron los pabellones de urgencia, sino que están pasando por una reforma edilicia que pueda mejorar la calidad de sus condiciones.
Abrieron 221 casas de externación. ¿Cómo son estos dispositivos que están creando para contener a los usuarios? ¿Con qué apoyos cuentan?
La manera que estamos externando es a través de la construcción de una red de apoyo en la comunidad que cuenta con 220 casas, algunas alquiladas y otras construidas por el Gobierno de la Provincia. Viven 650 personas que fueron externadas, eso constituye un 70 por ciento de la población que estaba en internaciones crónicas. Allí están acompañadas por equipos de salud, algunos son de altos apoyos, es decir que hay personal que convive con las personas externadas y otras con apoyos medios. No son dispositivos sanitarios, son hogares. Allí todas las personas tienen un subsidio que se brinda desde el Ministerio de Apoyo a la Comunidad, tienen un seguro de caución que otorga el Banco de la Provincia y hay un programa provincial que acompaña, dinamiza y supervisa todo este proceso que se llama “Buenos Aires libre de manicomios”. Esto permite y confirma que es posible la vida en comunidad en cuanto se establecen los apoyos sanitarios, económicos y habitacionales.
¿Trabajan con perspectiva de género entendiendo las violencias específicas que sufren las mujeres en los psiquiátricos?
En el abordaje de las políticas institucionales de salud mental hay un enfoque que contempla la consideración de que las mujeres y diversidades ya vienen transitando situaciones de violencia estructurales y muchas veces vinculares. Eso hace al enfoque con el que atendemos y miramos, que se desarrolla en múltiples instancias. Particularmente hay una Dirección Provincial de Abordaje de las Violencias en el Ámbito de la Salud, que tiene políticas específicas destinadas a atender estas problemáticas desde la perspectiva interseccional necesaria para abordar estas violencias. Por otro lado, estamos atentos a no reproducir estas violencias estructurales que también se repiten muchas veces en los sistemas de salud. Por ejemplo, los derechos sexuales y reproductivos en el tratamiento de la salud sexual es parte de los tabúes y de los temas que no se ha querido tratar. Para nosotros abordar este tema es romper un estigma y crear un nuevo modelo a la hora de trabajar con mujeres y diversidades.

¿Por qué creen que el gobierno de Javier Milei quiere modificar la ley Nacional de Salud Mental y cuáles son sus intereses de fondo?
El intento de modificación de la ley de Salud Mental, que se incorporó en la ley Ómnibus y que finalmente fue sacado del paquete de propuestas en la Cámara de Diputados, se corresponde con una visión que el Estado tiene sobre la salud y sobre los derechos de las personas. En esta modificación básicamente se vuelve a un modelo donde la salud mental está regulada por la Justicia y donde la internación se utiliza como elemento de control social para sacar de circulación aquellas personas que no cierran con el modelo de sociedad de la productividad y la eficacia. Para que los sistemas de salud puedan asumir la responsabilidad en la ampliación de prácticas de cuidado, hay que hacer todo lo opuesto a lo que propone el gobierno nacional: se necesita presupuesto, infraestructura y mucha humanidad para ofrecer cuidados. Consideramos que lo que hay que discutir y transformar son sistemas de salud acorde a las necesidades de nuestro pueblo, esa es la discusión que una parte de nuestra sociedad debe darse.




