Del horror a la búsqueda: la historia de Luis Ciancio y Patricia Dillón, desaparecidos por la dictadura

😢 Gabriel y su familia no tuvieron noticias del paradero de Luis hasta el año 2009, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró hacer concordar los datos con los restos de Luis. En 2012 se supo qué ocurrió con Patricia, pareja de Luis.
15/03/2026

Gabriel Ciancio tenía 12 años cuando ocurrió el último golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976. Para él, ese día resultó un alivio: según decían las autoridades -con palabras rimbombantes-, volvería la paz a la Argentina. Pero no era sólo la coyuntura política lo que alegró a Gabriel, sino que un día después del golpe nació su sobrino Federico, hijo de Luis y Patricia. 

El 6 de diciembre de 1976, Luis Ciancio -hermano de Gabriel, a punto de recibirse de ingeniero y trabajador de vialidad-, y Patricia Dillón -su cuñada-, ambos militantes del PCML (Partido Comunista Marxista Leninista), fueron secuestrados en un operativo policial cuando se trasladaban de Berisso a La Plata. Por seguridad, Federico se había quedado a dormir en la casa de sus abuelos. Él, que cumplirá 50 años este 25 de marzo, sólo estuvo ocho meses junto a su mamá y papá.   

“Ahí empezó un cambio de rutina en mi casa, yo dejé de ser un nene de 12 años para empezar a colaborar con mis viejos en lo que era la búsqueda. También habían desaparecido amigos de mi hermano, así que nos teníamos que cuidar de que no nos pasara algo. Teníamos miedo de que nos vinieran a allanar la casa y al mismo tiempo teníamos que sostener una vida más o menos normal para Federico”, cuenta Gabriel, hijo de madre docente y padre obrero, en una familia que se consideraba anti-peronista. Luis jugó al fútbol en la tercera división del club Gimnasia y Esgrima de La Plata en la década de 1970.

La última dictadura cívico-militar en Argentina provocó la desaparición de al menos 30.000 personas. Mujeres, hombres, gays, lesbianas, trans, madres, padres, militantes y familiares. Como explica el artículo “La última dictadura militar argentina. Fases y estrategias (1976-1983)” de Gabriela Águila, la categoría «delincuente subversivo» poseía alcances tan amplios como difusos. La modalidad más extendida del trabajo de la dictadura fueron las prácticas clandestinas, en un circuito que se iniciaba con la detección por parte de los organismos de inteligencia, seguía con procedimientos y secuestros realizados por los «grupos de tareas» y traslados a centros de detención clandestina y muchas veces culminaba con la desaparición o el asesinato de las víctimas. “Esta represión paralegal se articuló con otra «normativizada», constituida por una batería de leyes y decretos que otorgaron el marco jurídico”, explica Gabriel.

Luis jugó al fútbol en la tercera división del club Gimnasia y Esgrima de La Plata en la década de 1970.

Gabriel y su familia no tuvieron noticias del paradero de su hermano hasta el año 2009, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) logró hacer concordar los datos con los restos de Luis. Como el propio equipo del EAAF relató en el “curso de investigación forense para periodistas 2026”, cuando comenzaron las excavaciones en Argentina recién había finalizado la dictadura y no se utilizaba el ADN porque era muy costoso, no había banco de sangre ni índice de abuelidad. Los restos estaban mezclados, sin conceptos de individualización, con identificaciones nulas, rastros de destrucción y mezcla de huesos en fosas comunes. También se había perdido evidencia del contexto. Las alteraciones intencionales sólo dificultaron más las identificaciones.

“Del año 1976 al 2009 pasaron muchas cosas, pero mis viejos siempre estuvieron buscándolos”, enfatiza Gabriel. “Después de un tiempo entendí que ellos sabían que Luis y Patricia tenían una militancia política porque una de las primeras personas con las que hablaron fue Hebe de Bonafini, cuyo hijo también militaba en el PCML y fue secuestrado en la misma Comisaría 5ta de La Plata. Mis viejos nunca nos explicaron porque tenían miedo de que le pase algo a nosotros”. 

Durante décadas su padre se dedicó a visitar morgues, cementerios y hospitales, al tiempo que insistía en el Ministerio de Defensa y la Policía Federal. Incluso realizó un habeas corpus.   

«Nos dimos cuenta que estaban secuestrados porque enfrente de ellos, en las torres de Villa Elisa, vivían nuestro hermano Ricardo con su esposa Cristina, que siempre se juntaban a cenar. Ellos ya tenían algunas señales para comunicarse porque ya sabían que el lugar estaba marcado como un barrio ¨subversivo¨», relata. Cuando secuestraron a Luis y Patricia, Ricardo fue al departamento y encontró unos hombres sacando sus cosas, corriendo las cortinas y revolviendo la casa, a la que habían entrado con la llave de Luis. “Ahí tomamos conciencia de lo que sucedía”, declara.  

Página oficial EAAF

El rol del Equipo Argentino de Antropología Forense en la identificación de Luis y Patricia 

Hasta el día de hoy, fueron recuperados los restos óseos o el registro del homicidio por la burocracia estatal de 1652 personas. Sin embargo, gracias al EAAF, ya hay 848 personas desaparecidas encontradas e identificadas (701 identificadas con cuerpo y 147 personas identificadas sin cuerpo). Como explican sus integrantes, el ritual de recibir el cuerpo tranquiliza, da paz y genera certezas. El EAAF articula en cada sitio con los familiares, que a su vez comprenden mucho más cuando pueden ver los restos. Es un diálogo entre la ciencia y la ley, donde para identificar es necesario comparar el ante mortem y el post mortem. 

El proceso de identificación en los casos de lesa humanidad no es lineal, sino que se trabaja en conjunto entre diversas líneas de evidencias, generando un proceso dinámico. Reconstruir un conjunto de restos óseos no es sólo la restitución de la materialidad sino la restitución de la historia, un punto de llegada ante la incertidumbre.

Entre los años 2002 y 2003 los progenitores de Gabriel murieron sin saber su paradero, lo que representó un vacío para toda la familia. “La desaparición es la falta de algo que vos sabés que está en algún lado, pero no sabes dónde. No podés desprenderte por más que sepas que está muerto. Siempre tenés la esperanza de que regrese. Es muy difícil desarraigar en una persona esa ausencia”, declara Gabriel. La falta de certezas y la ausencia de cuerpo hacen mella en las mentes de los familiares. “Mi viejos mientras vivieron siempre los buscaron vivos, querían que el Estado se hiciera responsable. Cuando fallecieron y se lanzó la campaña de recolección de sangre, yo dije ‘quiero saber qué pasó con Luis’. 

Según la página oficial del EAAF, el reclamo por las desapariciones comenzó mientras la represión aún estaba en curso. Entre 1976 y 1978, los organismos de derechos humanos elaboraron las primeras listas de personas ausentes que, gracias al testimonio de sobrevivientes y a las investigaciones de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, entre otros, permitieron que, antes de que la dictadura terminara, ya hubiera conocimiento sobre los centros clandestinos de detención. Durante 1984, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) recopiló la información, la organizó y profundizó. 

Desde los primeros momentos, el EAAF trabajó con la documentación producida por las burocracias estatales ya que, si bien los familiares de las víctimas desaparecidas no tenían noticias del paradero, la dictadura nunca dejó de generar documentos, incluso en sus últimos momentos. Esto refleja la decisión política de no informar sobre el destino final de los secuestrados. 

Como relatan los integrantes del EAAF, los sistemas de desaparición fueron casi perfectos. Sin embargo, cuando empezaron la investigación los archivos estaban descentralizados y descubrieron que no todos los centros clandestinos manejaban los mismos procedimientos. 

“El material genético obtenido de los restos encontrados es comparado con los datos genéticos que son aportados por familiares de las personas desaparecidas. Estas muestras se obtienen a partir de la donación de una gota de sangre, que se puede realizar tanto en la Argentina como en el exterior a través de una alianza entre el EAAF y el Estado argentino, la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas, creada en 2007”, explican en el sitio web sobre el procedimiento de identificación.

El rastro de los huesos

Gabriel y sus hermanos se acercaron al EAAF con la primera campaña, se sacaron sangre en La Plata y dejaron su muestra para que sea cotejada con el banco de datos. A los dos años los llamaron para decirles que habían encontrado los restos de su hermano. Allí se enteraron que había pasado por la comisaría 5ta de La Plata y que el EAAF tenía sus restos desde 1984, cuando habían sido exhumados en el Cementerio de Avellaneda. Sin embargo, recién en el año 2009 y en el 2012 supieron qué había pasado con Luis y Patricia. Luis fue fusilado y enterrado como NN en Avellaneda y Patricia fue fusilada en un simulacro de enfrentamiento en una propiedad de Vicente López y enterrada como NN en el cementerio de Boulogne.

La Comisaría 5ta de La Plata funcionó como Centro Clandestino de Detención y Maternidad Clandestina entre los años 1976 y 1978. A partir de los testimonios de los sobrevivientes, se reconstruyó el funcionamiento y se estima que allí fueron detenidos ilegalmente alrededor de 250 hombres, mujeres y niños. Además, nacieron por lo menos dos bebés y estuvieron cautivas diez mujeres embarazadas y tres menores. Según testimonios de los sobrevivientes de este CCD, los métodos utilizados fueron la ejecución sumaria a partir del enfrentamiento fraguado con enterramientos en fosas comunes como NN. Este centro clandestino tuvo lugar dentro del conjunto conocido como “Circuito Camps”, el cual dependía de Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. 

En el año 2018 se logró la desafectación total del edificio, trasladando la comisaría a otro edificio cercano del barrio. El predio fue entregado en comodato a Abuelas de Plaza de Mayo y a la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires para la creación del Espacio para la Memoria, que hasta el día de hoy se puede visitar.

Página oficial EAAF

Devolver la memoria 

En 1985, el EAAF inició el análisis de los libros de los cementerios que registraron los enterramientos NN y permitieron recuperar datos valiosos. La investigación documental creció durante los años siguientes recuperando y sistematizando numerosos registros: actas de defunción, archivos policiales, legajos de la policía científica, registros de huellas dactilares, expedientes judiciales, entre otros. En paralelo, a través de entrevistas con sobrevivientes, familiares y compañeros de militancia de las y los desaparecidos, se fue recabando la mayor cantidad de información posible sobre cada uno de ellos. El Equipo buscó en los cementerios municipales, los ex centros clandestinos de detención y los lugares clandestinos de inhumación.

“El día que me llamaron por teléfono fui al baño, me miré en el espejo y me di cuenta que ya no era más el nene de 12 años. No me reconocí, me di cuenta que hice la vida de un niño de 12 años buscando a su hermano y al mismo tiempo la vida de una persona que creció, se casó, fue a la facultad, tuvo hijos. Fueron dos vidas paralelas”, revela Gabriel. 

Como explicó él, cuando encontraron el cuerpo de Luis, la Justicia intentó asignar fecha de muerte el 7 de diciembre de 1976, evitando dejar evidencia de que había sido secuestrado y torturado, que pasó por una comisaría y fue enterrado como NN. Sin embargo, la familia logró que el EAAF se involucre, convirtiéndose en uno de los primeros desaparecidos en tener acta de defunción, con fecha de febrero de 1977. La misma pelea tuvieron que dar cuando se realizó el acta de defunción de Patricia, ya que se quiso adjudicar la causa de muerte a un supuesto paro cardiorrespiratorio no traumático. No obstante, Federico logró que se deje asentado que había recibido tres tiros por la espalda.

Página oficial EAAF

“Lo que hizo el EAAF fue devolvernos su muerte para poder contar la vida de Luis y Patricia. Pudimos contar su historia desde que nacieron hasta el último día en que los vieron. Se trata de regresar a un estado distinto de la ausencia”, enfatiza Gabriel. “Lo primero que dijo Federico cuando se enteró fue: ‘yo vuelvo a tener mamá y papá’”. 

Gabriel sentencia: “Lo que nos pasó durante décadas es que seguía habiendo una falta de verdad, seguíamos en la lucha y en la búsqueda. Recién en el 2004, con el gobierno de Néstor y Cristina (Kirchner), vimos la luz y pudimos recuperar la memoria”. “Hoy de vuelta tenemos que discutir la teoría de los dos demonios, tenemos una vicepresidenta negacionista y un presidente que solo le importa hacer negocios a costa del pueblo. Nosotros tenemos símbolos como las Madres y las Abuelas, que nos marcaron el rumbo. Gracias a ellas tenemos democracia. No hay que bajar los brazos. La lucha es con amor, nunca con odio, nunca buscar revancha ni venganza, lo único que siempre se pidió son esas tres palabras: Memoria, Verdad y Justicia”, concluye.

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