El espejo peruano: diez tesis políticas de una experiencia andina

🇵🇪 Este 2026 es año de elecciones en Latinoamérica: Petro se juega la sucesión en Colombia, Lula va por la épica en Brasil y el 12 de abril se elige presidente en Perú. En esta ocasión se presentan nada menos que 34 candidatos. Crónica de una elección turbulenta y un neoliberalismo que ya se llevó puesto ocho presidentes en diez años.
12/02/2026

El espejo peruano. El laboratorio fue Chile, pero el epítome del neoliberalismo latinoamericano es el Perú: macroeconomía ordenada, moneda estable y una desigualdad rampante que hace que casi un quinto de su población no tenga cloacas. En el reino de la estabilidad financiera, la política ha muerto.

Al menos en los cánones de la democracia liberal. Ocho presidentes en diez años y el actual (José Jerí, por si a alguno le interesa) ya cuenta con los
rechazos necesarios para dejar su lugar. Toledo, Castillo, Ollanta y Vizcarra comparten pabellón en el penal. El neoliberalismo cumplió su plan: destruyó los últimos rezagos de una democracia imperfecta.

Este 2026 es año de elecciones en Latinoamérica: Petro se juega la sucesión en Colombia, Lula va por la épica en Brasil y -aunque menos difundido- el 12 de abril se elige presidente en Perú. En esta ocasión se presentan nada menos que 34 candidatos. Fuera del fujimorismo (el apellido que partió aguas durante casi 40 años en el país), no hay otro sello partidario con historia. Solamente el APRA presenta una margilista. Los partidos son bienes transables y tienen precio: Avanza País nació como fuerza de izquierda ligada al MRTA y terminó como plataforma del Chicago Boy, Hernando de Soto. Una guerra de logos sin historia que se renueva cada cinco años.

Ollanta Humala

La neoliberalización de la representación política. Ni partidos con historia ni poderosos sindicatos nacionales. El neoliberalismo trasciende en Perú su etapa económica y se expresa más que nunca como proyecto holístico. La desinstitucionalización es tan grande que el voto es preferencial: es decir, el orden en la lista no determina la elección y cada candidato hace campaña por su número individual. El 27 de Cajamarca está más preocupado por promocionar su cara que la del candidato presidencial que va a arrastrar el voto. El Leviatán de la política provincial, la interna en la peor de sus formas. Se vende como democracia directa la balcanización pública de las orgánicas.

Dina Boluarte

Parlamentarización del presidencialismo. El sistema peruano vive toda esta anomia, entre otras cosas, porque es un sistema gris: una especie de parlamentarismo presidencial, donde el Congreso tiene la posibilidad concreta de «vacar» presidentes. Es decir, la suma de unas pocas bancadas minoritarias pueden expulsar al Ejecutivo elegido por las mayorías populares. El presidente cuenta con un contrarrecurso: la posibilidad de convocar a nuevas elecciones congresales. Como se intuye, el sistema es inviable y su falla de origen es la Constitución de Fujimori. Porque las Constituciones estructuran sociedades, subrayado doble.

Alan García se suicidó perseguido por Odebrecht. Fujimori murió libre después de pasar años en cárcel por delitos de lesa humanidad. La que lo liberó fue Dina Boluarte, de profesión traidora y responsable del asesinato de casi 50 personas en protestas pero que, sin embargo, permanece libre. PPK, aquel violinista mitad polaco primo de Godart -la clase dominante por sus protagonistas-, termina sus días encerrado en su mansión de San Isidro donde cumple su condena. La judicialización de la política como eterna vendetta. El prebendarismo se replica en la Justicia y el mensaje no es muy complejo de entender: los presidentes terminan muertos, presos o suicidados.

El Perú no vota derecha. En los últimos tres ballotages consecutivos perdió la heredera Keiko Fujimori. Toledo llegó siendo el Cholo, diplomado en Harvard pero salido de un pueblito profundo de Áncash. Alan García como revolucionario, con la mística de la juventud aprista y agitando la nacionalización de la banca. A Ollanta lo acusaban de ser el Chávez del Altiplano, un nacionalista duro con una visión económica de izquierda. El Profe se montó sobre un caballo y un sindicato docente y ganó la presidencia prometiendo Constituyente. El Perú no vota derecha. Pero lo que está enfrente no ha sido muy bueno hasta ahora.

José Jerí

Volvamos al terreno de la neoliberalización absoluta si se me permiten ciertas licencias en esta crónica. Los que algunos bautizaron economía popular es en Perú la economía real. El 80% de los trabajadores lo hace en la informalidad. La salud está tan privatizada que las postales de la pandemia eran los revendedores de oxígeno y las colas en las clínicas para comprar garrafas de aire. Pero mi preferida es la del transporte: la libertad de los suelos implica que no existen grandes concesiones estatales sino que cada chofer es dueño de su pequeña camionetita. El hacinamiento máximo, la competencia impiadosa por el pasajero y la calidad horrenda del viaje. Lima es la primer ciudad de Latinoamérica donde más tiempo se pierde en el transporte público. No, no todos tenemos las mismas 24 horas.

De los 34 candidatos, merece la pena detenerse en unos pocos. Aunque la política peruana es tan imprevisible que el día que ganó Castillo la CNN no tenía su foto en miniatura. La lógica dice que Keiko Fujimori sigue arrastrando un porcentaje de voto duro y que esta vez la derecha gore amiga de los pedófilos tiene otro candidato propio: Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, numerario del Opus Dei, quien propone darle un DNI a cada feto. Por fuera de eso, en el centro asoma el rector de la Universidad de San Marcos, Alfonso López Chau. Un demócrata de la «economía social de mercado» que nuclea a la centroizquierda «caviar» limeña y a algunos conservadores y oportunistas.

Por el lado de la izquierda y el campo popular, las opciones son pocas: el profe Castilo, desde el encierro, ungió a Roberto Sánchez, su ministro más leal, al frente de una alianza que mezcla a ronderos, izquierdistas y a Antauro Humala, el hermano de Ollanta que pasó 20 años preso por un levantamiento etnocacarista (googleen etnocacerismo). También se presentan otras propuestas sin mayor estructura como la del abogado Ronald Atencio o la de Vladimir Cerrón, candidato prófugo de la Justicia y presidente del partido Perú Libre, que llevó a la presidencia a Casillo y al que posteriormente traicionó sin impunidad.

Las encuestas de intención de voto en Perú no sirven. A dos meses de la elección, casi el 70% del electorado no ha definido su voto. Un cómico gay de derecha, un empresario de universidades privadas, un coronel del ejército imputado por delitos de lesa humanidad y otros personajes de la runfla criolla mendigan votos para pasar la valla. El sistema es cruel: para meter bancada congresal hace falta pasar el 5% de los votos y además colocar al menos 7 diputados o 3 senadores. Caso contrario, quedás afuera y tus votos computan al resto por sistema D´Hondt. Perú, no lo entenderías.

Keiko Fujimori

La operación neoliberal es también el borramiento de cualquier pasado de grandeza, la reescritura derrotista de la propia historia. En Perú se levantó el imperio más grande de Sudamérica. Desde Cusco se dirigió el desarrollo político, económico y militar de buena parte de la región. En Perú gobernó Velasco Alvarado, un general nacionalista que hizo la reforma agraria, industrializó el país y fortaleció el ejército. El primer sometimiento es el del orgullo, y ellos lo saben bien.

Queda para otra entrega el derrotero de Sendero Luminoso, la historia de la guerra con Chile o el análisis sobre la importancia del puerto de Chancay, la entrada china a Latinoamérica por el Pacífico. Pero se hace tarde, estoy cansado y a esta hora, Perú ya puede haber cambiado de presidente.

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Una vez abrazó al Diego y le dijo que lo quería mucho. Fútbol, asado, cumbia y punk rock. Periodista e investigador. Trabajó en C5N. AM530, TeleSUR, HispanTV y TVP. Desde hace 12 años le pone cabeza y corazón a El Grito del Sur. Actualmente aporta en campañas electorales en Latinoamérica.