¿Qué pasa con la representación de las mujeres en los medios? ¿Por qué seguimos siendo minorías? ¿Por qué estamos abocadas especialmente a los temas de género y no a secciones “duras” o “serias” como política y economía? Bueno, claramente no somos los únicos que nos hacemos esta pregunta.
El Proyecto de Monitoreo Mundial de Medios (GMMP) 2025, coordinado en Argentina por Marcela Gabioud y María Soledad Ceballos, analizó 779 noticias en 23 medios durante una jornada completa del 6 de mayo de 2025 para intentar responder la duda. Se trata de un monitoreo mundial de larga data que surgió hace 30 años por la necesidad de obtener evidencia empírica sobre el lugar, el papel y la participación de las mujeres en las noticias.
Si bien muchas cosas han cambiado respecto a derechos de mujeres y diversidades sexuales en la Argentina, en los medios de comunicación se nota un estancamiento difícil de revertir. Lejos de mejorar, el progreso hacia la paridad de género en las noticias se ha estancado desde aproximadamente el año 2010, sin alcanzar el 50 % en ningún tipo de soporte. Según el informe, apenas se logra superar la barrera del 30% de esa presencia en algunos medios.
Además, menos del 2% de las noticias tratan sobre la violencia de género. Este bajo porcentaje contrasta con la gravedad del asunto. Para peor, los estereotipos de género son más frecuentes en las noticias sobre política y economía, dos ámbitos en que los hombres ostentan la mayor parte del poder.
«Los periodistas refuerzan, de alguna manera, la creencia de que los hombres son los poseedores del conocimiento: consultan en un 86% de las ocasiones a hombres, mientras que apenas lo hacen a mujeres en un 14%», señala el texto de 64 páginas que hace un desglose minucioso del estado de la cuestión.
Para conocer más sobre la disparidad de género en los medios, la falta de presencia de las diversidades sexuales y el amedrentamiento a las periodistas feministas, El Grito del Sur habló con Marcela Gabioud, quien desde 2005 trabaja en temáticas de política y comunicación.

¿Cómo surge la necesidad de realizar el informe?
El informe surge a partir de que, en 1995, se establece la plataforma de acción de Beijing, que en el punto J deja asentada la necesidad de observar a los medios de comunicación para conocer la forma en la que crean estereotipos de género y analizar su estructura interna. En ese momento entendían, y todavía entendemos, que los medios moldean la percepción del mundo. Para nosotras era importante conocer la cantidad de mujeres en los medios para entender la forma en que trabajaban.
¿Por qué consideran que con todo el avance del feminismo en Argentina sigue habiendo tal disparidad en los medios?
Esto es claramente porque las mujeres estamos siempre disputando ese poder que no tenemos. Quienes deciden en los medios de comunicación son los hombres y, por lo tanto, las prioridades de la agenda y del trabajo están decididas de esta manera. Es verdad que tuvimos una primavera desde el año 2009, cuando se aprobó la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, hasta el 2022 cuando pudimos construir herramientas para incidir en los ámbitos legislativos y finalmente sancionar la ley de Equidad en la Representación de los Géneros en los Servicios de Comunicación. A pesar de ese movimiento, las mujeres siempre nos tuvimos que hacer cargo de los cuidados y a eso se fue sumando la precarización laboral, que hizo que muchas, en vez de seguir en la lucha, tengan que salir a buscar otros trabajos para subsistir. Eso también hace que nos retiremos de ciertos espacios de incidencia y militancia. Es cierto que América Latina nos mira por nuestra lucha feminista, pero en lo cotidiano los medios siguen siendo manejados por los hombres.
En el relevamiento explican que el avance de las tecnologías y la creación de medios digitales no mejoró la igualdad de género. ¿Cuál es el panorama en ese sentido?
El estudio del año 2015 fue el primero en donde se incorporó Facebook, Twitter y los medios digitales. Fue una gran desilusión porque se esperaba que, tal vez siendo medios nuevos y que habían surgido con ciertas discusiones saldadas, nos encontraríamos con porcentajes mejores que en los medios tradicionales. Hasta el día de hoy, quienes configuran esos medios siguen siendo varones. Creo que, por más que hayamos tenido mucha incidencia, no logramos entrar en la academia, lo que genera que la formación de derechos humanos quede a cargo de los estudiantes. Si en las carreras no hay un piso para cuestionar estas representaciones y estereotipos, queda a la voluntad de que alguien que trabaje desde estas perspectiva y esté dispuesto a guiar a los nuevos periodistas. El panorama va a seguir siendo complicado si no está incluida esta perspectiva en las currículas de las universidades y los terciarios.

¿Qué sucede con las diversidades en los medios de comunicación?
El tema de la diversidad en los medios lo incluimos en el informe del año 2020. Allí nos encontramos que menos del 1% de las noticias daban cuenta de la diversidad y cuando lo hacen es desde un lugar de criminalización o victimización. No aparecen como actores importantes de la sociedad produciendo el cambio. Esto tiene que ver con lo que en este contexto se quiere borrar: todo aquello que no responda al conservadurismo actual.
¿Qué pasa con el hostigamiento a periodistas mujeres, como le sucedió por ejemplo a Julia Mengolini o Luciana Peker?
Si bien éste no es el caso de estudio del informe, podemos ver que hay una intencionalidad de acallar las voces de las mujeres. Si hacemos un paneo de los medios hegemónicos, nos vamos a encontrar que hay muy pocas mujeres y eso también va en detrimento de los resultados de cómo se abordan estas noticias. Lo peligroso del hostigamiento es que logre su objetivo, por eso tenemos que estar muy atentas y construir comunidad para que esos casos no prosperen. Debemos encontrar otras vías para hacerlo, no sólo las judiciales. Es necesario tener redes de autocuidado para los casos de exposición mediática.
¿Por qué las mujeres quedan reservadas a temas “blandos” como sociedad, espectáculos o temas de género y les cuesta más insertarse en temáticas como política y economía?
No cuesta insertarnos, cuesta que nos den el lugar. En el informe del año 2020 vimos que había más mujeres hablando de economía que varones y eso era un cambio importante en los datos. Sin embargo, todavía prevalece la creencia de que los hombres están habilitados a hablar de cuestiones más duras y que las mujeres hablamos de los “chismes”. En el relevamiento de este año fue muy importante la categoría deportes: en deportes, casi el 96% de quienes reportan las noticias son varones. Fue impresionante ver esa desigualdad y no darle entidad e importancia. No es que no sepamos, es que esos espacios están vedados.

En el informe explican que muchas veces las mujeres recurren más a fuentes masculinas, especialmente en temas donde se supone que los varones tienen más expertise. ¿Por qué creen que se da esta situación?
En general, las mujeres suelen consultar más a mujeres. Sin embargo, venimos escuchando por parte de periodistas que tratan de ampliar sus fuentes que, cuando llaman a una mujer para consultar sobre un tema específico, hay una demanda de instantaneidad que genera que tal vez muchas no se animen a hablar porque sienten que no están preparadas. Las mujeres son más precavidas para hablar, consultan fuentes, piden tiempo para averiguar, no tienen la misma seguridad que un varón. Me parece muy importante que las mujeres nos animemos, que asumamos que las especialistas son especialistas, que puedan hablar, que no necesitan tener más preparación para opinar.
¿Qué cambios deberían ocurrir para que se modifiquen los sesgos de género?
Nosotras siempre proponemos cambios: en primer lugar la educación, hay que seguir insistiendo para que la temática de género sea transversal en las carreras, que en algún momento vean esta diferencia en el abordaje y cómo esto transforma la vida de las personas, porque sabemos que la realidad se construye y esta construcción se da en los medios de comunicación. Hay que seguir construyendo en este momento de odio, hay que fomentar las redes de cooperación y el envío de material. Por último, saber que cuando alguien se equivoca puede corregirlo desde una mirada pedagógica, porque la mayor parte de la reproducción de los sesgos de género es por desconocimiento. Hay que enseñar; a veces cansa, pero es la única forma de cambiar. La enseñanza y la formación son las herramientas que tenemos a mano en un contexto tan difícil.




