«Conectar en tiempos de pantallas»: el nuevo libro de la Editorial Chirimbote

📚 La editorial Chirimbote publicó un nuevo libro para adultos referido al uso de los dispositivos electrónicos en la infancia y adolescencia. Una publicación para cuestionarse cómo cuidar y criar, romper el algoritmo, volver a mirarnos y escucharnos. 
24/02/2026

Compilado por Nadia Fink y Jesi Farías, la editorial Chirimbote sacó su nuevo libro, en este caso para adultes pero con la intención de que entiendan el mundo de las niñeces y adolescencias. Se trata de “Conectar en tiempos de pantallas. Crianzas y consumos digitales en infancias y adolescencias”, una publicación para romper el algoritmo, volver a mirarnos y escucharnos. 

«Conectar en tiempos de pantallas es una conversación coral que nos invita a pensar cómo lo digital se cuela en la crianza, la educación, la subjetividad y la comunidad», explican las editoras. El compilado reúne temas en boga, como la discusión que surgió luego de que España anunciara que prohibirá el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales, hasta la ESI, pasando por la seguridad digital y las masculinidades. Además, aborda temas como la crianza en momentos de hiperconectividad.

La idea es tejer, entre varias manos, respuestas a las preguntas sobre cómo acompañar a las infancias y adolescencias en el terreno digital, que llegó para cambiarlo todo. 

Especialmente en este momento donde, según un estudio de Kids Online y UNICEF Argentina, el 95% de las niñeces tiene un teléfono propio en su casa con acceso a internet.

El Grito del Sur decidió hacer un repertorio de voces y entrevistar a cuatro autores de distintos ensayos del libro para conocer la temática desde diferentes aristas. Masculinidades en la web, crianzas en época de pantallas y prohibicionismo se ahondará en una nota que propone rascar sobre un tema incómodo.

Constanza Gueglio (Licenciada en Psicología de la UBA y Magíster en Psicología Social Comunitaria) y Damián Supply (Psicólogo clínico y terapeuta grupal infanto juvenil), autores de “Crianzas, bienestar digital y consumos digitales en infancias y adolescencias”.

¿Cómo es criar en el siglo XXI rodeado de pantallas? No me refiero solo a los chicos, sino también muchas veces a los adultos que los dejan de lado por no soltar el teléfono. 

Damián: Me parece que el tema de las pantallas nos involucra a todos por igual, al mundo adulto también lo convoca. Desde la psicología vemos el concepto de “modelado” que tiene que ver con que una conducta no se moldea solo por una palabra sino por una acción, y eso es lo que vemos hoy. Estamos en un mundo hiperconectado donde los bordes en la relación con el teléfono están borrados, mucho más después de la pandemia, con las redes sociales y empresas que fomentan esa permanencia. El problema es que hay un mundo adulto que señala lo que está mal, pero que tampoco tiene control sobre sus actos. Las infancias y adolescencias también quedan entrampadas en eso. Hay que implicarse, desde el acompañamiento, tanto desde saber dónde están los consumos de los chicos hasta cómo reflexionar sobre los usos propios.

¿Quiénes deberían dar cuenta de las competencias necesarias para que los adultos (que muchas veces no nacieron con internet) sepan cuidar a sus hijos pequeños o adolescentes en la hiperconectividad? 

Damián: Las respuestas tienen que ser comunitarias. Es un tema complejo ya que involucra muchas áreas, y más pensando en infancias y adolescencias, que están en desarrollo y necesitan esas líneas guía. A nivel Estado, hay cosas que se empiezan a pensar y a hacer pero son temáticas que cambian día a día. Hay algo ligado a la tecnología que es copado, pero también hay que tener en cuenta los riesgos y cómo estos cambios son muy rápidos. Me parece que desde toda la comunidad y desde el Estado se necesitan espacios de reflexión, de concientización, de capacitación a los docentes, escuela y clubes, y cómo esos espacios de la vida física son atractivos y claves para que infancias y adolescencias se acerquen y pasen el tiempo fuera de las pantallas. Se necesita una mirada amplia para poder abordar el tema en profundidad. 

Hay un acuerdo clave que quedó plasmado en la Observación del 25° Comité de los Derechos del Niño 2020, donde habla de los derechos en el mundo digital. ¿Cuáles son y cómo se ejercen?

Constanza: La observación 25 del Comité de los Derechos del Niño hace foco en los derechos digitales, da recomendaciones y amplía qué estamos entendiendo sobre los derechos en entornos digitales. Lo que dice el texto es que todos los derechos de la Convención Internacional de los Derechos del Niño deben garantizarse también en entornos digitales. Es decir que el mundo físico no es un mundo donde no corran los derechos o queden suspendidos, sino que los Estados deben asegurarse que los derechos se promuevan y garanticen. En este sentido es que decimos que los entornos digitales pueden contribuir a cerrar brechas, pueden mejorar el acceso a ciertos derechos pero pueden profundizar desigualdades y por eso es tan importante el rol del Estado. Además de que se garanticen los derechos, el acceso a las tecnologías digitales debe ser real, seguro y equitativo. 

¿Cómo afecta la mutación del juego, que en nuestras infancias tenía que ver más con el intercambio con el otro y ahora pasa por divertirse a través de una pantalla?

Constanza: El juego es la actividad principal de la infancia, es la manera que tienen niños y niñas de apropiarse del mundo. No hay que demonizar los juegos en pantallas, pero sí entender que los aprendizajes que se obtienen entre uno y otro son distintos y varían dependiendo el momento del desarrollo. Los niños pequeños tienen problemas para trasladar lo que aprenden en las pantallas al mundo físico porque para internalizar lo que pasa en el mundo, necesitan su costado sensorial. Lo que sucede con el mundo físico es que tiene la posibilidad del juego libre y permite poner a jugar el mundo interno. El juego en la pantalla me da una plataforma que ya tiene una forma y una intención para jugar, hay una sola forma de jugar, que en el juego libre no, donde hay infinitas formas de jugar. A veces las plataformas no tienen que ver con lo improductivo, sino que muchas veces tienen la intencionalidad de que los niños y niñas consuman. El juego físico nos permite interactuar, practicar habilidades sociales, tolerar la frustración, esperar turnos y negociar las reglas del juego. Se pierden cosas, en los términos que encontrarte con otros y negociar te da. Es la posibilidad de que esas habilidades vayan creciendo con el tiempo. 

Nicolás Pontaquarto (Profesor de Educación Secundaria. Co-coordinador del Área de Capacitación del Instituto de Masculinidades y Cambio Social), autor de “Donde hay una necesidad nace una mentoría. Un mapa de la masculinidad en internet”. 

¿Cómo moldean las redes sociales los estereotipos de género?

Las redes sociales amplifican modelos y roles de género estereotipados porque suenan controversiales o polémicos. Y si algo visibiliza el algoritmo es el escándalo, aquel contenido que genera interacción, que te da ganas de comentar, de hatear o de bancar, pero nunca de decir nada. Las tradwifes o los varones que enseñan cómo ganar plata para ser proveedores crecen en esta época de incertidumbre por el presente y sin imaginación de futuro porque esa nostalgia de un pasado «con más orden» es, al menos, un lugar. Patriarcal y misógino, pero un lugar al fin.

¿Cómo definirías a las masculinidades en internet, pensando en figuras como los criptobros, los gamers y los incels?

Internet funciona como una escuela de identidad para los varones; como ese ámbito en el que se dan procesos de masculinización, es decir, donde terminan de armarse ciertas expresiones de género masculinas. Propuestas identitarias como criptobros o vendecursos son hojas de ruta que encuentran los varones jóvenes en un contexto en el que el mundo adulto, las instituciones y el Estado dejaron de acompañar sus proyectos de vida. 

¿Creés que hay cierto efecto rebote del fervor feminista que hace que los varones esten más enojados y frustrados y que los lleva a encontrarse representados por una politización de derecha?

Si, pero no es un efecto rebote directo y lineal sólo por el avance feminista. Es también la inquilinización de la vida, el capitalismo de plataformas/suscripciones, que desdibujó la noción y la posibilidad material de «ser propietario» de casi cualquier cosa. Los lugares donde los varones se afirmaban identitariamente se volvieron inaccesibles para la mayoría, en términos materiales, y al mismo tiempo se disputaron simbólicamente esas narrativas y horizontes de expectativas de género que se asignaban a los varones. Frente a esa conmoción, la frustración y el enojo, fueron las reacciones individuales que atendieron y organizaron políticamente las derechas; del afecto a la ideología.

Santiago Morales (sociólogo y educador popular), autor de “Prohibir o no prohibir, esa es la cuestión”.

España anunció que prohibirá las redes sociales para menores de 16 años. ¿Qué pensás al respecto?

Quienes nos dedicamos a las ciencias sociales desde perspectivas críticas, en general no avalamos los prohibicionismos totales porque cercenan derechos. Y efectivamente, a las nuevas generaciones se les cercenarán derechos al limitar su acceso a redes sociales hasta los 16 años. Cabe preguntarse por qué un conjunto de personas adultas pueden excluir a las personas menores de 16 años de ejercer sus derechos en los entornos digitales. Bueno, en este caso, la respuesta es que eso debe pasar porque no están dadas las condiciones para que justamente las niñas, niños y adolescentes puedan ejercer sus derechos en dichos entornos. Por eso, pienso que es una medida incómoda pero necesaria. Las nuevas generaciones están siendo ratas de laboratorio de un experimento que ya está demostrando, con abrumadora evidencia, que provoca daños irreparables en la salud mental, física y neurológica de las niñas y niños. 

Te preguntás qué salidas podemos encontrar al prohibicionismo. ¿Podés contarme más de eso?

Para asegurar que las niñeces puedan ejercer sus derechos en los entornos digitales, hoy es fundamental que tengan lugar algunas limitaciones. Deben ser temporales y como medida excepcional y urgente ante el desastre que vemos. Prohibir de modo general y permanente el uso de dispositivos y redes será, además de injusto, ineficaz. Injusto porque con el argumento de la protección se limitarían derechos; e ineficaz porque sólo agudizaría las condiciones de soledad en que las niñas, niños y adolescentes habitan la digitalidad. Hay que prohibir ya como medida de urgencia; educar y educar más para seguir educando, en paralelo; y luego levantar la prohibición habiendo establecido condiciones adecuadas para que habitar los entornos digitales no sea un vehículo seguro a las vulneraciones de derechos. Para ello, el Estado debe regular, controlar, limitar a las corporaciones tecnológicas digitales; no puede ser que sigan haciendo lo que se les antoja con las niñas, niños y adolescentes.

¿Qué rol juega la comunidad educativa en ese sentido?

La comunidad educativa puede jugar un papel fundamental, creando desde abajo para arriba las condiciones de posibilidad para que legisladores y legisladoras sancionen una ley en beneficio de las niñas, niños y adolescentes. Ya desde ahora, en todas las escuelas y jardines del país, las familias, las niñeces y el conjunto de docentes de dichas instituciones pueden transitar procesos de reflexión sobre cómo hacer un uso adecuado de los dispositivos electrónicos. En cualquier caso, dadas las circunstancias en que nos encontramos (de abandono y entrega de la niñez a las ganancias extraordinarias de las corporaciones tecnológicas digitales), todo lo que se pueda limitar y reducir el uso de dispositivos electrónicos será beneficioso. Para eso, desde el mundo adulto tenemos la responsabilidad indelegable de dar el ejemplo. Y complementariamente, la escuela es el lugar indicado para educar a las niñas, niños y adolescentes en un uso crítico y responsable de los dispositivos electrónicos y sus plataformas.   

¿Por qué tendría que haber un movimiento que bregue por la sanción de una ley nacional que garantice la protección de los derechos de niñeces y adolescencias en entornos digitales?

Porque el Estado no va a sancionar ninguna ley de protección y garantía de ejercicio de los derechos de las niñas, niños y adolescentes si no existen personas y organizaciones de la sociedad civil que lo reclamen. Si bien es cierto que ninguna ley cambia por sí sola nuestras vidas cotidianas, sí puede crear condiciones más favorables para mejorar nuestra vida. Y dicha ley es fundamental también para que podamos transformar esta situación de entrega y abandono de las niñas, niños y adolescentes a partir del establecimiento de los estándares necesarios para que puedan garantizarse sus derechos en los entornos digitales.

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